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“Cuando me subí al taxi que iba para el hospital, le dije al Señor: “te lo entrego en tus manos, que se haga tu santa voluntad,  no la mía, y si él se lo quiso llevar,  lo acepto, porque yo se lo entregué”, expresó entre sollozos Lucrecia Ponce Portobanco, madre del universitario asesinado por un adolescente.

“La virgen me lo andaba buscando,  la primera vez que lo hirieron fue un 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, y el 13 de mayo, cuando murió, fue el día de la Virgen de Fátima”, reflexiona Ponce Portobanco.

Ella es la mamá de Evans Omar Ponce, el joven universitario que perdió la vida el viernes 13 del mes en curso,  cuando seis adolescentes intentaron robarle su teléfono celular,  en el sector del Reparto San Juan.

Ponce Portobanco recuerda que en algún momento pensó que si le ocurría algo malo a su primogénito,  ella iba a morir y ahora le sorprende ver cómo está sobrellevando el dolor.

“Mi hijo menor de 11 años está destrozado, quería verlo (en el ataúd), no aceptaba que estuviera muerto, decía que iba a regresar más noche. Cuando finalmente se convenció, me dijo: ‘usted tenía dos hijos, yo estoy aquí, pero mi hermano ya no está”, comentó la dama al recordar el trance que toda su familia está viviendo.
Explicó que también su marido, Denis Sobalvarro Muñoz, está sufriendo. Él es el  papá de crianza de Evans Omar.

“Ha sido duro, ellos tenían una relación muy bonita,  Evans le decía papá y  la familia está consternada”, recalcó doña Lucrecia.

Nació en New York
Evans Omar Ponce nació el 14 de junio de 1990 en New York, Estados Unidos, porque por circunstancias de la vida, doña Lucrecia viajó embarazada a aquel país. Como era una  ilegal decidió regresar a Nicaragua cuando el bebé tenía nueve meses,  y desde entonces vivió aquí hasta el día de su muerte.

“Mi hijo tenía las dos nacionalidades. Me regresé porque allá en New York a diario salían noticias que decían que  las personas que cuidaban a los niños los maltrataban, los encerraban en el baño o les daban drogas para que no molestaran  y mejor me vine”, recuerda doña Lucrecia Ponce.

Dijo que su hijo vivía fascinado con los dibujos y el diseño, eso lo motivó a estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI. Este sería su último año.

El viernes 13
El último día de la vida de Evans Omar Ponce fue rutinario. Salió de su casa al mediodía, porque tenía clases por la tarde y por la noche. Su madre le prometió  lasaña para la cena.

Pero cuando doña Lucrecia estaba haciendo el almuerzo, sonó el teléfono, lo contestó, y su hijo le dijo: ‘mamá me voy a ir al hospital’, ella le preguntó ¿por qué? Él respondió ‘porque me “dieron”,  me hirieron,  me voy a ir al hospital,  es el mismo adonde me llevaron la vez pasada”.

Ella pensó que no era grave, porque le habló con serenidad,  como cuando se comunicaban a diario. Parecía que no tenía nada.  Ella no sintió desesperación en su voz,  porque  habló tranquilo.

No obstante se inquietó al oírlo decir: “¡Ay me duele!” Cuando llegó al hospital el médico le dijo que su estado era reservado y que estaba en el quirófano. “Su muerte fue a las 3:20 de la tarde”, recordó doña Lucrecia.

“Él tenía cuatro heridas, creo que cuando me llamó se calmó para darme tranquilidad, porque sabía que era mi adoración”, agrega.

Los otros asaltos
A Evans Ponce la desgracia lo perseguía: el 12 de diciembre de 2009 fue víctima de un asalto,  se resistió y le propinaron una estocada en el pecho, pero no fue profunda.

Después de ese incidente, Evans  le comentó  a su  madre que estaba aburrido de que lo asaltaran, porque  antes ya  había sido asaltado como seis veces. Por eso aprendió karate.

“Mi pobre hijo era seguido por los bandidos. Yo le decía  que no importaba que le robaran, porque su vida no la iba a reponer. Talvez le robaban porque lo miraban medio presentable, creían que tenía dinero y a veces sólo con el pasaje se iba”, comenta hoy la acongojada madre.

Aunque el día de los hechos  Evans Ponce no quería ir a comer fuera de la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI, accedió y se fue con tres amigos.
“No estoy seguro, pero creo que ya habían visto que andábamos una computadora, yo le presté el celular a Evans, cuando íbamos por La Protecto que está en Metrocentro.  Yo caminaba adelante, de repente escuché el alboroto y noté que cinco muchachos estaban pegándole a Evans, me regresé y fue cuando me salió el sujeto que andaba vestido de uniforme, con camisa blanca y pantalón azul. Tenía  un  cuchillo  con el que  me tiró una estocada en el cuello, logré esquivarla y me caí de espalda”, relató una de las víctimas.

