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Después de los intentos de rearmar la guerrilla, en Zinica, la reinstalación de grupos guerrilleros se hizo dentro de la estrategia de “acumulación de fuerzas en silencio” y sin confrontarse con la Guardia Nacional. La guerrilla fue vigorizándose paulatinamente  hasta constituir una fuerza capaz de enfrentarse a la GN, la Columna Pablo Úbeda.

Desde 1971, Henry Ruiz “Modesto” estaba a cargo de la montaña. La operación Diciembre Victorioso (1974)  fue la campanada de arranque de una ofensiva en la montaña, que se expresó en varias operaciones militarmente exitosas, a principios de 1975. La respuesta represiva del enemigo se dio en medio de diferencias en los mandos de la guerrilla, en torno a la necesidad de operar ofensivamente o de esperar un mejor momento.

La represión forzó a los grupos guerrilleros a internarse cada vez más en la profundidad de la montaña, separándose de la base social campesina y sufriendo los rigores del aislamiento, la pérdida de la retaguardia y de la fluidez en las comunicaciones, tanto entre las unidades como con los mandos de la ciudad.

David Blanco entró a la montaña en 1972 y se vio obligado a salir a la ciudad a finales de 1977, y es de los pocos jefes que regresa a la montaña. La Pablo Úbeda   se había movido hacia el sector de Las Minas. Con apoyo de religiosas como Dorotea Wilson, se rearticulan y reorganizan las unidades militares que protagonizan  la toma de Las Minas, el 28 de mayo de 1979.

Dorotea: Me acuerdo cuando vi por primera vez a René Vivas bajando de la montaña acercándose a Siuna, buscando colaboradores. Esto sucedió después de la muerte de Carlos Fonseca. Estaban cercados, sin ropa, sin zapatos, las armas estaban todas sarrosas, no tenían tiros; tenían que hacer comunicación con el Pacífico, con los compañeros para abastecerse.

Muchos religiosos y religiosas nos involucramos en el apoyo a la columna Pablo Úbeda.

Participaban Milcíades Díaz, Adelaida González y las misioneras de Cristo, Juanita Contreras y Sandra Prince, de nacionalidad norteamericana. El trabajo concreto fue de comunicación, colaboración, de concienciación, porque en la montaña veíamos la pobreza y la represión.

Una vez, cuando regresamos de una gira de un mes, no encontramos al Delegado de la Palabra, ni a la esposa ni a los niños, pero hallamos fosas comunes. El padre Gregorio Smutko, “Justiniano”, documentó una denuncia que se llamaba “¿Dónde están los desaparecidos?”, que incluía una lista con cientos y cientos de nombres de campesinos reprimidos por la dictadura.

Mónica: David, ¿cuándo regresás de nuevo a la montaña?
David: El 13 de enero de 1978, después de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, salgo a Matagalpa y ahí permanezco algún tiempo, llevando gente para la Bacho Montoya.

Tenemos contacto con Camilo Ortega, que nos da medios, armas y dinero. Afincamos bien a Omar Cabezas con hombres, armas, y de ahí paso más al centro, es decir, a la zona donde históricamente operamos nosotros, donde ya estaban Serafín García y Lumberto Campbell. Más arriba está Salvador Muñoz, que está con René Vivas en los minerales, esperando para llevarme a la zona de Las Minas.

Hay un respiro grande, porque ya para ese entonces la presión es mucho menor, la presión más grande que nosotros tenemos es antes que rompan fuego los terceristas. Los ataques de octubre de 1977 nos quitan presión, porque nosotros allá arriba habíamos quedado en una situación muy débil y delicada; andábamos descalzos, en harapos, y algunos bajamos a la ciudad a hacer contacto. Los ataques del norte, de los compañeros, nos dan un respiro.

Mónica: ¿Cómo toman la decisión de irse para Las Minas y cuándo llegan?
René: “Modesto” logra encontrarnos en el Naranjo después de varios meses que no nos mirábamos. Para la muerte de Pedro Joaquín, hacemos un análisis de la situación. Nosotros apenas somos 11 en ese lugar. La represión en la zona esa, donde operamos de 1973 a 1977, fue brutal. Estamos hablando de la zona de Matagalpa, Jinotega, Waslala, La Dalia y Río Blanco.

