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Las manos se desprenden del suelo y sus cuerpos se contorsionan al compás de la música hip-hop. Brincan de forma desenfrenada. Músculos tensos, mirada fija y determinación de hierro ante lo que para muchos es un acto suicida, donde el objetivo es demostrar quién es el mejor a la hora de bailar.

La música surca el ambiente como una segueta, embriagando a los espectadores, quienes con sus aplausos premian las mejores piruetas, movimientos y habilidades. Todo se resume a un baile conocido como Break Dance o B-Boying, y es parte de un proyecto de reinserción social de la ONG Centro de Formación y Desarrollo Integral, Cefodi, impulsado por la ONG Tierra de Hombre de Italia.

En el proyecto impulsado en el Mercado Mayoreo participan 23 jóvenes de entre 15 y 24 años, quienes cambiaron su caja de chicles y de lustrar por una alternativa que para muchos es holgazanería, pero que para ellos, es una forma de arte.

El grupo se conformó hace cuatro años, con apenas dos integrantes: David Galeano y Jairo Rosales, quienes demostraban en las calles su habilidad para captar la atención del público con la combinación de varios movimientos aeróbicos y rítmicos, bailes aborígenes, artes marciales, gimnasia y funk.

Fue así como un día, en uno de sus espectáculos callejeros, fueron vistos por un promotor de Cefodi, organismo que estaba interesado en crear un proyecto de reinserción social y prevención de la delincuencia y la drogadicción en el Mercado Mayoreo, orientado a los niños que vendían chicles e inhalaban pegamento.

Según recuerda David Michelle Galeano López, uno de los primeros jóvenes que se integró al proyecto, esta fue una oportunidad única, ya que la organización no solo les brindó un espacio donde realizar sus prácticas alejados de la violencia y la dureza del pavimento, sino que los dotó con lo básico para comenzar a darle a su “danza de piruetas” un aspecto más profesional.

“En Cefodi nos dieron unos petates de goma, vendas y protectores para las rodillas y los codos, para que evitáramos futuras lesiones, y nos contactaron con profesores internacionales que nos empezaron a brindar talleres que nos permitieron entender la esencia del Break Dance o B-Boying”, señaló Galeano.

Una válvula de escape
Fue así como estos jóvenes comenzaron a ver en el baile una forma de escapar de un entorno hostil, y convirtieron el Break Dance en su válvula de escape.

Según comenta Patricia Iveth Molina Hernández, de Cefodi, en el Break Dance, la ONG Tierra de Hombre de Italia, vio la oportunidad de reducir el tiempo que los muchachos estaban en el mercado y evitar el trabajo infantil.

“Cuando iniciamos el proyecto, muchos se preguntaron por qué elegimos el Break Dance y no otra cosa, pero la respuesta es sencilla. Es una forma de expresión que se mira en las calles, que atrae a los jóvenes y los motiva, así que allí hay un foco que atrae a grupos de interés. Hoy, cuatro años después, todos nuestros bailarines se han reintegrado a las aulas, y varios están cursando una carrera universitaria”, señala Molina.

A los dos jóvenes que ingresaron en 2008, cuando inició el proyecto, se unieron otros que se sentían atraídos por el baile, y aunque al inicio tenían ciertas reservas, al llegar a Cefodi encontraron un lugar cálido y acogedor, con especialistas en terapia ocupacional.

“Aquí no solo venimos a bailar, también recibimos talleres motivacionales, de cuidado al medio ambiente, de respeto, de tolerancia y de civismo”, señala Jairo Rosales, de 23 años, y estudiante de Ingeniería Mecánica.

Fue así que lo que empezó como un proyecto piloto, se fue extiendo y abarcando a varios grupos de Break Dance que ya existían dentro del Mercado Mayoreo, pero que carecían de la oportunidad de tener acceso a una mayor profesionalización.

De la calle a los salones de danza
Gracias a los talleres de drape flexia (movimientos corporales al ritmo de la música), recibidos en Cefodi con maestros de talla internacional, el nivel del grupo subió como la espuma, a tal punto que en agosto de 2011, OSB, siglas con las que bautizaron al grupo y que proviene de las palabras en inglés “Original State Breaks”, fue invitado a participar en el evento de Break Dance organizado en Guatemala.

En ese evento, por primera vez, Nicaragua obtuvo un espacio respetable en la tabla de puntaje, quedando en el quinto lugar, y ganándose un pase para participar en tres competencias futuras, el R16, The Battle of the Year (La batalla del año) y ABI México, en 2012.

Según comenta Mauricio Daniel Sandino, de 24 años, esto representa un logro y un orgullo para él y para sus compañeros.

“Hoy podemos decir que la ardua práctica a la que nos hemos sometido todos estos años ha valido la pena, porque cuando empezamos estábamos en pañales, no conocíamos las reglas del Break Dance ni los parámetros internacionales, solo imitábamos lo que veíamos hacer en las películas. Ahora dedicamos cuatro horas a un entrenamiento intensivo, corremos en las mañanas y vamos diario al gimnasio para mantener la condición física”, dice Sandino.

Para Johnny Francis Mendoza, de 19 años, lo que comenzó como un simple entretenimiento, hoy es un estilo de vida.

“Pertenecer a este grupo me ha cambiado, y ha transformado mi forma de ver la vida y mis expectativas como ser humano. Hoy me siento más seguro de mí mismo. He creado una red de amigos que se ha convertido en parte de mi familia, y he desarrollado disciplina y compromiso con una actividad maravillosa. Para mí, el Break Dance es más que un baile, es parte de mí”, asegura Mendoza.

Los beneficios del Break Dance
Fátima Moreira, responsable de género de Cefodi, explica que la terapia ocupacional a través del baile aporta grandes beneficios para los adolescentes.

“El baile y los jóvenes que como él son parte de la misma actividad, se convierten en su grupo de interés, y les da la oportunidad de emplear su tiempo libre en algo productivo, que lo hace sentirse valioso, querido y productivo”, señala Moreira.

Moreira añade que el baile se convierte en una forma de terapia que fomenta su crecimiento personal, le permite encontrarse con su yo interior y fomenta el desarrollo de la solidaridad.

“La actividad tiene una esencia socioeducativa que es cultivada desde la esencia individual y colectiva. El joven aprende a organizar su tiempo y establece un balance de prioridades, de tal manera que es capaz de llevar sus estudios y sus actividades extracurriculares de forma paralela. Además, se convierte en un capacitador a largo plazo que transmite su saber a otros”, enfatiza Moreira.

Hoy, el grupo OSB se ha ganado un espacio en la cultura nicaragüense e internacional, y ha transformado la forma de ver el Break Dance en nuestro país.

“El Break Dance no es un baile de vagos, como otros piensan. Es una expresión artística que ha ayudado a que muchos de nosotros tengamos un sueño por el cual luchar y nos mantengamos al margen de los vicios que nos rodean”, dice Bryan Steyer Zamora, de 17 años.