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William Roiz Murillo es quizás uno de los abogados recién egresados de mayor edad en el país. Es también uno de los pocos periodistas que ha hecho una entrevista sin abrir la boca. Y es un setentón que disfruta de los beneficios de las nuevas tecnologías de la información.

“Don Roiz”, como le llamaban sus compañeros de clase en la Facultad de Derecho de una universidad privada, cumplirá en octubre próximo 71 años. De hablar corrido, voz grave y jovial, entró a estudiar derecho hace cinco años para llenar el vacío que le dejó la muerte de su hijo menor. Pero ante todo, es periodista.

En la radio Fabuloso Siete, William Roiz se inició en el periodismo. Fue parte del equipo de Radio Informaciones, de la Voz de Nicaragua, y más tarde de EL NUEVO DIARIO, de donde se fue en 1987.

Momentos importantes de su vida periodística

“El periodismo lo inicié como una inquietud que tuve desde antes que asesinaran a Pedro Joaquín (Chamorro). Escribía algunos artículos de opinión en La Prensa, porque no estaba de acuerdo con el régimen dictatorial”, recuerda.

“Yo cubría a la Dirección Nacional del Frente Sandinista y era una gran responsabilidad. Recuerdo que cuando estaban negociando los Acuerdos de Esquipulas, no salimos del hotel en Guatemala, porque estaban los escuadrones de la muerte. Otra vez, viniendo de Panamá, se organizó una conferencia de prensa de Daniel Ortega en el avión”, cuenta.

“Una vez andaba afónico y tenía que entrevistar a Gregorio Selser, entonces le hice cinco preguntas por escrito. Una por una, y él las iba contestando. Rodolfo Tapia me dijo que era el único periodista mudo que había hecho una entrevista”.

Una imagen impactante que recuerda en su carrera periodística fue durante la insurrección en Managua, cuando vio una pila de cadáveres carbonizados a la orilla del lago Xolotlán. “Era una pirámide de cuerpos quemados”, recuerda aún aterrado.

Nace “Criterio”
Hace 23 años, tras salir de EL NUEVO DIARIO, William Roiz, quien hasta 1984 se llamó Guillermo Ernesto, fundó su propio radioperiódico y lo nombró “Criterio”.

“Criterio” ha dejado de ser solo un radionoticiero. Su director y fundador, de la mano con la tecnología, lo ha convertido también en un medio electrónico. Su rostro frente a dos micrófonos es la bienvenida de Criterio Digital, un espacio informativo adonde cuelga información que por asuntos de espacio no caben en el radioperiódico.

“Yo ya había visto Informe Pastrán, Carta Bodán, y ya mandaba correos con información. Luego, mi hija Zenelia, una persona muy creativa, me diseñó el blog”, dice.

Para él, un periodista debe orientar a la colectividad. “Y no hay objetividad porque cada medio tiene sus principios, y son esos principios los que privan”.

Aquellos años
En la casa de William Roiz abundan los gatos. Los hay de madera, de hierro, de porcelana, grandes, pequeños, medianos, gordos, flacos, de colores vistosos, de barro, negros y blancos. De todos esos gatos solo dos son de verdad, y están sentados en cualquiera de las sillas o sillones de la casa. Su esposa tiene una especie de obsesión con estos animales.

Aquí también abundan las fotos. La del pequeño Sebastián, el primer bisnieto, parece ser la más preciada. Y también la del hijo muerto, Carlos, a quien le hicieron un santuario en una esquina de la casa.

En esa vitrina que hoy sirve de santuario, cercana al cuarto adonde duermen, permanecen intactos los recuerdos de su hijo menor. Gafas, fotos de cuando era bebé, fotos con sus hermanos, recordatorios entregados en las misas de aniversario, una muñequera que llevaba el día de su muerte y la raqueta con la que jugaba frontón son parte de los accesorios que guardan.

El accidente mortal
Hace cinco años que su hijo murió en un confuso accidente de tránsito en las cercanías de su casa. El responsable, insiste él, nunca pagó por su culpa. Y su esposa aún lo llora.

¿Ya perdonó a los culpables?

No es que no los haya perdonado. Se cometió una gran injusticia. A los verdaderos responsables no los juzgaron y ellos pusieron a otro conductor. Para mi esposa y para mí fue traumático perder a un hijo de pronto. Cuando él murió, era un muchacho muy exitoso.

William Roiz y su familia pidieron justicia en las calles durante un año. Según una testigo del accidente, que poco después se retractó, el hijo mayor del presidente Daniel Ortega, Rafael Ortega, era quien conducía el vehículo que impactó contra el carro donde iban Carlos Roiz y su amigo Tito Cantillano.

Según él, el todopoderoso Francisco López y Rafael Ortega llegaron a su casa para pedirles que “no anduviéramos diciendo que fue otro el conductor”.

“Es difícil superarlo, mi esposa ha padecido de depresiones fuertes, la tiene que ver un psicólogo permanente. Yo me metí a estudiar Derecho a los pocos meses, buscando cómo, en el Derecho, encontrar justicia. Tenía la idea, en aquella época, de formar un organismo para apoyar a las víctimas de estos homicidios culposos”, dice.

No ha perdido la idea de crear esa asociación, pues considera que “cuando una persona tomada conduce un carro sabe que puede ser un homicida, que puede matar a alguien o matarse”.

Cuando le entreguen su título pretende ejercer la carrera. Justicia y distracción son dos palabras que William Roiz quiere conjugar en su vejez.

 

Este es él

William Roiz nació en Managua en el seno de una familia acomodada. Su padre, Félix Roiz, tenía una imprenta, y murió cuando él aún era niño. Su madre, Zenelia Murillo, se casó poco después con un coronel de la Guardia Nacional.

“No puedo decir que pasé dificultades”, expresa el periodista, quien se convirtió en sandinista después de leer “Sandino, General de Hombres Libres”, de Gregorio Selser, a quien años después le realizó la entrevista sin hablar.

“Yo joven fui un gran deportista. Una vez me levantaron en hombros en el Estadio Nacional”, cuenta, mientras muestra más fotografías de su juventud.

“El Colegio Calasanz tenía un equipo, entonces los cubanitos eran los campeones mundiales. Le ganamos 1 a 0 a Cuba. Yo participaba en las olimpiadas del colegio. En todo me metí, en natación, en todo”, cuenta.

Antes de los 20 años le dio por enamorarse, y allí estaba doña Lídice. “La conocí porque era novia de un compañero mío”, narra él. Y ella, desde la cocina, grita enojada, reclamando que recuerde eso.

-- ¡Pero si es verdad!, contesta él.
-- No hay necesidad de que estés hablando eso--, replica ella mientras prepara café.

Lídice Sotomayor nació el mismo día de octubre que su esposo, pero tres años después. Se enamoraron cuando ella se fue a vivir cerca de su casa, allá por el Cine Cabrera. Ella es la obsesionada por los gatos. “Así son las mujeres”, me dice después de entrar en confianza y luego de que le salieron unas lágrimas al recordar a su hijo muerto.

Desde aquella época han pasado 50 años. Pese a que mientras vivió con su madre no pereció, en 1978, ya casado, lo sacaron de su casa, lo golpearon y apresaron, acusándolo de haber participado en un ataque contra la Policía. Estuvo 20 días preso. Dejó la carrera de Derecho después de haber cursado dos años, porque lo expulsaron de la UCA.

Entonces su vida se complicó. Ya casado y con hijos, le tocó hacer de todo. William Roiz tenían unos parlantes que por algún tiempo alquiló al comercio; luego fue vendedor ambulante de carne, de hígado, de corazón. Con su esposa también vendió telas y le trabajó a los bancos. Fue después que se hizo periodista.

¿Por qué se casó tan joven?
Porque me enamoré locamente de ella, contesta rápido, fijando la mirada en su esposa.

¿Cómo han hecho para estar juntos tanto tiempo?

¡Ah! Vamos a cumplir 50 años. Por el amor, el entendimiento, la comprensión.

¿Usted nunca se ha portado mal?
Nadie se porta ciento por ciento bien. Todos los seres humanos cometemos errores en la vida. Sí, he tenido mis errores.

¿Deslices?
O deslices, todo el mundo los tiene.

Allá, en la cocina, su esposa grita que “el matrimonio no es fácil”. Ambos comparten con alegría esa casa llena de fotos de nietos, de hijos y de cuadros pintados por una de sus hijas. Y de gatos, valga recordar.

La computadora no la comparten. Doña Lídice tiene una más moderna, más rápida, adonde puede conectarse al mundo mejor. Fanática del Facebook, cuenta que su esposo solía ponerse detrás de ella mientras navegaba. Se ponía celoso. William Roiz solo sonríe. Él no le ha entrado mucho a la onda de las redes sociales, aunque ya es amigo de los chilenos que su esposa conoció en Facebook. Él prefiere pasar el tiempo en su casa en el mar, pese a que fue allí cuando un día de diciembre de 2005, un amigo llegó a avisarle que el menor de sus seis hijos había muerto.