•   Petén, Guatemala  |
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A Uaxactún --Uachactún como se pronuncia-- se le conoce como la tierra del chicle y no es en vano, pues aquí, como en gran parte de la Reserva de Biosfera Maya, desde principios del siglo IXX, la gente llegó con la fiebre del llamado “Oro Blanco”, para cuya obtención no era necesario cavar, sino hacer sangrar al árbol de chico zapote, cuyo nombre científico es manilkara zapota.

Las leyendas sobre la riqueza que obtenían los chicleros, después de varios meses escalando hasta la parte alta de los troncos, picando los árboles, sentados en una especie de columpio que hacían subir y bajar con poleas, son muchas. Está, por ejemplo, la de aquel que cuando la leña se le humedeció y no tenía con qué hacer un café, sacó un fajo de billetes, les prendió fuego y se hizo el café más caro del lugar.

Sin embargo, la riqueza que generaba el chicle decayó cuando fue descubierto un sustituto a partir del petróleo, que es mucho más barato. Así, las personas que habitaban Uaxactún --cuyo nombre significa ocho piedras, pues los arqueólogos que la descubrieron encontraron en repetidas ocasiones tallado ese número en maya-- comenzaron a trabajar en empresas madereras e iniciaron agricultura de subsistencia.

La maderería resultó decepcionante

Al concluir el conflicto armado en 1990, eran muchas las personas que deseaban apoderarse de las tierras de este sitio para fines agrícolas, y fue gracias a la gestión y visión de los comunitarios y organismos donantes, que el Estado guatemalteco les brindó una concesión de aprovechamiento para 25 años prorrogables, pero al no contar con mucha madera para exportar, se han convertido en un ejemplo del aprovechamiento del bosque a partir de recursos no maderables.

Fue en busca de este ejemplo que llegaron hasta el lugar líderes y representantes de las comunidades indígenas de la Región Autonóma del Atlántico Norte (RAAN) de Nicaragua, que participaron en el intercambio de forestería comunitaria organizado por el servicio alemán de cooperación social-técnica (DED).

Por ahora, el chicle continúa siendo uno de los rubros más importantes para la economía de Uaxactún, y su principal mercado es Japón, donde la resina es utilizada no sólo para fabricar las aburridas gomas de mascar, sino también para los más divertidos preservativos.

Quieren fabricar la goma de mascar

El quintal de chicle se vende a unos 202 dólares, y el año pasado fueron vendidos un total de tres mil 77 quintales provenientes de las 23 cooperativas que integran la Asociación de Cooperativas Forestales de Petén (Acofop), manifestó el señor Erick Cuéllar. El reto es no sólo incrementar las exportaciones, sino lograr fabricar la goma de mascar y otros productos en el mismo lugar donde se producen las materias primas.

“Una ventaja para nuestra propia transformación del chicle ya está dada porque formamos parte del Consejo Nacional del Chicle (Conachi). Aunque no tenemos incentivos para la producción chiclera, y la legislación en la materia esta desactualizada, nuestro reto es no dejar perder la cultura de aprovechamiento del chicle, porque cada vez hay menos chicleros, y sin ellos de nada valdrán la apertura de mercados”, afirmó el señor Cuéllar.

Xate, para el mundo

El xate (chaté) es una palma que crece al ras del suelo en medio del bosque, la cual es exportada para fines ornamentales, ya que tiene la ventaja de permanecer verde durante tres meses después de su corte.

Son tres las especies de xate que se exportan desde aquí, como parte de los recursos forestales no maderables: el xate macho (chamaedorea oblongata), el xate hembra (chamaedorea elegans) y el xate cola de pescado (chamaedorea ernesti augustii).

Vicente Núñez, encargado del vivero de xate --que inició la Organización de Manejo y Conservación (Omyc), dueña de la concesión forestal de Uaxactún-- señaló que la intención de dicho vivero es preservar y reforestar las zonas boscosas donde el recurso es aprovechado.

“En la región siempre se ha tenido una cultura de xate, y desde hace más de ochenta años se aprovechan estas palmas, pero nos dimos cuenta de que sólo estábamos aprovechando y deteriorando la especie, y que un día nos quedaríamos sin ella, así que iniciamos este vivero en el que involucramos a los niños, porque ellos son los sucesores y dueños de este recurso, ellos heredarán esta tierra y deben amar lo que produce”, comentó el señor Núñez.

