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René Vivas Lugo quería ser científico. Aprendió a la fuerza el alemán y viajó a Alemania para lograr ese propósito, pero en el camino se hizo guerrillero, se enmontañó, creyó fielmente en el “patria libre o morir” y en 1980 se convirtió en el primer jefe de la Policía Sandinista, aunque de policía tenía tanto como de astronauta.

Ríe al recordarlo y con esa forma tan suya de decir las cosas, jovial y desenfadada, cuenta que formaba parte de ese “grupito de cuatro gatos que estudiaban en Europa”, entre quienes estaban Enrique Smith, Jacobo Martin y Eduardo Contreras.

“Acababa de salir de la cárcel René Núñez y Hugo Mejía. A través de René Núñez me contacté con el Frente desde Alemania. Lo que le interesaba más a Carlos Fonseca era que viniéramos a Nicaragua. Estaban todos los compañeros presos o muertos”, cuenta al recordar su ingreso al Frente Sandinista.

Se vino de Alemania dejando allá el sueño de ser científico y se dedicó a meter armas y a cuidar a algunos miembros de la Dirección Nacional, Oscar Turcios y Ricardo Morales Avilés entre ellos.

“Nos venimos para acá de cualquier manera… Eduardo (Contreras) estudiaba en Berlín, Jacobo (Martin) en Londres… venimos en el 71. Obviamente el Frente no andaba preguntándote si te ibas a graduar o no. A mi papa casi le da un infarto cuando supo que dejaba la carrera. Mi papa era antisomocista, era conservador pero no sandinista. Veía con simpatía el heroísmo de los compañeros, pero sabía que meterse era irse al panteón”.

En aquel entonces, el “Frente éramos cuatro pelagatos que pensábamos que había que acabar con la dictadura, que no tenía sentido estudiar química, estudiar ciencias o cualquier otra cosa cuando aquí tenías una dictadura saqueadora. Somoza y su familia eran dueños de Nicaragua. Eran dueños del 30% de las tierras en finca al triunfo de la revolución.

Somoza asfixiaba al país y además era sumamente represivo. Nicaragua era las famosas tres p: plata para mis amigos, plomo para mis enemigos y palo para los indiferentes”.

Tras la caída de Oscar Turcios y otros miembros de la Dirección Nacional en Nandaime, Vivas y otros miembros del Frente Sandinista se fueron a la montaña porque la represión de la Guardia Nacional acrecentó y ahí le agarró el 19 de julio de 1979, al igual que la división de la fuerza guerrillera en tres grupos.

“A nosotros la división del Frente nos sorprende en la montaña, no somos partícipes, más bien somos víctimas porque nos quedamos aislados. Estuve en el Frente Norte desde el 74 hasta el 79, allí estaba ‘La Gata’ Munguía, Víctor Tirado, Rufo Marín, Hugo Torres, Roberto Calderón, David Blanco. ‘Modesto’ era el jefe de nosotros hasta que se produjo el triunfo”.

“El tal patria libre o morir era de verdad. Leonel, Julio Buitrago eran los paradigmas y como decía Carlos Fonseca, nosotros luchábamos más que por convicción, por vergüenza”, cuenta Vivas, quien recuerda que su madre le contó años después que escuchar el piii-riii-piii-pí en las radios somocistas cuando anunciaban la caída de un guerrillero eran los momentos de mayor tensión.

… Y se hizo policía
En agosto de 1979, René Vivas estaba en Waspan y recibió la llamada de Henry Ruiz. “Modesto” le ordenó venirse a Managua para recibir una orden. Ésta era simple: organizar la Policía porque desde entonces iba a ser su jefe.

“Me lo comunicó Daniel (Ortega). Yo no lo conocía. La primera vez que hablé con él ni sabía quién era. Y yo me preguntaba ‘¿y este quién es que me está mandando allí?’. Me dijo: ‘Decidimos que vas a ser jefe de la Policía’. Qué paseada decía yo y actué disciplinadamente sin entender mucho la decisión”.

- ¿Y tenía algún conocimiento?
--Ninguno, ¿de dónde? ¡Ni idea! No teníamos ni la más mínima idea de lo que era ser policías, por eso buscamos a los que saben: los cubanos--.

¿Y la preparación que los cubanos le dieron cuando eran guerrilleros?
--Nadie se preparó para el orden, nos preparábamos para subvertir el orden. Nosotros asaltábamos bancos, emboscábamos a la Guardia--.

Fue entonces cuando vinieron asesores cubanos y panameños, pero el esquema copiado fue el de Cuba, pues el de Panamá era muy parecido al de Somoza, estaba combinada la Policía con el Ejército.

“Vinieron asesores cubanos, mandaron a cientos a Cuba y al campo socialista.

Yo no me podía dar el lujo de ausentarme porque supuestamente era el jefe. Tuve, sin embargo, la mejor escuela, estaba en estrecho contacto con los asesores cubanos, eran verdaderos maestros, gente que sabía de verdad”, recuerda.

En 1981 o 1982, René Vivas no sabe precisar fechas, pasó a ser viceministro del Orden Interior, estando bajo su cargo los Bomberos, el Sistema Penitenciario y la Policía Sandinista. Con la campaña electoral en 1989 fue que regresó a la Policía y por esa causa sobrevivió al triunfo de Violeta Barrios de Chamorro, quien asumió la presidencia en abril de 1990.