Los campesinos se bajaron, no había gente, no había población Habían ocurrido ejecuciones masivas, los campesinos eran tirados de los helicópteros. Aplicando el concepto de las famosas “aldeas estratégicas” que usaron los gringos en Vietnam, la Guardia obliga a los campesinos a bajar a Waslala y a La Dalia, donde los controlaban a través de los jueces de mesta. Nos fuimos quedando prácticamente sin contacto con la gente.

Ahí se plantea que hay que acercarse a la ciudad, buscar armas y recursos. Se decide casi por votación democrática que “Modesto”, que no quería, bajara al Pacífico. La situación es tal, que “Modesto” nos dice a todos que el que se quiera ir que se vaya, pero todos permanecimos firmes, nadie se va. Pero decidimos que él baje con Sabino Aguilar.

En la reunión estaban “Modesto”, Victoria López “Nora”, Serafín García, Salvador Muñoz “Filemón”, Sabino Aguilar “Filiberto”, Inés Hernández “Pedrito”, dos campesinos y yo. No recuerdo si estaba Manuel Calderón “Rufo”, porque creo que él se había perdido, y se apareció todo hecho mierda hasta que estábamos en los minerales.

Escogemos la zona de los minerales porque ya teníamos presencia, aunque todavía débil.

La decisión fue correcta, porque fue increíble cómo, en cuestión de meses, de cuatro pelagatos que llegamos ahí en unas condiciones lamentables, al cabo de ocho o diez meses teníamos armamento y sobre todo, mucha gente.

Mónica: ¿Cómo se organiza la toma de Las Minas?
René: El problema no era la gente, porque eso nos sobraba, sino el armamento, porque era muy difícil llevarlo a la montaña. Entonces, en comunicación con Henry Ruiz, se concibe una operación de desembarco aéreo en Bonanza, con un avión DC-6 de cuatro motores, en el que va un comando como de 70 compañeros ya entrenados. Esto estaba planeado para el 28 de mayo de 1979.

Compramos una finca que quedaba cerca de Rosita, y ahí preparamos todo el operativo.

En esa finca recibimos  a toda la gente, para agruparla y preparar las acciones. Ahí fue llegando toda la nueva camada: “Blas”, “Emiliano”, y Alberto Jaen “Alfredo”.

Se decide tomarse Rosita y Bonanza, el mismo día. A “Rufo” --Manuel Calderón-- le toca Rosita, con un grupo de compañeros que nació en ese poblado. “Rufo” encontró a todos los guardias durmiendo, así que se tomó ese pueblo en un segundo.

David y yo teníamos que garantizar el pueblo y la pista de Bonanza, que era donde aterrizaría el avión.

Lamentablemente, o tal vez por fortuna, ese día había neblina y todos veíamos que el avión hacía intentos desesperados por aterrizar entre la neblina, pero no podía. Y no hubiera podido aunque no hubiese neblina. Si han tirado un DC-6 sobre la pista de Bonanza con un mejor tiempo, se hubieran matado todos. Lo digo ahora que conozco bien la pista de Bonanza, pues a pesar de que mandamos los datos con Dorotea, sobre el largo y ancho de la pista, no sabíamos que ese aterrizaje no era posible porque Bonanza es un hoyo.

Mónica: He podido reconstruir una parte de la lista o seudónimos de los que venían en el avión: Henry Ruiz, el panameño Evaristo Vásquez “El Chino” como segundo,1 también Clarens Silva, Horacio Rocha, Francisco Díaz “Paquito”, “El Pusher”, Bonnie Rivas,  Marcos Arévalo “Marcón”, Fátima Avilés “La pata de buey”, “Camilo”, Carlos Pérez, Edgard Vílchez, “Manito de León” Jairo Palacios Brag, “Chapita”. Edgard Vílchez me contó que él era el radiocomunicador de “Modesto”. Él no sabía nada del operativo, y el mismo día le dicen: --Vámonos. Y le comunican que sería el ingeniero de vuelo. Chuchú Martínez le dio clases para ingeniero de vuelo y que por eso lo pusieron. Cuando llegó al aeropuerto y subió al avión, aún no llegaba la columna, y tuvo que obligar al piloto, con pistola en mano, a que taxeara el avión, esperando. El hombre se quería bajar.

David: Hicieron un intento de bajar en Siuna, pero Henry Ruiz dice que la pista estaba obstaculizada. Había barriles y obstáculos en el centro de la pista.

