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En diciembre de 2009, el embajador estadounidense en Managua, Robert Callahan, envió al Departamento de Estado amplios cables diplomáticos en los que expresaba su preocupación por un hecho que para él dejaba claro el avance del narcotráfico en la Costa Caribe de Nicaragua. En dos cables diplomáticos --de una larga serie de despachos que el embajador escribió sobre la Costa Atlántica--, Callahan expresó sus impresiones sobre lo ocurrido en la lejana comunidad caribeña de Walpa Siksa.

“La Costa Atlántica podría degenerar en un sin gobierno, una ‘Narco-Costa’, con graves repercusiones para la estabilidad política de Nicaragua y la cooperación antidrogas de EU”, escribió el diplomático.

“Tenemos miedo de que ahora los elementos de la delincuencia organizada podrían haber hecho grandes avances en algunas comunidades costeras remotas, convenciéndolos de unir sus fuerzas, ofreciendo la que quizá sea la única y segura oportunidad de empleo en la Costa: el tráfico de droga y el mantenimiento de las rutas de suministro”, advirtió Callahan a sus superiores.

De esta forma, el embajador estadounidense compartía el temor que Nicaragua entera sentía esos días de diciembre, tras lo ocurrido en Walpa Siksa. Y es que los hechos en esa lejana comunidad, que ocuparon las portadas de los diarios durante semanas, fueron algo así como la pérdida de la inocencia para una sociedad que sabía de la existencia de redes del narcotráfico, pero que daba por hecho que era algo aislado, controlado por las autoridades nicaragüenses.

Los cables de Walpa Siksa forman parte de decenas de despachos preparados por Callahan, que demuestran el constante monitoreo que mantiene la embajada estadounidense sobre la región Caribe de Nicaragua. En varios cables se hace referencia a la cooperación de Estados Unidos a la región, pero también de la situación de esta tras las llegada del presidente Daniel Ortega al poder y después de la devastación causada por el azote del Huracán Félix, que según estimaciones del Gobierno causó daños por el orden de los 869.3 millones de córdobas.

Sin embargo, lo que más llamo la atención de la embajada y particularmente del embajador Callahan fue lo ocurrido en Walpa Siksa, cuya versión oficial el mismo embajador cuestionó en sus despachos diplomáticos. Callahan citó a fuentes de la embajada que ofrecieron una versión diferente de lo acaecido en aquella olvidada comunidad del Caribe.

La versión “oficial”
El 8 de diciembre de 2009 la pequeña comunidad de Walpa Siksa, en el Caribe Norte de Nicaragua, conmocionó al país entero a causa de lo que las autoridades narraron como una emboscada contra una brigada conjunta del Ejército y de la Policía Nacional, en la que murieron dos oficiales de la Fuerza Naval y otros cinco resultaron heridos.

Los hechos se dieron cuando unos 40 aldeanos armados, supuestamente por narcotraficantes, atacaron dos lanchas que transportaban a 20 oficiales combinados del Ejército y de la Policía, que llegaban a la zona a cumplir una misión especial: dar con una aeronave que había despegado de San Andrés (Colombia) y que aterrizó en Walpa Siksa cargada con 800 kilos de cocaína, armas y dinero. En el choque murió el jefe de la misión, el teniente de corbeta Joel Eliézer Baltodano, y el sargento tercero Roberto Carlos Somarriba.

Tras conocerse el incidente, el Ejército desató una cacería en la zona, lo que indignó a los habitantes de la RAAN, que incluso protestaron y se tomaron la alcaldía de Bilwi, relataron posteriormente los periódicos.

“Ellos (los narcos) estaban claros de que nosotros andábamos rastreando la zona, y tenían información de que íbamos a llegar. Conocemos muy bien que ellos controlan en alguna medida el movimiento de nosotros, ellos tienen gente que vigila nuestros movimientos y operaciones, y es probable que los hayan informado de nuestra llegada mediante teléfonos satelitales”, relató en esa ocasión a El Nuevo Diario el capitán de Navío Róger González, jefe de la Fuerza Naval.

Las autoridades responsabilizaron del ataque en Walpa Siksa al colombiano Alberto Ruiz Cano, quien tenía en su poder cédula nicaragüense, y era dueño de una popular discoteca de Managua.

