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Eran las cinco de la mañana. Se levantó, y con los ojos cerrados, agarró por inercia la toalla. Bostezando y casi dormida, se metió al baño, se desnudó y antes de echarse agua rozó ligeramente sus pechos. El sueño se le fue por completo, cuando en una de sus mamas sintió una pelotita que le trajo un pensamiento con la velocidad del rayo; la sospecha que tenía cáncer. Cerró con fuerzas sus ojos, reprimió el llanto y temió que sus tres hijos quedaran huérfanos.


Johana Vargas, de 34 años y habitante de Ocotal, sólo lograba pensar en lo triste e injusta que era la vida para ella y sus hijos, al recordar que hace cuatro años su esposo falleció en un accidente, quedándose sola con sus infantes, y ahora les tocaría crecer también sin su madre.


Sin embargo, no podía quedarse con los brazos cruzados y lamentar eternamente la desgracia que le ha tocado vivir, y el amor por sus hijos le dio fortaleza, para buscarle una solución a su problema.


Visitó a la doctora que atiende a los trabajadores de la tabacalera, donde ella ejerce funciones, ésta la remitió al Hospital “Alfonso Moncada”, para que la atendieran.


Médicos hacen “pruebas” con pacientes
Los galenos del centro público le dieron tratamiento durante un mes para “probar” si se le quitaba la gomita, la que, según le explicaron los doctores a Johana, la pelotita, además de ser cancerosa, también podría ser grasa acumulada o por leche rezagada de la lactancia materna. No obstante, los exámenes confirmaron que se trataba de células malignas.


Evidentemente no lograron nada, y ante la carencia de instrumentos médicos especializados para detectar problemas oncológicos en el hospital de Ocotal, de ahí le mandaron a hacerse unos exámenes a una clínica privada de Estelí.


Con esos resultados, en el hospital determinaron que lo idóneo era extraerle la gomita y analizarla. Nuevamente se confirmó que se trataba de células malignas.
Johana recuerda que el médico le dijo con frialdad: “¿Ya leíste los resultados?.. siempre se te va a cortar el pecho”, pero ella repuso que era muy joven, quería rehacer su vida, casarse, criar a sus hijos, por lo que supuso que debía haber otra opción.


“Sí hay otras opciones, me respondió: sólo que en clínicas privadas, los cirujanos son carísimos y el tratamiento contra el cáncer de mama es costosísimo, y como vos no tenés las posibilidades, lo único que se puede hacer es cortar. Cuando me dijo eso yo me desmayé en el instante. Me sentí impotente. Me desesperé, ni supe cómo hice para agarrar el bus, para venir a la casa y decirle a mis hijos que tenía cáncer “, comentó Johana.


Haciendo un doble esfuerzo para contener las lágrimas, Johana agregó que cuando se enteró que tenía cáncer, todos sus planes de superación se le vinieron abajo. Desde que murió su marido, trabajó junto con su hijo mayor de 18 años, y lograron reunir buena cantidad de dinero para construir su casa el año pasado.


“Se debilitaron mis ganas de vivir, de seguir adelante. Todo se me vino abajo. Pensé que me iba a morir, no sabía cuánto me quedaba de vida para preparar a mis tres hijos (de 18, 11 y siete años de edad). Le imploré a Dios que me diera una oportunidad por mis hijos, para terminarlos de criar, porque yo decía, mis hijos no pueden quedar solos sin padre ni madre. Le pedí tantas fuerzas a Dios y él me abrió los caminos”, expresó.


“Cuando yo le comenté a mi hijo mayor que tenía cáncer, me dijo: mamá no se preocupe, yo voy a cuidar de mis hermanos si usted se llega a morir. Estese tranquila, yo nunca los voy a abandonar, siempre voy a trabajar duro para sacarlos adelante… (llora)…Cuando mi hijo me decía eso, yo más lloraba, y pensaba que no era justo. Tenía una vida por delante, tan joven, no es justo que me tenga que morir. Empecé a orar, pedirle a Dios, y las puertas se me abrieron de muchas formas”, reiteró.


Voluntarias y Fundación llevan esperanzas de vida

En su búsqueda de alternativas para sanar, se enteró que en la Cruz Roja de Ocotal ayudaban a las mujeres que presentaban el mismo problema que ella, y las trasladaban a Managua para ser atendidas en la Fundación Ortiz Gurdián.


Johana se contactó con el grupo de mujeres ocotaleanas, las que sin estar legalmente constituidas como agrupación, han venido trabajando desde 2009, de forma conjunta para detectar y prevenir a tiempo el cáncer de mama en el departamento de Ocotal y sus alrededores. Gracias a ellas recibió una atención integral en la Fundación Ortiz Gurdián, en donde le dijeron que su cáncer estaba empezando.


Actualmente, la atención médica a pacientes con cáncer en Ocotal sólo la brinda el Ministerio de Salud y Profamilia.


