•  |
  •  |

Hoy, Kamilo Lara es consultor en temas medioambientales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial, es reconocido en toda Nicaragua, ha desarrollado una larga carrera, vive relativamente bien, pero no toda su vida ha sido así.

En el pasado, Kamilo tuvo que vender periódicos, lotería y ropa en las esquinas y paradas de buses.

Sus inicios
De hablar pausado, pero coherente, con un lenguaje que refleja su conocimiento, Kamilo me invita a pasar a un pequeño cuarto que funge como oficina. Impresiona más por sus equipos que por su tamaño, así como por su inmensa biblioteca.
Tres computadoras pantallas planas acaparan todo el escritorio donde nacen los proyectos de este biólogo y ecólogo, que por suerte para él y para muchos, vio frustrada su carrera de medicina a raíz de la insurrección contra Somoza.

Kamilo siempre tuvo una gran sensibilidad hacia los temas medioambientales, ya que vivía en el barrio Los Ángeles. Día tras día tenía que transitar el largo recorrido que conducía de su casa al colegio, circunstancia que lo obligaba a pasar por “el chiquero del Mercado Oriental”.

“A pesar de que sólo tenía nueve años, toda esa podredumbre siempre me impactaba, y yo pensaba que cuando fuera grande iba a cambiar esa situación”, recuerda Kamilo.

La influencia familiar
Este ecologista nato, nació dentro de una familia humilde, pero correcta, con padres con fuertes principios morales y obsesionados por la limpieza, ya que su padre era contador del Hospital Militar y se regía por estrictas reglas de comportamiento y de aseo.

Desde muy pequeño, su padre le inculcó el afán de la superación. “Mi padre fue muy estricto. Mi itinerario siempre fue de la casa a la escuela y de la escuela a la casa. Nunca conocí un bar o una discoteca, ni jugué con mis vecinos del barrio, porque mi papá decía que eso era vagancia. Al final, tengo que reconocer que la vida le dio la razón”, comenta Kamilo.

De todos sus vecinitos de barrio, solo Kamilo culminó dos carreras universitarias, posgrados, diplomados y maestría.


Una muerte que marcó su vida
Pero la vida le jugó una mala pasada con el fallecimiento de su padre. Como Kamilo era el mayor de seis hermanos, tuvo que asumir gran parte de la carga económica de la familia.

Fue allí cuando decidió vender periódicos que se escondía bajo el brazo para que nadie sospechara de su actividad, billetes de lotería que ofrecía con el hilo de la voz, y nacatamales que le compraban sus amigos más cercanos.
“Hoy reconozco que fue una tontería, porque ningún trabajo avergüenza, pero yo no estaba acostumbrado a eso”.

Para Kamilo los juguetes se convirtieron en un lujo, y sus pantalones comenzaron a ser remendados por su madre para que se adaptaran al crecimiento de su cuerpo. El cartón se convirtió en su principal aliado, ya que lo usaba como suela para tapar los hoyos de sus zapatos.

“Yo creo que allí comencé a reciclar, y la actividad me quedó por costumbre”, dice entre risas

De médico a biólogo
Cuando llegó el momento de elegir una carrera, Kamilo decidió que estudiaría medicina en León, pero tras un semestre comprendió que su camino eran los temas medioambientales.

Ese año estalló la insurrección contra la dictadura de Somoza, y Kamilo decidió regresar a Managua para estudiar en la UNAN la carrera que lo arrullaría en sus brazos el resto de su vida: la biología.

Muy pronto fue evidente que Kamilo tenía grandes aptitudes para la carrera, por lo que se convirtió en profesor- ayudante. Debido a sus brillantes calificaciones, le ofrecieron una plaza como director del laboratorio de Biología del Colegio “Henry Díaz”, y una plaza en la sede central del Ministerio de Educación. Así  descubrió su espíritu docente.

Pasó a integrar el equipo que trabajó la transformación curricular de los libros de biología de preescolar a noveno grado en 1981.

“Fueron años de desvelo, porque desempeñaba muchos trabajos a la vez, pero adoraba lo que hacía. Eran libros creados de acuerdo con la realidad de Nicaragua, con los relieves y la impresionante geografía de nuestro país. Recuerdo que se imprimían en papel de envolver y se pegaban con una grapa en el centro. Pero eran hechos con amor”, relata Kamilo.

Posteriormente, Kamilo asumió la vicepresidencia de ABEN (Asociación de Biólogos y Ecólogos de Nicaragua), fundó las brigadas ecológicas y el Movimiento Ambientalista de Nicaragua.

“En los años 80 hablar de medioambiente era cualquier cosa. Los problemas existían, pero a nadie le importaban. Cuando nos invitaban a los simposios nos decían los mariposólogos o los pajarólogos. Fue una época difícil, porque tuvimos que romper el hielo”, señala Lara.

Pero las ofensas o las burlas no lo detuvieron y siguió en su lucha por promover la creación de la Ley del Medio Ambiente y la Procuraduría y la Fiscalía en Defensa de los Recursos Naturales. Logros que se concretarían 15 años después.

Momentos dolorosos
Durante estos años, Kamilo también ha vivido desastres ecológicos sin precedentes, como el desvío de las aguas pluviales de seis barrios de la capital a la Laguna de Tiscapa, la muerte de la Laguna de Acahualinca, la explotación indiscriminada del cerro Motastepe y el caso del volcán Casitas.

