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Alondra escucha el inicio de la canción que le invita a salir de su escondite a bailar sensualmente y desnudarse de la misma forma frente a los clientes en medio de luces de diversos colores, que alocadas se mueven de un lado a otro iluminando de manera tenue el lugar y las miradas furtivas que ansiosas esperan que sus curvas aparezcan en escena.

A pesar de que el animador del sitio la llama para que inicie su labor, la estríper no aparece y no porque haya desgano, sino porque el ambiente del bar “La mal querida”, se ha enrarecido con la presencia de cámaras de vídeo y fotográficas, así como con las miradas atentas y escrutas, de un grupo  de periodistas nacionales y foráneos que visitan, acompañados de un fuerte dispositivo policial, la llamada “Zona de Tolerancia” de Tijuana.

Pero no es lo único que ocurre, sus compañeras que animadas hacían lo suyo con la presentación anterior  en diversos puntos del sitio, también se replegan y piden al encargado que paren la toma de gráficas, ya que no están dispuestas a seguir con su trabajo si eso no ocurre.

“No somos un circo ni animales para que nos hagan esto”, comenta una joven de vestido morado a otra con miniseta y short a fin de que los periodistas escuchen lo que dicen y paren de hacer lo que las está incomodando.  

Minutos después el guía del grupo, el antropólogo mexicano Víctor Clark, pide a quienes le acompañan que abandonen el lugar, pues habrá otros bares en los que no  se presentarán problemas con cámaras, grabadoras y periodistas observando  el  “espectáculo”.

Esta escena se vive en la segunda de cuatro cuadras de “la zona”, un lugar ubicado muy cerca de donde finaliza la Avenida Revolución de Tijuana, donde hay 63 bares “de todo tipo” en los que se encuentran distribuidas al menos 2,000 de las 5,000 prostitutas que hay en este Estado, famoso por estar dominado por cárteles del narcotráfico y por ser sitio de paso para emigrar a Estados Unidos por medio de la frontera con San Diego.

Aquí la prostitución es legal y está reglamentada municipalmente, explica Clark, director del Centro Binacional de Derechos Humanos con base en Tijuana y catedrático de la Universidad de California en San Diego (UCSD). Las prostitutas, ya sea en Tijuana o en cualquier otra ciudad de México, tienen su propia área en donde pueden vestir súper minifaldas, camisas cortas y usar maquillaje pesado.

Sin embargo, la zona de Tijuana, a diferencia de las del resto del país, está en el centro de la ciudad y no en la periferia.  Está llena de bares, hoteles, farmacias, ventas de comida, casas de cambio, barberías y hasta iglesias.

“Venga campeón, pase el rato de su vida”
En medio de las calles se ven mujeres de todo tipo, para todos los gustos y todas las edades. Mientras se avanza por el bar “El fracaso” y el hotel “Las cascadas”, de sus puertas se desprenden hombres que con sonrisas y un discurso elaborado, invitan a los transeúntes a ingresar a los locales para pasar “como un campeón el rato de su vida”.

En las calles y bares se encuentra uno con mujeres delgadas o pasaditas de peso, altas y bajas, con vestimenta sencilla, pero sensual y las que usan hasta ropas de marca y de alto costo con perfume Chanel.

Sin embargo, en el camino también se observan cosas asombrosas como trabajadoras que se hacen acompañar de sus hijos tanto en las calles como en el interior de los bares.  “La normalidad con la que ocurren las cosas en la zona es lo que provoca que no haya problemas con ese tipo de fenómenos”, explica el antropólogo.

Incluso se habla de mujeres que por el día son profesionales o amas de casa que se desarrollan en sus ámbitos y que por la tarde o al llegar la noche llegan al lugar en busca de más y mejores ingresos para su familia.

Tienen seguridad garantizada, pero la explotación también
La zona está resguardada por ocho unidades de patrullas policiales que se encargan de poner el orden, cuando se presenta “algún eventual desorden”, afirma el comandante Pedro Serrano, jefe de la subestación policial de Tijuana.  

“La verdad es que la actividad delictiva es muy baja, son asuntos de narcomenudeo, pleitos entre mujeres o con los mismos clientes y algunos robos, pero todo dentro de lo normal”, indica Serrano.

Añade que “todos nos conocemos, sabemos dónde trabaja cada quien, lo que hace, el sitio que se mueve y eso nos hace más fácil el trabajo”.

Y no miente. Cada bar tiene una conexión con un hotel a lo interno o por medio de llamadas telefónicas. “El éxito del bar es tener hotel, porque aseguran consumo de bebidas y alquiler de habitaciones”, dice Clark.

En los lugares tienen el control de todas las mujeres que trabajan en cada uno de ellos. “No hay competencia desleal ni pirateo, todos nos conocemos y nos respetamos”, dice  Antonio Hernández, gerente del sitio más “sofisticado” de toda la zona, mejor conocido como “Hong Kong”.

El sitio es el bar con mujeres más guapas y con cuerpos esbeltos, con curvas y cinturas torneadas. Acá sí se valen las cámaras y grabadoras, pero el impacto que provocan los bailes de desnudos, en los tubos, barras y en una especie de pista con mujeres que se deslizan por caminos zigzagueantes llenas de líquido y se divierten entre sí, a la vista de hombres que lujuriosos las rodean, hace que los miembros del grupo que visita el lugar solo observe sin decir nada y únicamente tome apuntes.