De acuerdo con la representante de Profamilia, Carmen Picado, en dicho departamento no atienden subespecialidades como la oncología; eso está en Estelí.
“Sería bueno que nosotros contáramos con alguien, tal vez no permanente, pero que viniera por lo menos unas dos veces al mes. Ni el Ministerio de Salud tiene oncólogo, todos los pacientes con esta patología se refieren a Managua”, comentó.


Para la directora de Profamilia en Ocotal, la dificultad por la que atraviesan las personas que se enferman y viven lejos de Managua, inicia en que hay pacientes que nunca han visitado la capital. También tienen que asumir los costos de estadía, pasaje, alimentación, y esto no queda en una primera cita, sino que tiene que estar viajando constantemente hasta allá.


Las últimas estadísticas de Nueva Segovia reflejan que de cada diez mujeres aparecen tres con lesiones tempranas para atención de cáncer.


“Nos hace falta un poquito porque no hay un centro específico para estas mujeres que ya llegan con un cáncer terminal, pero nosotros tratamos de garantizarle la atención inicial. El año pasado se atendieron unas 150 mujeres con lesiones tempranas”, agregó.


Impacto sicológico puede frenar recuperación
Cuando a una persona le diagnostican cáncer, el impacto psicológico no sólo recae en el paciente, sino en toda una familia, y está vinculado a diferentes factores: económicos, sociales, personales, familiares, etcétera.


La sicóloga Ana Martínez explicó que uno de los principales problemas que enfrentan es la ansiedad, temor a morirse y a dejar a sus hijos solos. Piensan en cómo van a resolver los problemas de la casa, en caso de que ella sea la única persona que está a cargo del hogar.


Obviamente, según la experta, ese temor le genera un estado depresivo, hay una baja autoestima, que viene desde la imagen corporal.


“A muchas pacientes les cambia el cuerpo, por eso no se ven bien frente a su familia o pareja. Eso permite que la recuperación sea dilatada. Además, hay un proceso de duelo, el cual no implica únicamente la pérdida de un ser querido, también se aplica a la pérdida de las partes del cuerpo, como las que pierden el cabello, sus mamas, esa es una de las partes más impactantes que hay”, detalló.


Igualmente comentó, que esa tristeza se contagia a toda la familia. La superación de este mal dependerá de los recursos personales que tenga la persona para enfrentar la enfermedad.

 

Manejo de pacientes en etapa terminal
El grupo de voluntarias de Ocotal han venido fortaleciendo su alianza con la Fundación Ortiz Gurdián, y han logrado solidificar el trabajo de prevención en la localidad. Frecuentemente capacitan a los miembros del equipo, a los que les imparten diferentes temas, que son elementales para sobrellevar de una manera adecuada este padecimiento.


En esta ocasión, Henry Rivera, experto en el manejo de pacientes en etapa terminal, compartió sus conocimientos médicos con las voluntarias, y aseguró que el principal cuido que debe tener una persona que se encuentra en la última fase de la patología, es que su familia o allegados se hagan cargo de su cuido y le suministren las medicinas prescritas por el médico.


“Lo más importante es tener el suficiente cariño, la disposición y la bondad para cuidar a un paciente que se encuentra en la etapa terminal. Es importante saber cómo se maneja el dolor, teniendo en cuenta que es el principal síntoma. Y deben detectar el momento ideal para llamar al médico y comunicarle la aparición de nuevos síntomas o comportamientos del paciente”, recomendó Rivera.


Las principales manifestaciones de un paciente en etapa terminal son: dolor, náuseas, vómitos, perdida de peso y de apetito, infecciones generalizadas en todo el organismo, éstas pueden ser asintomáticas, es decir, que el paciente simplemente se puede sentir decaído, y tal vez pueda darle una fiebre ligera o sencillamente no tiene ningún síntoma y sólo se siente mal.

 

“Dios me dio una nueva vida”
Laura agradece infinitamente a Dios por no haber llegado a una etapa terminal, al contrario, el Creador le regaló una nueva vida y ahora “puedo decir que soy una sobreviviente del cáncer. Fue una lucha dura, pero cuando uno se lo propone, puede salir adelante”.

 

Guía psicológica básica para nuevos pacientes con cáncer

Normalmente, el ser humano no está preparado para enfrentar los cambios emocionales producto de noticias fortuitas, como el diagnóstico de una enfermedad cancerígena, por ello, los expertos recomiendan los siguientes aspectos:

* Desahogar sus temores, sentimientos de rabia, frustraciones. Siempre es importante exteriorizar lo que siente al recibir la noticia.
* Visualizar e identificar los recursos posibles de apoyo para sobrevivir: ¿con quién cuento para enfrentar este problema?
* Una vez que ha sido diagnosticado con la enfermedad, debe darle continuidad al tratamiento, acatar recomendaciones médicas, etcétera.
* Es muy importante el autocuido, que también incluye el reconocerse como ser valioso y que aún es importante para su familia y para la sociedad.