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Históricamente la coyuntura política nicaragüense ha estado sujeta a los vaivenes de las potencias; particularmente, Estados Unidos. El sentir generalizado es que lo que ocurre en Estados Unidos, “afecta” directa o indirectamente a Nicaragua en lo político, social y económico.

Ver por la televisión, a nivel mundial, la caída del ícono del capitalismo en Nueva York, las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center), fue para muchos como asistir al fin de la era pese a ello, a 10 años de ese apocalíptico acontecimiento, analistas políticos consideran que si bien el ataque provocó cambios a nivel mundial, en el entorno local no cambió la política nicaragüense y tampoco contribuyó a modificar el resultado electoral esperado en 2001.

Después de lo apocalíptico Ortega perdió
Para el analista político Oscar René Vargas, este acontecimiento no influyó en la manera de hacer política en Nicaragua, ni siquiera en los resultados electorales de ese año, sobre todo cuando las encuestas previas al 11 de septiembre, u 11-S, daban como favorito al entonces candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, Daniel Ortega Saavedra, quien terminó perdiendo la elección de noviembre frente al aspirante del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Enrique Bolaños Geyer, quien obtuvo un 54% de los votos válidos.

Según Vargas, algunas personas en el país comparan el 11 de septiembre de 2001 con la invasión a Panamá, por parte de Estados Unidos, en diciembre de 1989, cuando Nicaragua también se encontraba a escasos dos meses para unas elecciones presidenciales.

Panamá sí influyó
A diferencia del 9-11, la invasión norteamericana a Panamá con el fin de sacar al general Manuel Antonio Noriega, Vargas sí considera que influyó directamente en los resultados electorales del 25 de febrero de 1990, cuando la candidata presidencial de la coalición Unión Nacional Opositora, UNO, Violeta Barrios de Chamorro, ganó la elección con más del 56% de los votos, dejando atrás a Daniel Ortega, entonces presidente y candidato del Frente Sandinista.

“Esa (la invasión a Panamá en 1989) sí creo que influyó, pero también el Servicio Militar, la escasez y el temor de la población por una intervención norteamericana, porque el mensaje que mandaron, lo que la población recibió de la invasión a Panamá es que podían invadir Nicaragua”, explica Vargas.

Mensaje colateral
A juicio del analista, el objetivo de Estados Unidos en el caso de Panamá, era sacar a Noriega, pero el “mensaje colateral” era para Nicaragua.

“En este caso si hubo (una influencia en Nicaragua) porque hay una historia en Nicaragua sobre intervenciones norteamericanas, en el subconsciente colectivo existe ese temor, aunque no hayamos vivido esas intervenciones”, explicó Vargas, al reiterar que ese acontecimiento sí pudo influir en los resultados electorales de 1990 que ocasionó el revés para el Frente Sandinista.

Para Vargas una influencia del atentado al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, sobre el elector nicaragüense “era algo halado de los pelos”. Incluso, Vargas considera que ese acontecimiento tampoco modificó la manera de hacer política en Nicaragua.

“El elemento central del triunfo de (Enrique) Bolaños es que la derecha iba unida; la derecha unida en todos los procesos electorales, siempre ha ganado”, expresó.

Vargas recuerda que la única vez que el Frente Sandinista ha ganado las elecciones, fue en 2006, “y fue porque la derecha iba dividida y dividida por los mismos norteamericanos”.

EU ha querido cambiar la política nicaragüense
Para el analista, más que los acontecimientos, quienes han querido incidir en la política nicaragüense –incluso en toda Latinoamérica–, han sido los “agentes de Estados Unidos”.

“(El embajador Paul) Trivelli con el agente político que había aquí, un cubano-americano, creyeron que en Nicaragua podían hacer lo mismo que hicieron en El Salvador, donde al partido más importante de la oposición era el Partido Demócrata Cristiano, y Arena era un partido secundario, entonces los norteamericanos vaciaron socialmente al Demócrata Cristiano y pasarle esa gente a la Alianza Republicana Nacionalista, Arena, y eso quisieron hacer aquí con Eduardo Montealegre”, explicó Vargas.

Los cálculos de la división
Para el analista, lo que logró el gobierno de Estados Unidos con esta estrategia fue dividir fuerzas 25% y 25% entre Montealegre y el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, controlado por Arnoldo Alemán; mientras que el Frente Sandinista quedó “entero”, “pensando que el fenómeno de Herty Lewites iba a dividir al Frente y que eso permitiría una segunda vuelta (electoral)”.

“En el trajín se muere Herty Lewites, que era quien atraía, y (Edmundo) Jarquín no puede recoger los votos de Herty y se cae del 15-17% al 6% y ese 10 u 11% se pasó de nuevo al sandinismo”, explicó.

Vargas añade que “los Estados Unidos estaban jugando a que (la elección de 2006) fuera a cuatro bandas y calcularon que los cuatro iban a forzar una segunda vuelta y que en la segunda vuelta, la derecha se iba a unificar bajo la hegemonía de Montealegre, pero falló el plan”.

A juicio de Vargas, esa división de la derecha continúa hasta esta elección de 2011, por lo que augura un triunfo del presidente Daniel Ortega, incluso sin necesidad de un fraude.

El 11-S cambió el mundo e impactó a Nicaragua

Hace 10 años el terrorismo dejó de ser un conflicto entre Estados Unidos y quienes lo practican para convertirse en un problema mundial. El analista político Oscar Castillo, cree que el atentado del 9-11 no influyó en la política nicaragüense, sin embargo, “impactó en todo el mundo, haciendo que el tema del terrorismo fuera asumido por todas las naciones”.

No obstante, Castillo considera que en las circunstancias electorales en las que Nicaragua se encontraba al momento del atentado, es casi imposible que no tuviese algún tipo de repercusión en el electorado.

Otra opinión
“De alguna manera (ese tipo de acontecimientos) tiene siempre sus efectos en cualquier país y más en Nicaragua que en ese momento estábamos en un período electoral; eso tuvo su efecto en la política de defensa y de seguridad de Nicaragua”, explicó.

Castillo coincide con el analista Osca René Vargas, en el sentido de que el 9-11 no influyó en el electorado nicaragüense como para que cambiara su intención de votos del entonces candidato del Frente Sandinista Daniel Ortega, hacia el aspirante presidencial del PLC, Enrique Bolaños.

Igual que Vargas, Castillo considera que el 9-11 no tuvo el mismo efecto sicológico y persuasivo que la invasión a Panamá en diciembre de 1989, dos meses antes de las elecciones nacionales realizadas el 25 de febrero de 1990.

“(El 9-11) no fue el caso de la invasión a Panamá respecto de las elecciones del 90, cuando sí en Nicaragua vivíamos una guerra y evidentemente la sociedad nicaragüense tenía el temor de que esa invasión llegara a Nicaragua”, explicó.

Impacto en seguridad
Castillo considera que el impacto en Nicaragua del atentado en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, más que político, fue de carácter de seguridad y defensa, “en el que Nicaragua debió adherirse a un plan nacional y un plan internacional de lucha contra el terrorismo, pero no creo que haya tenido un efecto en el que vos y yo hayamos cambiado nuestro comportamiento a votar”.

“Creo que las elecciones de 2001 fueron las que se esperaban, con los resultados que se esperaban y con la gente mostrando su adhesión hacia el Partido Liberal Constitucionalista y un rechazo al partido Frente Sandinista”, explicó Icaza Gallard.

“Indecisos” se inclinaron por Bolaños después del 9-11

Después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el mundo cambió y ese hecho “impactó” a Nicaragua. A diferencia del analista Oscar René Vargas, el jurista y también analista político, Julio Icaza Gallard considera que la política nicaragüense fue impactada por ese hecho histórico.

“Son conocidos los vínculos de Daniel Ortega con el terrorismo internacional, como el caso de las FARC en Colombia y con (Muammar al) Kadhafi, un líder que durante mucho tiempo fomentó y financió el terrorismo internacional”, explicó Icaza.

Para Icaza, el hecho de que Estados Unidos “endureciera” su política de seguridad nacional “evidentemente la posibilidad de que Daniel Ortega ganase esas elecciones (de noviembre de 2001) produjo dentro de algunos sectores de la población un nerviosismo y un mayor grado de temor e hizo que este sector de la población indeciso terminase por favorecer la opción que representaba (Enrique) Bolaños”.

La treta del 2006
Pese a esa situación, Ortega ganó la elección seis años después de aquellos acontecimientos, hecho que Icaza atribuye a que “las circunstancias internacionales eran diferentes y que, fundamentalmente, influyó, por un lado, la división de las fuerzas opositoras, y por otro lado, la existencia de un fraude electoral en el sentido de que no se presentaron todos los resultados”.

“Posiblemente, si las fuerzas políticas se hubiesen esperado a conocer ese 8.5% de votos que nunca fueron contabilizados (en el año 2006) y que estas alturas estamos esperando conocer los nicaragüenses, casi con toda seguridad el presidente Ortega hubiese tenido que ir a una segunda vuelta y ahí hubiese salido derrotado”, explicó Icaza Gallard, quien en estas elecciones es candidato a diputado por la alianza Partido Liberal Independiente, PLI-UNE.

Levantarse de las cenizas

“Los terroristas buscan sembrar el miedo y destruir las instituciones. No obstante, es evidente que en el mundo entero los terroristas han fracasado en sus intentos. Las personas, comunidades y naciones del mundo han mostrado que son más fuertes que el miedo, enfrentando cada ataque con admirable resistencia. Lejos de quedar paralizados por los actos violentos de unos pocos, la inmensa mayoría de la gente alrededor del mundo continúa concentrándose en construir un mundo más sano y pacífico para ellos y sus hijos; aspira a una mejor educación, a crear nuevas oportunidades económicas y a mejorar su respectivo sistema de gobierno.

“Así como generaciones pasadas de estadounidenses superaron grandes pruebas, así debemos nosotros hacer uso de la capacidad de recuperación de los estadounidenses y de nuestros amigos en el exterior, como los nicaragüenses, para superar los desafíos del presente. Estados Unidos sigue comprometido con Nicaragua y su futuro. Trabajando unidos somos capaces de resistir cualquier peligro futuro, sean estos ataques terroristas o desastres naturales”.

Palabras del encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Robert Richard Downes en ocasión del 10º Aniversario del atentado del 9-11.