Cuando el testigo estaba en el suelo, el armado se abalanzó sobre uno de sus compañeros universitarios, pero éste se defendió.
“De repente el asesino se volteó y le dio a Evans las estocadas. Esa pelea duró máximo diez segundos, Eso ocurrió cuando mi amigo me ayudaba a levantarme”, agregó el testigo.

Después, según el testigo,  Evans le dijo: “Vamos al hospital que llevo las tripas de fuera, pero no dejé que me quitaran el celular… loco vamos al hospital”. En ese momento, desesperados todos  pidieron ayuda. Primero se detuvo un vehículo particular, luego un taxi, y en ese  subieron al herido.

Con las manos manchadas de sangre
“Yo me detuve en medio de la calle y pedí ayuda, se detuvo un motociclista y  perseguimos a los maleantes y logramos detenerlos en el Reparto San Juan, detrás de la Universidad Centroamericana, UCA. Cuando agarramos al que mató a Evans, me dijo que no había hecho nada, pero tenía manchadas las manos  de sangre y aún andaba el cuchillo”, detalló el universitario.

Lo que ha causado una profunda frustración en los familiares y amigos de Evans Ponce es que los seis implicados en el robo frustrado y homicidio se escudan en el Código de la Niñez y Adolescencia, --porque son menores de edad--, para buscar impunidad.

“(El asesino) me dijo: “yo tengo un familiar fiscal, te voy  a buscar el lunes que salga y me las voy a cobrar”. Cuando lo agarramos jamás me dejó de gritar que era menor de edad y por lo tanto  no se le podía hacer nada, e insistió en que él y los otros  iban a salir pronto, “porque el Código—de la Niñez y Adolescencia—nos protege”, relató indignado el testigo víctima.

Perdonados
“Yo en mi corazón no les guardo odio, porque yo estoy con Dios, pero quiero que se haga justicia y que se reforme esa ley, porque si ellos andan haciendo cosas malas como robar, matar y delinquir,  actúan como adultos, y por tanto que los juzguen como tal”, dice doña Lucrecia Ponce.

Expresó que no es posible que los jóvenes  que quieren prosperar en esta vida, que tienen sueños para realizar y  metas que alcanzar, sean “truncados” por  quienes prodigan luto por donde pasan.

“Para andar en las calles no tienen papá ni mamá, ni familia, pero después, cuando  hacen algo malo,  aparecen  todos y dicen que “son bien portados, que son quietos, que son buenos niños”, pero la verdad es que muchos padres saben lo que tienen”, comentó la madre doliente.

Aunque para la Fiscalía ya todo está claro en torno a la cruel muerte de Evans Omar Ponce,  hay  una  versión que para su madre tiene sentido: “alguien” lo mandó a matar, sin embargo, su  hijo jamás comentó que tuviera problemas con alguna persona, además era callado, buena persona y no se metía con nadie, pero eso a veces provoca envidia.

Pero lo que hace pensar a la familia que alguien lo mandó a matar  es la saña usada en un supuesto robo: le dieron cuatro puñaladas, una que le perforó el corazón, otra en las costillas, la tercera fue en  el intestino, y la cuarta en uno de los glúteos.

“Yo quiero pensar que no fue así, porque no creo que mi hijo haya dado motivos para que me lo asesinaran. Todas las personas que lo conocían  están indignadas, porque era un buen hijo, hermano y amigo”, destacó doña Lucrecia.


Lucha pacífica

Los estudiantes y egresados de la Facultad de Arquitectura y alumnos del resto de las carreras de la UNI están trabajando arduamente para  evitar que la muerte de Evans Omar Ponce quede impune.

Quieren conseguir  firmas para pedir una reforma al Código de la Niñez y Adolescencia. Piensan hacer vigilias, marchas y platones a fin de elevar sus voces para que sean oídas.

Evans es la chispa que encendió la llama, y conscientes de que la perseverancia hace el cambio van a hacer una revolución pacífica.

“Hacemos un llamado a la Sociedad Civil, a todas las personas que transitan a pie, no sólo a los universitarios, sino a los habitantes de toda Managua y resto del país, para que firmen la solicitud (de reforma al Código) para que puedan caminar tranquilos sin encontrar la muerte a manos de un adolescente,  unámonos todos para hacer justicia”, dijo uno de los promotores de la reforma.