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La estancia es pequeña y augusta, y está impregnada por un olor penetrante a papel viejo. Las repisas parecen desprenderse de las paredes, como si fueran hijas que luchan por rebelarse del control de sus madres.

Las pilas de periódicos se amontonan en gigantes aparadores que ocupan los cuatro rincones de la habitación, y tras cada movimiento, altas columnas de polvo serpentean el ambiente.

Todos están debidamente catalogados por año y medio de comunicación, a través de pequeños rótulos con letras grandes y brillantes.

Novedades, La Prensa Gráfica, El Nuevo Diario, La Prensa, La Noticia, Hoy, Gramma (de Cuba), Globo (de Brasil), y La Nación, de Costa Rica, son las divisiones principales que componen este museo de papel.

El dueño de este álbum de reliquias es Manuel Ramírez Torres, quien inició esta impresionante colección de periódicos con apenas 13 años de edad.

“Empecé coleccionando los pasquines de Batman y de Superman, y después incorporé los periódicos gracias al incentivo de un amigo de la familia”, expresa Ramírez.

Desde La Prensa Gráfica hasta hoy
 Y es que Manuel tiene un aproximado de 5,000 periódicos que datan desde 1959, año de publicación del primer periódico que inauguró su colección, la cual abarca hasta 2011. Es la edición 684 de la extinta Prensa Gráfica, con fecha del 4 de noviembre.

El papel está tan gastado, que de él a la transparencia sólo existe un paso. Es una especie de amasijo de letras y de números, que sólo parecen tener sentido para él, que recita sus titulares de memoria.

Cuando este amante de los periódicos habla de lo que él llama “sus mimados de papel”, su rostro resplandece, aunque lo más impresionante es el recuerdo fotográfico con que menciona el titular y la edición de la mayoría de sus reliquias.

De todos los periódicos que han pasado por sus manos, asegura que es asiduo lector de END, por la calidad y por la profundidad de su contenido, “ya que aunque otros periódicos tienen mejor diagramación y diseño, END tiene una línea más investigativa”.

Una hemeroteca casera
La fama de don Manuel y su colección de periódicos ha traspasado los linderos de su propiedad, a tal punto de asegurar que los niños de colegios vecinos vienen a su casa a revisar la documentación de diversas épocas.

Para Manuel esto es un orgullo incomparable, ya que para él los periódicos son una forma de atrapar la historia y transmitirla a las futuras generaciones.

“Los periódicos son historia tangible, registrable y controlable. Son una forma de registrar la evolución de una década y de una sociedad. Es mi manera de calibrar el mundo y saber hacia dónde nos dirigimos”, comenta.

Pero también los periódicos son fuente inagotable de conocimiento, una reserva de nuevos descubrimientos, de formas de pensar y de actuar.

“A la hora de una discusión puedo hablar con fundamento porque tengo un soporte exacto y verificable de los hechos. Si alguien me dice que estoy equivocado, le saco mi arma secreta. Nadie contradice una publicación”, dice Manuel sonriendo.

Según cuenta este peculiar personaje, en una ocasión se embulló en una discusión con un conocido historiador, quien le aseguró que el terremoto que destruyó la Colonia Centroamérica fue en 1967.

“Él nunca se pudo imaginar que yo le iba a sacar el periódico con la fecha exacta del día posterior a la tragedia. Allí le demostré que había ocurrido el 4 de enero de 1968”, señala con evidente satisfacción.

Una tradición perdida
Sin embargo, para Manuel, los periódicos son parte de una tradición perdida, ya que los jóvenes desconocen su enorme potencial.

“Me da tristeza cuando veo a los chavalos malgastando su vida frente a internet, perdiendo un tiempo valioso que deberían emplear en una lectura sana y edificante. Los periódicos contienen un saber que puedes llevar a todas partes. Es algo tuyo, real y tangible”, señala Ramírez.

A través de su colección, este amante de la historia ha saboreado la evolución de los periódicos durante cinco décadas, y ha visto su profunda transformación de formato y de contenido.

“Antes los periódicos eran más amarillistas. Tomaban un asesinato y los desmenuzaban semana tras semana. Eran el plato predilecto de los lectores. Hoy las noticias tienen un enfoque predominantemente político. Se gastan muchas páginas escribiendo sobre la buena vida de los políticos y la mala vida de la gente”, comenta este coleccionista.

“Odio las polillas”
Para Manuel, las polillas son la única especie que Noé debió excluir de su arca antes del diluvio universal. Ellas dieron cuenta de toda la colección que abarcaba de 1972 a 1989, incluyendo el registro pormenorizado de la catástrofe que hundió a Managua tras el terremoto del 72.

“Yo me di cuenta de la tragedia un día que estaba haciendo mi limpieza rutinaria, y sin querer se deslizaron algunos periódicos. Allí fue cuando vi un gran túnel en el centro. Claro, yo veía que los bordes estaban intactos, pero las polillas se habían comido el resto”, comenta el coleccionista.

