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El padre Marlon Pupiro García, párroco fallecido de la “La Concha” se habría comunicado con Aníbal Ballesteros Martínez, el propietario del centro recreativo La Borgoña, horas antes de morir a manos de Yazker Blandón Torres, el 20 de agosto de este año.

Así lo dijo el mismo asesino confeso, condenado a 30 años de prisión, ante las autoridades policiales, a  las 6:30 minutos de la mañana del domingo 28 de agosto de este año, durante su primera declaración, de la que EL NUEVO DIARIO obtuvo una copia.

“Siempre que el padre llegaba a La Borgoña me llamaba por teléfono… según él, para que lo atendieran bien”, fue lo que dijo Ballesteros a las autoridades de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) de la Policía, según su declaración, de la que también obtuvimos una copia, sin embargo, el empresario negó que la madrugada fatídica del crimen haya existido comunicación entre él y el religioso.

Una de las interrogantes más grandes que circundan la muerte del párroco es, precisamente, quién o quiénes se comunicaron con él antes que fuese asesinado.

Feligreses y personas que laboraban en la iglesia de “La Concha”, al momento de la desaparición del sacerdote, dijeron que este había recibido llamadas telefónicas la noche del 19 de agosto, y habría salido del lugar, luego de celebrar una boda. Este punto no había sido confirmado por las autoridades policiales, quienes tampoco dieron información sobre el paradero del celular del religioso

El abogado de la familia del padre Pupiro, Pablo Fletes, ha dicho que no hay pistas del paradero del celular del clérigo, pero que el Protocolo de Internet (IP) del aparato fue reconocido, y pertenece a la empresa telefónica Movistar. “Tengo entendido que Yazker utilizó su chip en el teléfono del padre”, aseveró Fletes, quien en una acusación particular pidió ampliar las investigaciones del caso.

La declaración de Yazker
Yazker Blandón, dijo “aquí estoy”, a las autoridades policiales de la Estación III, la tarde del sábado 27 de agosto, luego de desaparecer desde el martes 23. Sabía que sería capturado en cualquier momento, pues había dejado huellas digitales en un galón que había llenado de gasolina, ya que había planificado quemar el cuerpo del prelado.

El victimario dijo que llevaba nueve años trabajando en La Borgoña, de manera temporal, y sin devengar un salario. Cuenta que el pasado 19 de agosto llegó a las nueve de la mañana a dicho negocio para realizar su turno de 24 horas, por lo que tendría que salir a la misma hora, pero del día siguiente. Sin embargo, esa jornada no fue normal.

Ese período le tocó compartirlo con el cajero Bismarck Rafael Vallecillo y con el cocinero Daniel García Sarmiento, pero a eso de las seis de la tarde hubo cambio de cajero y asumió el puesto Nelson Alberto Corea.

Relató que entre esa hora y la media noche de ese día se presentaron nueve personas, de las cuales se quedaron cinco que habían rentado habitaciones. En la habitación número dos se quedaron dos personas del sexo masculino, mientras que en la número tres se hospedaron tres clientes, dos varones y una mujer.

La llegada de Pupiro
A eso de las una de la madrugada del 20 de agosto, Yazker dice haber agrupado cinco sillas que ubicó a pocos metros de la entrada principal del negocio para acostarse sobre ellas y quedarse dormido, lo mismo hizo el cajero Corea, pero en una hamaca. Media hora después, el cajero despertó a Yazker porque había llegado un cliente que había pedido una cerveza.

El cliente se había sentado en una de las sillas de la mesa número tres, ubicada en el costado izquierdo del negocio. Cuando le llevó la cerveza se percató de que se trataba del padre Marlon Ernesto Pupiro García, párroco de la Iglesia María Inmaculada Concepción del municipio “La Concha”. El sacerdote le preguntó por un trabajador del lugar de nombre Pedro, a lo que Yazker respondió que este ya no laboraba en el sitio.

Luego Pupiro pidió la segunda cerveza y solicitó al mesero que se sentara en la silla, ubicada al costado derecho de la mesa. Volvió a preguntar por Pedro, y Yazker dio la misma respuesta. Seguidamente, pidió un paquete de cigarros Marlboro, una cajetilla de fósforos y la cuenta de lo consumido. El consumo fue de 117 córdobas. El padre les regaló una gaseosa al mesero y al cajero, y luego prosiguieron conversando en la mesa.

Según el asesino confeso, el padre le habría dicho que estaban obligados a “atenderlo como rey” porque así lo ordenaba el propietario de La Borgoña. Esto fue en parte confirmado por el propio Anibal Ballesteros en declaraciones a EL NUEVO DIARIO.

Frecuentaba La Borgoña en la madrugada, dice su dueño
El 23 de agosto de 2011, Aníbal Ballesteros Martínez, de 52 años, y dueño de La Borgoña, declaró ante la DAJ que conocía a Pupiro desde hacía dos años, cuando el antiguo párroco de la iglesia de Nindirí, padre Óscar Calero, se lo había llegado a presentar al negocio.