La “versión” de la Embajada
Callahan escribió al Departamento de Estado el detalle de los hechos narrados por las autoridades, pero el embajador aparentemente desconfiaba de esa información, por lo que la Embajada contactó a sus fuentes en el Caribe para conocer de su voz lo que supuestamente ocurrió “de verdad” en la lejana comarca. En el cable Callahan dice que los contactos de la Embajada transmitieron hechos similares a los publicados por los diarios de Managua, pero el relato de esos contactos “difiere en algunos detalles importantes” de la versión oficial. Así lo contó el embajador:

“Según nuestras fuentes, el viernes 4 de diciembre, un avión que transportaba cientos de kilos de cocaína y sacos de dinero en efectivo se quedó sin combustible en su camino hacia una pista de aterrizaje clandestina en la RAAN, y se vio obligado a hacer una llamada de aterrizaje en la playa, cerca de Walpa Siksa. El piloto y dos pasajeros, supuestamente colombianos, sufrieron heridas leves y fueron al abrigo de la comunidad local. Miembros de la comunidad, con rapidez, vaciaron el avión de su carga, estimada en alrededor de media tonelada de cocaína, separada en paquetes individuales de un kilo. Nuestros contactos nos dijeron que la noticia de la caída del avión se extendió rápidamente en todas las comunidades costeras, y en la mañana del sábado 5 de diciembre, varios comerciantes locales de Bilwi llegaron con sus barcos cargados de bienes comerciales y alimentos para venderlos a la comunidad.

“Para la noche del sábado ‘botes de rescate narcos’, cargando aproximadamente 40 colombianos y hondureños (según se informó desde Honduras y San Andrés), llegaron a la comunidad para salvar al piloto, pasajeros, y recuperar la droga y el dinero en efectivo.

Los tres días siguientes, los ancianos del pueblo fueron instados por los narcos para la “recuperación del equipo”, tratando de persuadir a la comunidad a vender los paquetes de cocaína de nuevo, a un precio de 3 mil dólares el kilo. Según nuestros contactos, el punto de fricción importante fue que el precio de 3 mil dólares era sólo la mitad de los 6 mil dólares por kilo que los locales sabían que podían obtener al trasladarla hasta la costa de Honduras.

“Cuando un grupo de residentes de Walpa Siksa en última instancia se negaron a vender de nuevo sus alijos (de droga) a los narcotraficantes, fueron atacados y despojados de su “golpe de suerte”. Este grupo posteriormente se trasladó a Bilwi en la mañana del martes 8 de diciembre, y presentó una denuncia formal ante la Policía, que confirmó los rumores de un accidente de avión de drogas. Nuestros contactos nos dijeron que esa fue la queja formal que llevó al gobierno a enviar una unidad de oficiales antinarcóticos para investigar lo ocurrido en Walpa Siksa.

“La unidad de lucha contra las drogas llegó en dos barcos a Walpa Siksa, aproximadamente a las 6 de la tarde. Nuestros contactos nos dijeron que no había habido una emboscada a su llegada, sino más bien una reunión “amistosa” entre la Policía y los ancianos del pueblo. Sin embargo, las cosas se amargaron después de que uno de los colombianos desde el “equipo de rescate”, que estaba borracho y con la impresión de que estaban bajo ataque, le disparó con su arma automática al grupo de uniformados, matando a uno e hiriendo gravemente a varios miembros de la unidad antidrogas. Nuestros contactos nos dijeron que la historia de la “emboscada” fue fabricada después por las autoridades para dar cuenta de sus muertos y heridos”.

Cambio de visión
Los hechos registrados en la RAAN, y los detalles brindados más tarde por las fuentes de la Embajada de Estados Unidos, dejaron estupefacto al embajador Callahan, quien mostró su asombro en los cables diplomáticos que envió al Departamento de Estado a finales de diciembre e inicios de enero.

“Walpa Siksa nos ha obligado a revisar nuestras ideas sobre la naturaleza y el alcance de la actividad del tráfico en el Atlántico”, escribió. “Anteriormente, nuestra evaluación era que la mayoría de los habitantes de las aldeas indígenas miskitas eran demasiado xenófobos para apoyar activamente a extranjeros (incluso a los nicaragüenses de la costa del Pacífico) en el transporte de drogas (o, francamente, en cualquier otra actividad) durante períodos prolongados”, explicó.

“También creíamos --agregó el embajador-- que la interacción local con los traficantes había sido intermitente y, normalmente, se llevó a cabo con la instrucción o consejo de un pequeño número de dirigentes políticos e indígenas corruptos de la región. Mantenemos nuestra evaluación, sin embargo, el incidente de Walpa Siksa revela la evidencia de que es posible que haya un mayor grado de cooperación y de apoyo de lo que antes creíamos entre las organizaciones extranjeras del tráfico de droga y las comunidades locales más remotas de la Costa Atlántica de Nicaragua”.

Más información y los cables completes de WikiLeaks