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La noticia de que “El Danto” había muerto era de tal importancia, y causaría tal impacto en la tropa, que los mandos guerrilleros decidieron ocultarla por un tiempo. Sabían que era inmenso el cariño que “El Viejo Pancho” había cultivado entre los combatientes, y que la noticia podría tener un impacto negativo en la moral combativa de los hombres y de las mujeres que luchaban en la ofensiva final. Era el 22 de mayo de 1979, cuando una “bala descarriada” le perforó un costado, afectándole órganos vitales. El 24 en la madrugada falleció.

Quienes tuvieron la suerte de conocer a Germán Pomares, admiran su agudeza política y militar, su liderazgo, su carisma y su don de mando.

Antonio Castillo, “Igor”, y Rolando López, “Marcos”, dos compañeros que se integraron casi niños a la lucha, recuerdan situaciones y vivencias memorables al lado del legendario guerrillero que insistió en la unidad, en el estudio, en entregarles tierra a los campesinos y en el amor a la Patria.

Resumen de su vida
“El Danto” había nacido en El Viejo, el 17 de agosto de 1937. Cuando murió, tenía 42 años. Hijo de los campesinos Ángel Ordóñez y Cecilia Pomares.

Pomares apenas llegó a tercer grado de primaria, pero escribía. Tuvo la sabiduría de hacer anotaciones sobre una parte de su lucha. En ellas ha relatado que su familia era conservadora antisomocista. Sus primeras acciones contra el régimen las hace desde la juventud conservadora. Fue el héroe Jorge Navarro, a quien conoció en la misa del primer  aniversario de la masacre del 23 de Julio,  quien le propuso viajar a Cuba junto a Cristóbal Guido, para la conmemoración del ataque al Cuartel Moncada en 1961.

Pasó varios meses trabajando duramente para recoger el dinero con el que sufragaría el viaje. En Honduras, conoció a Silvio Mayorga a Carlos Fonseca y a Francisco Buitrago. Después los volverá a ver en La Habana, donde comparte con el coronel Santos López, quien le explica la lucha de Sandino.

En 1962 se destacó en la escuela de entrenamiento militar en el Río Patuca. En 1963 participó en la guerrilla de Río Coco y Bocay; en 1967, en el movimiento armado de Pancasán; en 1969, en un fallido intento de rescate de Carlos Fonseca de las cárceles de Costa Rica; en 1970, es hecho prisionero y liberado por presión de las masas; en 1974 es responsable militar del Comando Juan José Quezada en la toma de la casa de Chema Castillo. En todas esas actividades, Pomares se distinguió por su heroísmo.

En 1976, Pomares fue encargado de formar una columna guerrillera que da origen al Frente Norte Carlos Fonseca. En 1977 estuvo dedicado a la preparación militar de los combatientes que integraron los comandos de asalto de los operativos de octubre, y en la ofensiva final es responsable político-militar del Frente Norte.

En 1979, al frente de la Columna Oscar Turcios, dirige la exitosa toma de El Jícaro; luego, el intento de toma de Wiwilí, que fue un revés militar, y, finalmente, en mayo de 1979, la toma de Jinotega, donde cae. ¡Una ejemplar trayectoria!

El ataque a Jinotega

Mónica: Cuéntennos, ¿cómo se dio el ataque a Jinotega?
Rolando: Nosotros atacamos El Jícaro y nos fuimos donde Prudencio Serrano, en El Zúngano. En el camino se iba sumando un sinnúmero de campesinos, se iban integrando compañeras… Ahí se sumó Thelma Rodríguez, “Yaoska”. Cuando nosotros llegamos a La Sotana (otros le dicen La Pavona, ahí en La Rica), están de jefes Antonio Castillo, Héctor Flores y Mario Bolaños. Hacemos una sola columna y ya éramos casi trescientos combatientes con FAL, con Thompson.