En ese encuentro, señala Ballesteros que se tomaron un par de tragos para socializar.

“Después de esto, el padre Pupiro continuó llegando a La Borgoña, pero sus visitas siempre las hacía a la media noche o en la madrugada, buscando que no hubiera clientes en el negocio. Llegaba alrededor de dos veces al mes. En una ocasión me quedé en el negocio, lo vi llegar con dos o tres personas más, con aspecto humilde, no recuerdo sus descripciones, ni quiénes son, pero andaban en una camioneta blanca, doble cabina”, aseveró Ballesteros.

Las intrigantes llamadas
Yazker continúa diciendo que Pupiro hizo una llamada, y al terminarla le comunicó que ya había informado a Ballesteros que estaba en el bar.

El padre  “decía que teníamos que atenderlo como rey, ya que el señor Ballesteros le ha ordenado a todo el personal (eso), y que si quería más pruebas, iba a llamar a Ballesteros para decirle que ya los invité a una gaseosa a cada uno. El padre realiza una primera llamada, se puso el celular sobre su oreja, no logré escuchar que (si) tuvo comunicación, pero este, una vez que se quita el teléfono (del oído), me dijo que ya le había dicho a Ballesteros (que los había invitado) y que me daría 200 córdobas a lo que dije que estaba bien”, declaró Yazker.

Ballesteros confirma que las llamadas de Pupiro eran frecuentes en la madrugada, y aunque al inicio de su entrevista afirma que en su celular estaba registrado el número telefónico del párroco, dice que esa madrugada del 20 de agosto no respondió llamadas de nadie, sin aclarar si había al menos llamadas perdidas del religioso.

“Yo no me levanto revisando si alguien me llamó… sí, algunas veces él (Pupiro) me llamaba para que le dijera a los meseros que lo atendieran como rey”., dijo Ballesteros.
 “... Siempre que el padre llegaba a La Borgoña me llamaba por teléfono… según él, para que lo atendieran bien, hace unos cuatro meses me llamó como a las dos de la mañana, siempre para que lo atendieran bien, le dije que no me anduviera llamando tan tarde, y él me dijo que yo era dormilón”.

Ballesteros, quien tenía entre sus contactos el número del padre Pupiro, según declaró él mismo ante la Policía, supo que el religioso había desaparecido de su parroquia, pero no se preocupó por saber para qué, supuestamente, lo había llamado la madrugada del 20 de agosto.

Por su parte, Yazker añadió en su declaración que luego de que el padre le dio el dinero, le propuso “que me va a esperar en la parte trasera, a orilla de la piscina, es cuando el padre se levanta y yo me percato de que la camioneta la tenía estacionada a orilla de la entrada de la cocina, era una camioneta doble cabina, color blanco, marca Mitsubishi”.

¿Dormicún fue usada?
Según el victimario, el padre abordó la camioneta y pasó por el costado de las nueve habitaciones del lugar, y la estaciona sobre la grama que está detrás de la piscina, mientras que el mesero se trasladó caminando por un pasillo del rancho hasta llegar a donde el cliente. En este momento el religioso apaga el motor del vehículo, le entrega las llaves del mismo a su victimario y lo invita a una cerveza.

“Momento que logro pensar que es el tiempo oportuno para robarle todas las prendas y el dinero que andaba el padre, pero para realizar dicha acción tenía que asegurarme de que no se diera cuenta. Procedo a sacar del interior de mi cartera de cuero, color café, donde andaba tres pastillas de color celeste, que las conozco con nombre de Dormicún, dichas pastilla las compré en la farmacia que está ubicada en el Mercado ‘Roberto Huembes’, de la entrada a la Cotrán unos 800 metros al sur”, dijo Yazker.

El victimario dice que puso una pastilla en la cerveza que le llevó al religioso, y que él se tomó la otra cerveza. Cuando fue en busca de dos más y regresó, se encontró conque Pupiro ya estaba dormido en el asiento trasero de la camioneta, por lo que procedió a requisarlo, encontrándole una cartera en el tobillo izquierdo, de donde sacó seis billetes de 200 córdobas. Yasker fue a ver al cajero, quien estaba dormido en una hamaca.
“Como yo andaba la llave de la camioneta del padre, pongo en marcha el motor con el fin de ir a dejarlo a La Concha, saliendo del centro recreativo a las 4:20 minutos de la mañana”.

 

Más dudas razonables

EL NUEVO DIARIO visitó el  lugar señalado por Yazker como la  farmacia “Jerusalén”, en la cual obtuvo las pastillas de Dormicún.

Ahí su propietaria, quien prefirió no identificarse, aseguró que no pudo haber vendido dicho producto, porque no cuenta en sus inventarios con el mismo, y, además, ese tipo de tabletas no se le venden a cualquier persona.

“Esas pastillas solo las manejan las cadenas grandes, y solo se venden con receta médica”, aseveró la dueña de la farmacia.

 

(Con la colaboración de Ernesto García)