René: Nos  tomamos los dos pueblos, y cuando la población ve a la guerrilla en las calles, sale. La toma duró unos días, hasta que consideramos que había que hacer la retirada.

Entonces la gente dice: --Mire, el problema es que ya nos manifestamos, no nos podemos quedar  en el pueblo, porque cuando ustedes se vayan nos mata la Guardia. Salimos como con doscientas personas desarmadas, sin abastecimiento, vestidos de cualquier forma.

Dorotea: A las dos de la tarde ya teníamos encima a los push and pull, y la Guardia de Siuna salió a pie, para emboscarnos en el camino hacia Risco de Oro. Más adelante, David lo que hizo fue organizarnos y dividirnos. Recuerdo que un profesor del colegio, Adán Silva, iba con todos sus alumnos.

Mónica: ¿Cómo se produce la masacre de La Rampla?
David: “Rufo” se nos pierde, era jefe de la retaguardia. Se le da la misión de emboscar a la Guardia. No pudo regresar al grupo y tiene que chocar varias veces con la Guardia, y la marcha era complicada con los civiles. Nosotros íbamos hacia Risco de Oro, a una mina que se llama Dos Américas.

Dorotea: Entramos a Risco de Oro y David dice que podemos descansar. Habíamos conseguido una vaca,  yuca, y nos pusimos a cocinar. Teníamos dos días de caminata, había que descansar y dar de comer a unas doscientas personas. Cuando estábamos listos para distribuir la alimentación, oímos el ataque de la Guardia que entró por el lado de la comunidad El Dorado, que es la parte sureste de Siuna, y nos atacan y comienza el tiroteo. Dejamos la comida, dejamos todo y nos desparramamos, todo el mundo corrió donde se podía, porque la mayoría no teníamos armas ni entrenamiento. Los estudiantes se dispersaron y ahí se perdieron Adelaida “Úrsula” y Manuel Rodríguez “Goyo”.

René: Después que perdemos contacto con la retaguardia a cargo de “Rufo”, organizamos una mini retaguardia, y ahí iban, “Emiliano”, un muchacho chele de Estelí, muy bueno; Luis Delgadillo; Isaac, un campesino y unos siete más. Y se produce un segundo vergueo, porque cuando ellos buscan como tenderse, la Guardia los sorprende. Ahí mueren Luis Delgadillo y “Emiliano”, y se pierde el resto.

Después de eso, una parte de los pobladores ya rendidos, muertos de hambre, afligidos, dicen que van a tratar de regresar al pueblo, que ellos son de ahí. No los pudimos detener y regresan, pero la Guardia los apresa y los asesina.

Dorotea: A los días, la Guardia los agarra vivos, agarra a los hijos de don Justo, y nosotros pudimos escuchar el tiroteo cuando los masacraron. Ese lugar se llama La Rampla.2

Mónica: Nos llamó dos compañeras. Confirman que la masacre fue el 6 de junio y que murieron cincuenta y ocho compañeros, entre otros: Gilberto Romero, Francisco Sáenz, Miguel y Migdonio Alvarado, Lucía Montoya Zeledón, El Moreno Jorge, Crachi, Cucho.  “Celso”  cayó en combate en la segunda entrada a Rosita,  y su  cuerpo quedó sepultado a la orilla de la cancha.

René: Después de la masacre, la población quedó enfurecida y dispuesta a integrarse a la lucha. Nosotros permanecimos en los alrededores y comenzamos a ser los que buscábamos a la Guardia. Con la fuerza que acumulamos, nos tomamos nuevamente Las Minas y controlamos ese territorio. En Siuna había doscientos guardias que se entregaron toditos.

Ahí recuperamos las armas y controlamos todo el territorio. Los jefes de los grupos eran David Blanco, Manuel Calderón, Salvador Muñoz “Filemón” y yo.

Mónica: El 6 de julio se toman Bonanza y luego atacan Rosita y Siuna, y quedan liberados estos territorios. Después de ello, una unidad jefeada por René salió para Puerto Cabezas, y otra jefeada por David,  con Dorotea,  hacia el norte, y por el río Coco llegan a Waspam, donde la Guardia había abandonado esos poblados.

David Blanco se dio cuenta del triunfo escuchando Radio Reloj de Costa Rica. Llegó a Managua en agosto de 1979, cuando lo llamaron para darle el grado de Comandante Guerrillero.