Antonio: Para tomar Jinotega nos sentamos ahí todos los jefes, estaban “El Danto”, “Roberto” (Javier Carrión), Cristóbal Vanegas; el único que realmente conocía la ciudad era Norwing Altamirano, “Calixto”, ese era el político de la columna que yo estaba mandando en ese momento. Agarramos un cartón viejo e hicimos el croquis de Jinotega (…) No sé cómo hacía “El Danto”, era un hombre parco para hablar; pero cuando se sentaba, sus orientaciones nos daban certeza, una seguridad increíble de que las operaciones iban a ser efectivas, que el triunfo se iba a lograr.

Rolando: Para la toma de Jinotega, salimos de La Sotana hacia la finca de café Santa Fe; agarramos las camionetas de esa hacienda y nos acercamos a Jinotega siguiendo el camino que pasa por Asturias, San Pedro de Bucuimay, bordeando el Lago de Apanás.

En la vanguardia va Javier Carrión, que es el que entra primero a Jinotega; Pomares queda de último en las columnas de las camionetas, y da la casualidad de que yo voy en la camioneta con él, entonces le digo: --Viejo, andate adelante. Va manejando “Chano”, Alberto Irías. Entonces me dice: --No, váyase usted adelante, yo me voy a ir atrás. Él se fue atrás en la tina, como un compañero más, y yo adelante con “Chano”, y con un baqueano que nos iba dirigiendo a la carretera.

Cuando llegamos a la entrada donde estaba el retén de la Guardia, ya había pasado el resto de la tropa, nos ataca a nosotros; él viene en la camioneta, ahí viene Vanegas. Nos bajamos de la camioneta, rodeamos el puesto que había ahí de la Guardia, donde había dos o tres guardias, les tiramos unos cuantos tiros y se corrieron.

Nos juntamos con Pedro Agurcia. Nuestro grupo, en el que iba Pomares, no entramos a la ciudad de Jinotega esa noche, pues nos habíamos quedado rezagados, Pomares dijo: --Esperemos, vamos a entrar en la madrugada. Nosotros nos quedamos en la orilla, debajo del cerro La Cruz.

Los sapos vivos
Y ahí pasó otra anécdota. Se había acabado el agua, y pasamos una quebrada y nos inclinamos a beber agua. Entonces dice Pomares: --¡Pish, pish, pish, esperen!, espérense, puede ser que el agua esté envenenada, que la Guardia haya envenenado las fuentes de agua para acabarnos. Cállense. Y se queda escuchando. De repente, oye croac, croac, unas ranas, y dice: --¡Okey!, ahora sí beban, hay sapos vivos, no está envenenada. Entonces bebemos y comenzamos todos a llenar las cantimploras. Cuando amanece, llegamos a donde está toda la gente, nos preguntan: --¿De dónde bebieron agua ustedes? --Ahí en la quebrada. --¡Pero qué bárbaros, si ahí es donde caen las aguas negras de Jinotega! En ese momento se enfermó un montón de gente a la que, si no le hubieran dicho eso, no le pasa nada. ¡Es cuestión psicológica!

Antonio: Prudencio Serrano, “Óscar”, iba a entrar por el costado oeste. Nos bajamos de los vehículos unos cuatro kilómetros antes de Jinotega, y entramos por la parte norte. Avanzamos a pie. Nosotros entramos el propio día 18 de mayo, iba conmigo Héctor Flores, “Casimiro”, quien cayó posteriormente. Íbamos en la vanguardia, por el centro de la ciudad. La verdad es que nosotros pasamos por un lado de la Guardia y esta no se percató.

Entramos al combate y avanzamos, logrando llegar una cuadra antes del Comando, arrinconando a la Guardia, y eso permitió que entraran  con facilidad el resto de las columnas. Se armó un formidable combate, hicimos numerosas bajas.

En el camino, en todos los prostíbulos encontramos muchos guardias, porque esa era su conducta, andar drogados en los prostíbulos. Ahí recuperamos armas de muchos guardias que fueron quedando en el camino; algunos quisieron enfrentarse y no pudieron, pues realmente era una cantidad enorme de compañeros los que estábamos bajando. Todo se combinaba, los ánimos de entrarle al asunto y la planificación, como inicialmente la orientó “El Danto”.