Las mujeres viven en el hotel que se encuentra contiguo al bar. Hernández dice que pagan 16 “simbólicos” dólares diarios por el hospedaje en una de las 167 habitaciones que tiene el local de tres pisos.

“La verdad es que nosotros les cobramos lo mínimo, porque una habitación cuesta entre 90 y 100 dólares, eso es lo que se le cobra a un cliente cuando requiere de los servicios”, explica el gerente del Hong Kong.

“Esto es un asunto de beneficio mutuo, porque para nosotros  es fundamental que ellas logren que los clientes consuman en el bar y que renten las habitaciones, como para ellas es vital tener un sitio que les facilite las condiciones para brindar sus servicios”, añade.

Se cuidan de enfermedades  e “integralmente”
Tanto el dueño de uno de los bares como el jefe policial y el antropólogo mexicano, afirman que las mujeres se cuidan entre sí de peligros y riesgos. Cuentan con la Unidad de Control de Sistemas Médicos Municipales, que se encarga de monitorear mensualmente el comportamiento sexual de las trabajadores de la zona y de las de todo el Estado.

“Definitivamente que se cuidan, ellas están obligadas a cuidarse porque es su trabajo, de eso viven y el Estado les brinda apoyo, porque si la situación no se controla sanitariamente, entonces estaríamos frente al riesgo de un serio problema de salubridad que no le conviene a nadie”, dice el jefe policial al conversar con los periodistas.

Pero Hernández hace énfasis en que las protegen no solo en la parte médica, sino que también en lo referido a evitar agresiones de parte de los clientes, y menciona que en el caso de su local, se ha dispuesto de medidas de auxilio que garanticen que las trabajadoras serán respetadas en todo momento.

“Contamos con botones de pánico, que son accionados por las muchachas cuando hay problemas y se les brinda ayuda inmediata, es decir hay una protección integral”, explica.

“Lo que existe es una búsqueda constante de protección grupal, es decir las mismas mujeres están pendientes de auxiliarse entre sí en todos los sentidos, porque al final serán ellas las más perjudicadas, de resultar situaciones que alteren las cosas”, afirma Clark.

El “gran negocio” que no debe caer
Karin Chalita, un descendiente de árabes que es el presidente de la Cámara de Comercio de Tijuana, es de los que piensa que la Zona de Tolerancia debe ser siempre un espacio que tanto las autoridades del Estado fronterizo como los mismos empresarios y las trabajadoras sexuales deben “cuidar” que no se “distorsione” su razón de ser.

“Este es un sitio que ha sido un gran motor de la economía de Tijuana, porque no es solo el asunto de la prostitución, los bares y la venta de alcohol y la renta de cuartos, aquí hay salones de belleza, venta de ropa en tiendas aledañas, taxis, escuelas porque las mujeres también estudian, ventas de comida, es decir un sitio que genera millones de dólares”, indica.

Asegura el representante de los comerciantes  que “existe control” de los movimientos financieros del área, pero que “los acuerdos entre las mujeres y sus clientes son de las partes, nadie puede intervenir en esa transacción bilateral”.

Pero esto se convierte en un peligro, pues Antonio Hernández, el gerente del Hong Kong, afirma que existen prostitutas que tienen “mucha demanda de clientes locales y extranjeros” que pueden lograr que ellos gasten hasta 1,000 dólares en una noche y a veces hasta 10,000 dólares en un fin de semana.

“Sabemos que si se podrían dar acciones de lavado (de dinero), pero es muy remoto, la gente viene acá divertirse,  no creemos que venga a esas cosas, véalo de manera natural, nadie tiene por qué alterar una situación en la que todos convivimos normalmente”, dice Chalita.

Y no exagera en su afirmación, pues entre el bar “Las Adelitas” y “El Chavelas” existe una iglesia cristiana” “Bethel” a la que asisten los fieles sin ningún problema.

“Esto demuestra que en medio de los “malos caminos” siempre existe uno “bueno”, así es la cosa en Tijuana, eso evidencia el alcance de la Zona de Tolerancia”, dice riendo el jefe policial Serrano.

 

No hay prostitutas centroamericanas, dicen

El jefe policial de Tijuana, Pedro Serrano, niega que actualmente existan entre las miles de prostitutas que laboran en la zona, algunas de Centroamérica, pues la mayoría son del mismo México, de Estados del Sur y Centro del país, que buscan cómo cruzar la frontera por la valla que divide a San Diego de Tijuana, pero que al no lograrlo, deciden quedarse trabajando de esta manera en la localidad.

“Ha habido una que otra centroamericana que ha sido parte del grupo de mujeres, pero luego deciden intentar pasar la frontera y algunas lo han logrado, otras por el contrario, deciden volver a sus países de origen, en vista de que no les gusta trabajar así”, dice Serrano.

“No existe un patrón en este asunto, las mujeres se acercan en busca de trabajo y a veces nosotros las contactamos para que trabajen con nosotros, están los “padrotes” que son quienes se encargan de hacer esas gestiones, con ellos nos entendemos ellas y nosotros”, asegura por su parte Víctor Olivas Zúniga, un supervisor del hotel conectado con el bar “Las Chavelas”.