Si bien desde los años sesenta Estados Unidos y la Unión Europea son los mercados más importantes para el xate, éste es reexportado a otros países como Canadá, China, Japón y Singapur. Gracias a la demanda que tiene, el aprovechamiento del xate es un ingreso permanente para las economías familiares de Uaxactún.

“Actualmente buscamos calidad para diferenciar nuestro producto y encontrar mejores mercados, porque no todos los comunitarios están integrados en Omyc, y siguen vendiendo a precios más bajos a los intermediarios”, afirmó el señor Núñez.

Pimienta y ramón

Otros productos que están siendo aprovechados por Acofop, sobre todo en Uaxactún, son la pimienta gorda y el ramón (brosimum), que en Nicaragua conocemos como ojoche.

La cosecha de pimienta se da entre julio y septiembre. Antiguamente, los mayas --que gobernaron esa región-- la utilizaban para embalsamar los cuerpos de sus difuntos, como planta medicinal y para dar sabor a sus alimentos. Se exporta en tres presentaciones: la fruta seca entera, molida o como aceite. Este último se usa para fabricar productos de belleza y perfumería.

Los árboles de pimienta son aprovechados en ciclos de tres a cinco años, y no es que sean cortados por completo, sólo se cortan las ramas secundarias que son “despenicadas”, es decir, se le arrancan los pequeños frutos, luego se les seca, primero en horno y luego bajo el sol.

Pero sin duda, la revolución en el lugar la está creando el ramón, un fruto ancestral que se encuentra presente en 15 de los 22 departamentos que conforman Guatemala y es un tesoro del bosque, porque de él se aprovechan fruto, follaje, ramas, semillas, resina y madera.

“El follaje, la corteza y las ramas son usados como forraje para ganado. El fruto y la semilla para consumo humano y animal, el látex o resina para fines medicinales, y la madera es apta para construcción y para leña. La ventaja es que el árbol es resistente a la sequía y da frutos durante todo el año”, explica Héctor Aldana, miembro de Omyc.

Cazando pavos

Otro proyecto que está dejando muy buenos ingresos para los habitantes de Uaxactun, cuya propiedad en concesión colinda con el parque arqueológico de Tikal, es la cacería de pavos (maleagris ocellata).

Héctor Aldana, encargado de ejecutar el proyecto piloto de cacería de pavos, explicó que el mismo se inició para detener la cacería local que estaba acabando con la vida de 240 a 250 pavos por año.

“Aquí todo el mundo entraba al bosque y cazaba pavos para comer o para comercializarlos por 70 quetzales (10 dólares), y los pavos estaban cada vez más escasos. Entonces, en una reunión, propusimos que los comunitarios dejáramos de cazar pavos y contactáramos a empresas que traen turistas que practican caza deportiva, y que nos pagaran por pavo cazado. La idea fue bien acogida, y por cada pavo, de los cinco que se sacrificaron para ver la viabilidad del proyecto piloto, nos pagaron mil 500 dólares”, afirmó Aldana.

A partir de este año, la cuota de pavos para cazar será de 15 pavos machos. Es importante destacar, dijo Aldana, que gracias al pago de mil 500 dólares, los comunitarios ahora evitan cazar los pavos, porque para ellos son ingresos que se ven reflejados en la comunidad, ya que con lo que se gana por este rubro se subsidió el pago del servicio de agua potable de todos los comunitarios y se apoya la educación pagando más maestros.
Muñecas de la selva maya
Si bien la naturaleza y la belleza escénica que posee Uaxactún son sus atractivos fundamentales, la identidad de este sitio esta dada por la laboriosidad de sus mujeres, quienes fabrican las muñecas de la selva maya, con tusa y adornadas con otros productos provenientes del bosque, como hongos y mimbre.

Reina Isabel Valenzuela es una de las mujeres de Uaxactún que se dedica a la elaboración de las muñecas, y dice orgullosa que la venta de éstas, junto al aprovechamiento no maderable del bosque, les ha permitido que sus hijos se eduquen mejor en la escuela primaria local, donde la comunidad paga como beneficio adicional de la concesión dos maestros, que apoyan el trabajo del único maestro que paga el Estado guatemalteco.

“Tenemos muchachos estudiando la secundaria, este año salen cuatro del tercer año básico, y el sueño de todos es que sigan preparándose, para que más preparados se encarguen de velar por el bosque”, dijo la señora.