•   I DE II ENTREGAS  |
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En una casa construida con plástico negro, sacos macen sucios, descoloridos, pedazos de madera y algunos pliegos de zinc agujerados, vive la señora Eusebia López, junto a sus tres nietecitos, dos de ellos portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana, VIH.

Eusebia es la que mantiene a sus nietos, pues su hija está inmersa en el vicio de las drogas, en cuyo mundo adquirió el VIH. Para este trabajo, no tuvo inconveniente con revelar sus datos personales, porque piensa que uno tiene que admitir las cosas de frente.

“Dicen que no hay mejor salud del alma, que la libertad de expresión. Tengo que aceptar la realidad, mi hija adquirió esa enfermedad porque buscó cosas que no debe, ella consume droga, me duele decirlo, porque es mi hija, pero tengo que admitirlo”, sostiene.

Los dos niños fueron contagiados por su madre, al momento de nacer. Eusebia recuerda que se enteraron cuando el primer pequeño tenía tres meses de vida. “Como (los médicos) no tenían conocimiento, no me dijeron que ella tenía el VIH. La primera noticia que recibí fue ´tu hija tiene Sida´. Posteriormente me dijeron que mi nieto también tenía la enfermedad”.

Para Eusebia fueron dos golpes duros y seguidos que sólo Dios le supo dar las fuerzas que necesitaba en ese momento. Asegura que como es diabética, de no ser por la ayuda celestial, se hubiera muerto. Al recibir la noticia imploró: “Señor, en tus manos pongo mis problemas, sé que éstos no son más grandes que el poder que tú tienes. Dame fuerzas. Te pido sanidad para mi cuerpo, así seguiré cuidando a mis nietos”.

Discriminación es más fuerte que el VIH

Tras batallar con su nieto durante ocho años, hace unos días los médicos le dijeron que su otro nieto, de dos años, es también portador del VIH. Eusebia asegura que no le duele saber que sus niños tengan el virus, lo que sí le afecta es el rechazo de las demás personas.

Desde hace mucho tiempo Eusebia palmea tortillas, primero para mantener a sus hijos, y ahora a sus nietos. En un principio le iba muy bien en el negocio, pero cuando los vecinos se dieron cuenta que en su familia convivían con el VIH, las ventas disminuyeron considerablemente.

“Aquí en la casa no vendo ni una tortilla. Los vecinos la compran en otro lado, porque piensan que se van a contagiar al comer de mis tortillas. Pienso que son ignorantes. Yo no pasé ni por la acera de un colegio, no sé leer ni escribir, pero soy humana y sé que ese virus no contagia a otros sólo por amistad, que se saluden o se den un beso. Son ignorantes al ver con desprecio a los portadores”, opina Eusebia.

La supervivencia de la señora Eusebia, en medio de la extrema pobreza, es similar a la experiencia de otros abuelitos nicaragüenses, como el caso del señor al que llamaremos “Julián”, quien asumió la manutención de sus nietos, luego de la muerte de sus padres, víctimas del VIH.

VIH los deja huérfanos

“Julián”, de 72 años, también ha pasado momentos difíciles y trágicos. Primero murió su nuera, luego su hijo y finalmente su nietecita, todos a causa del VIH. La pareja afectada dejó en la orfandad a cinco niños, de los cuales tres son portadores del virus. Los pequeños oscilan entre los cinco y 13 años de edad.

Estos niños, además de padecer los estragos que les ocasiona el VIH, sufren el rechazo discriminatorio de su familia materna, sumado al de  los vecinos que saben de su condición.

Cuando murió el papá de ellos, algunos vecinos cercanos apagaron las luces y se encerraron en sus casas. Otros se atrevieron a llegar a la casa solo para “curiosear”, y se negaron a recibir cualquier tipo de alimento que les ofreciera como cortesía la familia doliente.

Al igual que los nietos de Eusebia, estos niños viven prácticamente en la miseria. De los tres infectados, sólo dos van a la escuela, ya que la hermanita de ellos tiene capacidades diferentes y en ninguna escuela de la localidad existen los maestros capacitados para educarla.

Algunos avances

Arely Cano, directora de la Asociación Nicaragüense de Personas con el VIH/ Sida, Asonvihsida, señala que hasta ahora la situación que están viviendo los niños con VIH es difícil, porque no es un tema que se está acogiendo como importante.

Asegura que hasta hace algunos meses se han hecho algunos foros de niñez y VIH. También, el ministerio de la familia tiene una ruta crítica para atender a los niños que están en desprotección.  Sin embargo, según Cano, esto no es  suficiente.

Igualmente, manifiesta que el tema de niñez trasciende más allá que una atención médica, la que el Ministerio de Salud, Minsa, trata de suplir. No obstante, aquí hay niños que tienen serias carencias de alimento para tomarse su tratamiento.

La organización que Arely representa es testigo del sacrificio que hacen los padres, abuelos o tutores de los niños para alimentarlos y mantenerlos.  A veces el tratamiento no está en los hospitales, entonces para las familias cubrir esto es un poco difícil. “Además de eso, las condiciones de vida que tienen ellos son deprimentes”, apunta.

Niños en graves riesgos

En Nicaragua, la mayoría de estos niños viven en casas que se mojan, el piso es de tierra, donde ni siquiera cuentan con una letrina, eso también es un problema para los niños, quienes aparte de tener el VIH, también pueden adquirir cualquier enfermedad oportunista, como una neumonía cuando una casa es muy húmeda, o tener diarreas crónicas cuando les falta inodoro o una letrina, para hacer sus necesidades.

Se están reportando niños con VIH que tienen serios problemas de desnutrición. Esto se debe a que los padres o abuelos no tienen ningún ingreso, por lo tanto le dan lo mínimo de alimentación al niño.

“Tenemos niños que viven en un lugar donde hay prostitución, consumen droga, con riesgo de explotación sexual, y no se le da ningún seguimiento”.

Considera que “necesitamos que haya políticas públicas dirigidas a la mejora de la calidad de vida de los niños afectados, para tener un programa que sea accesible a todo niño huérfano, o portador del VIH, en donde se le pueda dar un seguimiento a la educación, un seguimiento psicológico, no sólo médico. Hasta ahora sabemos que se están dando algunos pasos, los cuales deben ser más agresivos para responder a la restitución de derecho de los niños”.