“El caso del volcán Casitas me impactó, porque se había hecho un estudio donde encontramos 123 puntos objetos de deslave, entre ellos el volcán Casitas, y señalamos que se violentaba la Ley de Municipios que establecía que nadie podía construir una casa en una pendiente de un 30%. Pero las autoridades hicieron oídos sordos, y eso provocó 3,000 muertes que eran prevenibles”, asegura Kamilo.

Nuevos hijos
A raíz de la disolución de ABEN, Kamilo fundó una nueva organización Funcod (Fundación Nicaragüense para la Conservación y el Desarrollo), y el Colegio de Biólogos y Ecólogos de Nicaragua.

Actualmente es presidente de Fonare (Foro Nacional de Reciclaje) y de SOS Ambiente. La primera está dedicada a brindar alternativas y soluciones a problemas ambientales relacionados con la disposición de residuos sólidos y la explotación de los bosques, asesorías a comunidades, alcaldías y ejecución de proyectos.

SOS-Ambiente es una empresa consultora para realizar estudios de impacto ambiental, brindar asesorías, hacer estudios de factibilidad y viabilidad, auditorías ambientales e investigaciones.

“Fonare suple mi parte desinteresada de espíritu ambientalista, porque es una organización sin fines de lucro, 100% dedicado al trabajo con las personas, y SOS Ambiente es la empresa que me da los recursos para subsidiar las actividades de Fonare”, comenta Kamilo.

Según este ambientalista, en Fonare están aglutinadas más de 10,000 personas, que subsisten a través de la recolección de basura en La Chureca, ayudando a mejorar la belleza del paisaje con prácticas ambientales responsables.

Nicaragua aún en pañales
Kamilo reconoce que en sus 30 años de gestión ambiental, los nicaragüenses han tenido cambios sutiles en la forma de percibir los problemas medioambientales, pero aún queda mucho camino por recorrer.

“Hoy la gente es más consciente de los problemas ambientales, pero aún así somos la generación más destructora en toda la historia. En sólo 28 años destruimos la Laguna de Tiscapa, que tenía más de 10,000 años de existencia; redujimos a 3.8 los ocho millones de hectáreas de bosques del país; extinguimos 38 ríos; hemos producido incendios y extendido la frontera agrícola de manera indiscriminada”, lamenta Kamilo

“Es cierto que hoy el medioambiente es tema de agenda de los políticos, de las iglesias, de los gobiernos, pero esto no se traduce en políticas públicas. Por ejemplo, aún no tenemos jueces ni policías ambientales, ni una instancia donde las personas puedan poner sus denuncias ante los abusos de la empresa privada. Y eso es algo urgente es nuestro país”, asegura Kamilo

El riesgo de la profesión
Pero no todo ha sido color de rosas. Por sus denuncias sobre proyectos que tendrían impactos devastadores en el medioambiente, Kamilo ha recibido muchas amenazas de muerte.

“Esta carrera es como un apostolado, porque expones la vida cuando te conviertes en un obstáculo para ciertas empresas. Por ejemplo, cuando querían traer material tóxico de los Estados Unidos camuflado como material de construcción para hacer la carretera que uniría el Atlántico con el Pacífico, lo denunciamos y paramos el proyecto. Esa vez recibí muchas llamadas telefónicas donde me decían que no iba a volver a ver a mi familia si continuaba presionando”, recuerda Kamilo.

“Muchas veces recibo correos donde me dicen que si sigo denunciando el saqueo forestal, van a llevarme a un lugar para darme un trato especial del que si tengo suerte me voy a acordar, o me mandan mensajeros que se me acercan y me dicen:

“Kamilo, cuidate, que esa gente no se anda con cuentos, no le gustan los intrusos ni los que salen hablando en los periódicos”
Pero para él eso no es un impedimento, porque su compromiso con el medioambiente traspasa miedos y fronteras.

“Esto es algo inherente a mí, que traspasa mi educación y hasta mi sentido del peligro, y me trae conflictos familiares, porque soy hombre de 24 horas los siete días de la semana. Pero cuando veo estos problemas no puedo quedarme de brazos cruzados”, asegura este ambientalista de corazón.

 

Un reencuentro con Dios

Kamilo Lara asegura que en 2006 su vida dio un giro inesperado cuando uno de sus hijos se enroló en la Armada de los Estados Unidos, y tuvo que cumplir una misión de tres años en Irak.

“Caí en un estado depresivo terrible. No podía dejar de pensar que en cualquier momento iba a recibir una notificación diciéndome que mi hijo estaba muerto”, asegura Lara.

La situación llegó a límites tan extremos, que Kamilo rechazó muchas oportunidades de trabajo, perdió 60 libras, empezó a tener ataques de pánico, se volvió hipocondríaco y sufrió agorafobia (aislamiento total).
Fue en ese momento cuando decidió visitar Jerusalén, para encontrar una luz al final del túnel, y hacer un pacto con un Dios que había olvidado desde hacía muchos años.

“Hasta ese entonces yo me creía el Kamilo todopoderoso, pero cuando me sumergí en el río Jordán sentí una presencia divina que no puedo describir. Y entonces comprendí que toda mi sabiduría venía de Él, y que mi problema no era de la carne, sino del alma”, comenta convencido
Su hijo culminó su misión y regresó a su hogar.

“Yo estoy convencido de que eso fue un regalo de Dios, que sintió mi sufrimiento de padre y me devolvió a mi hijo sano y salvo. Ya no creo en las casualidades.

Ahora creo en un ser divino que mueve los hilos del mundo, y eso ha venido a fortalecer mi lucha por la conservación del medioambiente, porque los recursos naturales son un regalo de Dios y es pecado destruirlos”, asegura Kamilo.