Abogado, gerente, empresario…
Pide mil disculpas por los 35 minutos de retraso. Es ojeroso, canoso y serio, aunque cuando entra en confianza sus carcajadas estallan tras cada ocurrencia que dice. René Vivas ya tiene 62 años, dos nietos, 4 hijos, uno de ellos de siete y es abogado.

Del aspirante a científico químico quedó poco. La entrevista empieza con impaciencia pues este hombre es inquieto. Diría que es medio campechano por ese hablar tan poco comedido, pero no lo es. Se educó con los jesuitas del Colegio Centroamérica y aprendió alemán “a penca”, como él dice.

Estamos en Servipro, la compañía de seguridad de la que es asesor legal y presidente de la junta directiva. Ante la primera pregunta empieza a hablar y no para. Si le dan la guitarra difícil es que la suelte. Pero hay una técnica para que deje de parlar: preguntarle por su familia, o más específicamente por sus amoríos.

Llevamos más de 20 años de su vida recorridos. Momento. ¿Y usted cuándo se casó? ¿Tiene hijos? ¿Se enamoró? Él calla. De eso no quiere hablar. Pero bien, accede. Dice que su primera esposa murió y que ahora tiene otra. ¿Hijos? Cuatro. ¿De la actual? “De varias”, contesta haciéndose el apenado. E inmediatamente se justifica: “Ese era uno de los problemas que generó la guerra. Había mucho sentido de la provisionalidad de la vida, hoy estamos y mañana quien sabe”.

--¿Cuál fue el momento más difícil en su carrera de policía?
--En el 90. Ese momento fue bien difícil. Diario habían cinco, seis conflictos, pero además no creas que eran conflictos como los de ahora, en mi tiempo habían barricadas armadas de AK y con morteros. Éramos nosotros y el Frente. Nosotros y la Contra.

La Contra apoyada por el gobierno. La Policía estaba en un sanguche permanente, no quedábamos bien con Dios ni con el diablo nunca--.

--¿Cómo los veía el Frente?
--La Dirección Nacional nos veía a veces medio sospechosos porque los garroteábamos, el gobierno nos veía cómplices porque no los garroteábamos más duro… No, no, esto de ahora es juguete. Manuel Calderón con un bate en mi tiempo, le hubiésemos dado con un bate en la jícara en un minuto. Eran AK, granadas, morteros, eran contras en puentes, Contras en el empalme de Boaco, Contras tomándose armados La Corporación, sindicatos armados del Frente, me cruzaban aviones en la pista del aeropuerto, me cerraban la frontera armados--.

-¿Cómo comprendieron finalmente que debían desligarse del Frente?
--Fue por una decisión compartida después hasta con el Frente. Es muy simple: la filiación al FSLN era a la revolución, a un proceso nacional único. Cuando el Frente asume su papel de partido, y comienza a actuar como un partido político con una lógica electoral dentro de lo que es la democracia, ya no cabía la subordinación partidaria de la Policía.

Tenía toda lógica y legitimidad en tanto era la Policía de la revolución no la Policía de un partido. Por mucho que lo quisiéramos y que nos identificáramos, no es lo mismo chana que Juana. Nosotros llegamos a la conclusión que si la Policía insistía en ser igual al Frente Sandinista y a mantener la misma vinculación con el Frente, esa Policía iba a desaparecer, los gringos no lo iban a permitir--.

En una butaca
1992. René Vivas tuvo que dejar la Policía, entonces Policía Nacional, por presión gringa. “Me voy a mi casa con un  sentimiento agridulce a sentarme en una butaca porque no tenía previsto nada. Era un dolor de jícara todo ese trabajo, pero fueron años de estar metido en eso y no tenía nada pensando para mi vida”.

No tenía una profesión. No era ni abogado ni químico porque llegó a cuarto año en ambas carreras. Y se había metido a estudiar derecho por encuentros para dar el ejemplo no porque le gustase, ya que al final de los 80 se determinó que todo jefe de policía debía ser graduado, de abogado preferiblemente.

-¿Entonces se le ocurrió formar esta empresa?
--Fue un acuerdo con Antonio Lacayo. En una ocasión llegó contento porque logró un incremento en el presupuesto de la Policía del 10%. Andá anunciales que lograste que les dieran 8 córdobas, andá deciles porque a mi me da vergüenza, le dije.

Entonces hicimos un acuerdo: que se destinaba el incremento a la masa salarial de capitán para abajo para que se sintiera. De capitán para arriba autoricemos que abran las empresas de seguridad. Los de Chinandega crearon unas, los de León otras, los de Managua creamos Servipro. Lo hicimos de hecho, pero nada legal. Nuestro primer cliente era la Cervecería Victoria porque le asaltaban los camiones y les robaban los reales.

Pero yo no me dedicaba a eso. Litigaba. A mi me hubiese gustado ser químico. Yo estudiaba química pura, me hubiese gustado la investigación. Cuando una vez fui al laboratorio de la UNAN me dio ganas de llorar, parecía una cocina. Ni parecido a lo que yo conocía por laboratorio. Esa era mi nota--.

-¿Y ahora le gusta este trabajo?
--Ahora no es que te gusta, ahora estás montado en este macho y tenés que jinetearlo. El problema de la seguridad privada es como si sos gerente de un hospital y eso que no operás, pero el problema del hospital te revienta, no hay alcohol, no hay para suturas, el médico llegó bolo, la enfermera estaba ‘cueveando’ con el jardinero.

Trabajás las 24 horas, cuando las cosas van bien no hay problema, pero cuando van mal estallan inmediatamente--.