•  |
  •  |

El amor de una madre hacia un hijo traspasa cualquier adversidad, discapacidad, problemas de índole económica, de discriminación y sobre todo los diagnósticos pesimistas de algunos médicos que muchas veces son desmotivadores.

 Hoy brindamos especial homenaje a las madres que han luchado contra todo pronóstico para ayudar a sus hijos a salir adelante frente a una discapacidad. No se han doblegado a la apatía o poca solidaridad de la sociedad y han hecho gran esfuerzo porque sean personas independientes.

Dos madres cargadas de sueños y mucho amor por sus retoños nos cuentan el trabajo que han venido haciendo con sus hijos, desde el momento que fueron diagnosticados con discapacidad.

*Ligia del Socorro Moraga Cruz es madre de siete hijos, de los cuales el cuarto vino al mundo con problemas intelectuales y de retardo. Actualmente este joven discapacitado tiene 28 años, cuenta con todo el cariño y admiración de la familia.

“Cuando un médico te dice que tu hijo tiene discapacidad, una como madre se desmorona, llora y no quiere aceptar esa realidad. En mi caso fue impactante el diagnóstico, aunque yo sabía que él tenía algo porque no respondía a llamados ni señas.  Rodolfo Francisco Ayala Moraga a  los tres años fue diagnosticado con discapacidad, tiempo en que me dijeron que no tendría muchas oportunidades en la vida debido a su condición.

Pasé llorando y sin comer por semanas,  por no saber qué hacer, pero un día me dije que tenía que buscar alternativas tanto para él como para mí, sabía que no era posible el diagnóstico cerrado, la esperanza es lo último que debemos perder las madres que amamos con todo el corazón a los hijos, siguiendo lo que este nos dicte”, cuenta.

Desde entonces luchó para darle una vida digna y llena de sueños a su hijo. Buscaba la manera de trabajar, ya fuera lavando, planchando, cocinando o limpiando junto a su esposo. Todo con tal de tener los recursos necesarios para alimentarlo, comprarle el medicamento y llevarlo a cuántos lugares le recomendaran. “Toda esta fuerza de voluntad me impulsó a apoyar a otros padres de familias de niños con discapacidad, motivación que me dio de ser parte de la junta directiva de Los Pipitos, Capítulo  Nandaime, como presidenta, donde sigo dando mi esfuerzo como madre en pro de mi hijo y de los demás pequeños con este problema”, enfatiza Ligia.

“Hoy en día puedo decir que el amor de madre puede mover montañas cuando se trabaja con mucho sacrificio, positivismo y sobre todo con visión de cambiar un diagnóstico que para muchos era imposible. El instinto de madre no se equivoca, sabía que podía llegar lejos con él y ahora estoy contando la historia”, cuenta con orgullo.

Y pues, los logros de Rodolfo han sido extraordinarios. Ha conseguido bachillerarse de primaria y tiene un trabajo como ayudante de albañilería donde se gana el dinero por su cuenta y dice seguir luchando. “Creo que la mayor recompensa que Dios me dio es ver a mi hijo recuperado de lo que una vez me dijeron imposible”, terminó diciendo esta madre con los ojos sollozos por su invaluable labor.

Dolores Rojas es madre de Lolita Miranda Rojas, una pequeña  de 9 años que padece del síndrome de Herlen Darlens y del que fue diagnosticada con pocos meses de nacida.
 
“Me dijeron que no iba a caminar, mucho menos hablar, pero con mi apoyo incondicional sabía que podía romper esas barreras que suelen decirles los médicos a las madres cuando viene un hijo al mundo en estas condiciones”, comparte Dolores.

La motivación más grande es el amor que le tiene a su pequeña y a aquellos niños con necesidades. “Recuerdo que la noticia no me tomó por sorpresa, no me impactó, más bien ahí comenzó mi lucha por Lolita. El amor a mi hija ha sido uno de mis pilares fundamentales, por el cual me caigo y me vuelvo a levantar, con fe y la ayuda de Dios todo se puede”.

Lolita es la última de cuatro hermanos, según cuenta Dolores, la pequeña pasó algún tiempo sin asistir a la escuela, producto de la discriminación y falta de sensibilidad de parte de los maestros y algunos pequeños de la educación regular. “Es increíble como un maestro es capaz de recoger firmas para sacar de la escuela a una niña con discapacidad, cuando se supone que su trabajo es educar y eso fue lo que sucedió con mi niña”.

Pero esta madre no se dejó vencer, pues sabía que Lolita podía tener una educación y relacionarse con más niños para el bien de su desarrollo. “No se puede decir que todo está perdido, nosotras las madres sufrimos al igual que ellos, porque somos las que detectamos la discriminación y en pro de esto vengo trabajando sin descansar, para aportar un poco a la erradicación del rechazo y mi hija pueda moverse con facilidad”, expresa Dolores.

Actualmente Dolores ya puede sentir la satisfacción de que su pequeña asiste a clases, aunque la acompaña de principio a fin de la jornada escolar, pues considera que aún necesita de su compañía, pero al mismo tiempo considera importante que se relacione con otros niños y se vaya familiarizando.

Esta abnegada mamá está consciente que aún quedan retos y mucho camino por recorrer, pero sabe que no hay imposibles. “La visión más grande que tengo hasta el momento para ella es que llegue a hablar aún mejor, para que pueda defenderse cuando yo le llegue a faltar, y sobre todo desmostarle a la sociedad que sí se pueden lograr muchas cosas”, puntualizó esta madre quién también es presidenta de la Junta Directiva de Los Pipitos, Capítulo Tipitapa.