A partir de ese día, Manuel recrudeció sus medidas de seguridad. Comenzó a limpiar los periódicos cada dos días y a fumigar mensualmente su histórica colección. Esta es una tradición que ha mantenido hasta hoy, y asegura que no le pesa destinar 400 córdobas mensuales a su cuidado. También decidió criar varios gatos para proteger su tesoro del ataque de los roedores, visitantes que parecen disputarse un lugar importante dentro de su mausoleo.

Sin índice temático
La colección de Manuel es tan impresionante, que hasta al ojo más distraído le resulta imposible ignorarla. Y no solo incluye periódicos, también está engrosada por libros, folletos y revistas.

A su casa va a parar todo lo que tenga letras en su interior, ya que para él, el conocimiento no tiene límite temático. Libros de medicina, de leyes, de antropología, de sociología, de física, de química y de historia, se disputan los anaqueles de este impresionante lugar.

Todos han sido tocados por las manos generosas de este coleccionista, quien apunta en la contraportada la fecha exacta en que terminó de leerlos, así como el número de veces que repitió la empresa.

Los periódicos sobrevivirán

Para Manuel, aunque la versión online de los periódicos es la nueva tendencia dictada por la actualidad, esta no parece tener cabida para muchos bolsillos nicaragüenses, ni para aquellos que, como él, disfrutan el olor del papel y de la tinta.

“Yo pienso que en países como Nicaragua, los periódicos siempre serán una valiosa herramienta de información. No todos nos podemos dar el lujo de tener internet en nuestras casas. Para mí, los periódicos no pueden desaparecer, porque sería privar a la población de su fuente principal de noticias”, indica.

También añade que los periódicos permiten edificar mentes acuciosas y jóvenes capaces de vencer la manipulación de la clase política en esta campaña electoral, ya que son “forjadores de un pensamiento crítico y apegado a la verdad”.

Periodismo de catacumbas
Pero Manuel no solo colecciona periódicos, pues también hizo “periodismo de catacumba” en 1978, decisión que le valió 25 días de tortura por parte de la Guardia somocista.

Manuel era parte de un grupo de jóvenes que cantaban música testimonial en las iglesias, y se encargaban de divulgar las noticias que estaban censuradas por Somoza.

El 20 de febrero, durante una presentación, Manuel fue detenido inesperadamente, y fue objeto de todo tipo de torturas.

“Me golpearon salvajemente. Me pusieron un chuzo eléctrico mientras me obligaban a saltar en charcas de agua. Nunca olvidaré la terrible sensación que produce la electricidad corriendo por todo tu cuerpo”, recuerda.

El sinsabor de la experiencia solo sirvió para atizar el fuego de la revolución en el corazón de Manuel.

Esto marcó la diferencia, y le abrió los ojos hacia la importancia de la lucha revolucionaria.

Años después, su militancia le permitió ganar una beca para estudiar fotomecánica en México. A su regreso, estos conocimientos sobre el revelado de fotografías, le permitió laborar en varias imprentas y tener ingresos suficientes para costear su colección.

Monedas y billetes
En su colección también existen más de 1,500 monedas y billetes de varias denominaciones y gobiernos. Para él, estos son el claro reflejo de un país que cambia con el vaivén de las olas, y refleja la cultura política del país.

“Yo recopilo monedas y billetes porque son como una bitácora de todos los gobiernos de turno. Es increíble, pero los gobiernos no solo dejan de dar continuidad a los proyectos sociales, también cambian la moneda a su gusto y antojo. Por eso los guardo, para tener un registro de este fenómeno”, señala Ramírez.

 

Un retratista del grafito
Unida a su pasión por la colección, está su increíble talento para dibujar murales, mantas, afiches y retratos, única actividad que le permite ganar ingresos para subsistir.

Manuel comenzó a pintar a los cinco años. Recuerda que pasaba horas dibujando en el suelo de su casa. Para él no había mejor juguete que un lienzo, una caja de lápices, tizas o creyones.

“Cuando todos mis amiguitos pedían juguetes para Navidad, yo pedía acuarelas para pintar. Como era un niño retraído, la pintura era mi forma favorita de expresión”, comenta.

Hoy, a sus 57 años, Manuel Ramírez ha desarrollado una gran habilidad para plasmar los rasgos humanos en el lienzo. Domina muchas técnicas, el carboncillo, la témpera, el óleo, la pintura acrílica y el grafito, pero el primero es su favorito.

Manuel también es caricaturista. Con los años, ha aprendido a resaltar ciertos rasgos humanos para darle un matiz humorístico a su obra. Comenta que sus principales clientes son nicaragüenses que viven en el exterior y desean tener un recuerdo pintado por la destreza de una mano pinolera.