 

El balazo fatal

En la tarde del 22 de mayo, después de duros combates, la Guardia nos ha reculado hasta un lugar donde quedaban las bodegas de Invierno, al otro lado, casi a la orilla de un guindo, hasta donde nos llevó en su arremetida. Ahí estábamos con “Roberto”, Javier Carrión, y estaban “Óscar” --Prudencio Serrano-- y Salvador Vanegas. En un lugar donde estaba disparando la Guardia, Javier Carrión se cruzó la calle primero, y no pasó nada. Después se cruzó “El Danto”, y ahí le dieron un balazo. Recuerdo que él cayó pegado en el costado izquierdo, en la parte baja, lo cruzó. Cuando él dijo: --“Hombré, dejame revisar”. Él hizo pipí, entonces salió sangre, y dijo: --“Estoy listo”. Sabía que le habían dado en algún órgano vital. Ahí expresó que nos olvidáramos de él, porque nosotros hicimos intento de meterlo al hospital.

Estaban los principales jefes de pelotones, recuerdo también a  “Maceo” Agurcia,  Nelson Castillo, y se analizó también la posibilidad de sacarlo a Honduras, pero realmente no se pudo. Ocurrió otra situación inesperada. A la Guardia le entró un refuerzo de Managua que quiso entrar por Matagalpa. Parte de una unidad que dirigía Nelson Castillo se emboscó en Selva Negra, ahí quedó una tanqueta de la Guardia, ahí está todavía en la entrada de ese hotel. Pero entonces, no podíamos sacar al “Viejo” por esa ruta.

Otro factor que nos afectó es que estábamos hablando en función de un operativo conjunto a nivel nacional, y las otras unidades en el resto del país no tuvieron la oportunidad de entrar de manera coordinada, y entonces tuvimos que hacer ese repliegue, ya con “El Danto” herido; bastante tortuosa la retirada, porque salimos por el costado noreste del panteón; subimos el cerro con “El Viejo” que se nos iba muriendo. Recuerdo que iba montado en un caballo, iba quejándose horriblemente del dolor en la herida.

Entierro en el Cerro de la Cruz
De la muerte de “El Danto” no se comentó con los combatientes; por eso la mayoría de los compañeros no se dieron cuenta. Incluso todas las cosas pasaron muy rápidamente. Se enterró ahí, en el Cerro de La Cruz, y nos retiramos.

Mónica: De la cronología publicada por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, tomo este relato que parece hizo un médico jinotegano al que fueron a buscar y que le asistió en sus últimos momentos. Dice:

Fue herido el martes 22 de mayo entre las tres y las cinco de la tarde, y murió el jueves a las tres de la mañana, un 24 de mayo. Había un compa que se llamaba “Nicolás”, y le decían el doctor. El jueves por la madrugada me despertó para que le pusiera una inyección, pero cuando me acerqué estaba muerto. Entonces me dijo que no dijera nada, y formamos un cordón para que no se dieran cuenta y que no se les bajara la moral a los compañeros.

Rolando: “Nicolás” no era médico, sino el sanitario; creo que el nombre era Amadeo o Amado Ruiz. Era un compañero al que le habían enseñado los primeros auxilios, venía con nosotros desde el inicio y fue el que asistió a Pomares cuando fue herido. Pero en Jinotega se buscó a un médico, que fue quien lo atendió en sus últimos momentos.
A Germán se le quiso poner suero, pero él dijo que no. Como decía Antonio, él dijo: --“Hombre, si vuelvo a orinar en la mañana, sigan haciendo el esfuerzo para sacarme; si no orino, es que estoy listo”. Todo mundo buscando que orinara el hombre. “Nicolás”,  cayó después del triunfo en un Batallón de Lucha Irregular, en la lucha contra bandas contrarrevolucionarias.

La bala descarriada
Mónica: Después de su participación en el asalto a la casa de Chema Castillo, ya en  Cuba, a lo largo de 1975, hizo importantes anotaciones,  un  testimonio escrito de su vida combatiente. Las últimas palabras de ese escrito  fueron:

“Después de la acción para sacar a los compañeros, habían pasado cinco meses desde que salí de mi casa para no regresar nunca hasta el día de la victoria o hasta el día en que me encuentre una bala descarriada, aunque es en lo que menos pienso”.

Así cayó el héroe, el más experimentado combatiente de los dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional.