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Empleo casi no hay, pero
trabajo hay en p…


Si pudiésemos guardar en una caja toda la creatividad generada en la infancia por cada nicaragüense, no habría espacio para vivir, pues todo el territorio nacional estaría lleno de grandes cajas, similares a los contenedores de carga, repletas de ideas maravillosas.

Puede parecer exagerado, pero si hacemos un esfuerzo por recordar algunas de las ideas que se nos vinieron a la cabeza cuando niños, nos daremos cuenta de que no fueron pocas. Una patineta voladora, un auto tamaño normal movido con pedales, una pelota con olor a chocolate; una casa de juguete muy grande, que al finalizar el día se hacía pequeña y la guardaba bajo la cama; una carretera que me llevaba a la luna; un bate de béisbol con radio integrado para escuchar los partidos; una fábrica de paletas; una caja de lápices de colores que nunca se gastaban; un patio lleno de árboles con todas las frutas que me gustaban…

¿Qué pasó con toda esa cosecha de ideas, adónde se fueron, por qué ahora son tan pocas? La respuesta es muy sencilla: los adultos las mataron. Niños y niñas lo podrían atestiguar en los tribunales del emprendedurismo, si existieran. Padres, madres, y especialmente muchos maestros estarían pagando condena, aunque fuese simbólica.. ¡Es que hay tantos maestros y tan pocos mentores!

Un gran árbol, tal vez un ceibo o un guanacaste, llega a la escuela, y varios años después sale convertido en un bonsái. La imaginación del niño es sorprendente, tal vez por eso que algunos maestros temen quedar opacados y matan la creatividad con la espada de su autoridad. Al árbol de frondosa imaginación lo reducen a su mínima expresión.

Ideas que abonan al árbol de la creatividad
Niñas y niños tienen grandes capacidades creativas e innovadoras, pero carecen de conocimientos específicos para ponerlas en práctica y generar nuevos productos o situaciones. Es responsabilidad de los adultos mantener vivo el pensamiento creativo ilustrando al infante, según la edad. Enseñarles cómo grandes inventores, estudiaron, experimentaron, fueron perseverantes, ahorrativos y muy trabajadores, hasta que llevaron a cabo sus proyectos. Mostrar y contar historias de cómo era el mundo antes de la electricidad. Dramatizar el trabajo de Edison hasta llegar a crear la bujía incandescente. Igual se puede hacer con la historia de las computadoras.

Julio Verne y Harry Potter podrían servir de inspiración y comparación durante una clase abierta que bien podría llamarse: “Cómo convertir sueños en realidades”. ¿A qué niño no le gustaría tener tres años de vacaciones o tener un duelo de poderes mágicos? Es asunto de despojarse de la espada de la autoridad para desarrollar con ellos la mejor clase del mundo.

¿Y qué tal si de vez en cuando se cambian los roles y la chavalada prepara una clase al profesorado sobre los videojuegos más gustados? Pero, además, que les hagan exámenes prácticos y teóricos, para ver que maestros aprueban esa clase que bien se podría llamar: “Introducción a la Ciber- realidad”. Es posible hacerlo, únicamente hay que dejar un poco de tiempo en el programa anual.

También se podrían buscar o hasta producir animaciones de las fábulas de Esopo o de otro tipo de relatos que fomenten valores y cultiven el pensamiento crítico. Hay que transformar la educación aburrida en divertida. Así, maestros y estudiantes se complementarán mejor.

He aquí un reto. Organizar un encuentro donde jóvenes universitarios compartan con estudiantes de primaria y organicen una charla que se llame: “Cómo ser un mejor estudiante utilizando la computadora”.

También se pueden organizar debates sobre el dinero, que lleven al estudiante a tomar conciencia de la importancia del buen manejo del mismo. Que comprendan los orígenes, beneficios y riesgos del dinero.  

Un ejercicio interesantísimo sería tomar con frecuencia unos minutos, para buscar el lado positivo a todo acontecimiento por muy malo que este parezca. Esto cultivará en las y los estudiantes una actitud positiva en la vida. Hay que recordar que la educación no solo es llenarnos de conocimientos y de habilidades, educación es principalmente transformar actitudes. Las actitudes son tan importantes o más que los conocimientos. Si lo dudan, lean la biografía de Einstein.

El trabajo en equipo, la solidaridad, elementos fundamentales para relacionarse, vivir en sociedad y desarrollar acciones emprendedoras, se pueden cultivar con juegos al aire libre.

“Cuando sea grande voy a ser…”. A partir de esa frase se puede ilustrar a los niños y a las niñas, sobre el mundo de las profesiones y de los trabajos. Se puede desarrollar una dinámica muy importante si varios estudiantes discuten y aportan, según sus conocimientos. Lo más importante es dejar claro que se debe ser o trabajar en lo que nos dé satisfacción. El niño quiere ser bombero y la niña enfermera. ¡Adelante!

Las metas. Estudiantes y profesores, no importa la edad de los primeros, deben proponerse metas a cumplir cada cierto período del año escolar. Una persona sin metas es como una hoja al vaivén de los vientos. Es precisamente en esos vaivenes cuando el niño, el joven, puede realizar acciones reñidas con la justicia.

La persona enfocada en sus metas tiene muchas más razones para vivir y ser feliz.
“Si yo fuera diputado”…, se me ocurre el título de esa famosa película del gran Mario Moreno (Cantinflas), para desarrollar charlas y discusiones sobre las responsabilidades ciudadanas, el rol e impacto del gobierno en nuestras vidas y proyectos.

Guardando los pinceles
El espíritu emprendedor, metas que alcanzar y actitud positiva, son piezas fundamentales para dibujar exitosamente el panorama de nuestras vidas. Por ello es fundamental no perder en el camino los estupendos colores de la imaginación infantil. Si tal cosa ocurre, se corre el riesgo de vivir una existencia lóbrega y sin sentido. Padres de familia y maestros deben estar conscientes de ello.

Autoestima, liderazgo, originalidad y realización personal son el resultado de una vida creativa y emprendedora. Cultivar los talentos y la imaginación infantil es una tarea muy delicada, pero a la vez satisfactoria y estimulante. Dejamos esas pinceladas para los verdaderos maestros de la educación, con el afán de motivar la reflexión, y mejor aún, llevar a la acción una enseñanza más acorde con el siglo XXI.