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I ENTREGA

El objetivo general de este estudio, Espiritismo, Luz y Verdad del General Augusto C. Sandino, es para enriquecer el patrimonio cultural del pueblo nicaragüense, y así fortalecer los valores de abnegación espiritual, de honradez moral, de amor a la Patria y a su gente humilde, de la defensa de la libertad y de la soberanía de los pueblos latinoamericanos y del mundo.

Si de algo podemos sentirnos orgullosos y con motivos de sobra la familia y descendencia del general Augusto C. Sandino, es de pertenecer a esta gloria de Nicaragua y de los pueblos latinoamericanos.

Con este afán estamos dando continuidad a la labor que el general Sandino inició con las cooperativas en la zona de Wiwilí antes de su asesinato.

Es derecho del pueblo nicaragüense y deber de la descendencia del general Augusto C. Sandino, salvaguardar, proteger, transmitir y proyectar todo indicio que conlleve la toma de conciencia de la vida e historia del gran protagonista iniciador de toda la gesta libertadora en nuestro país.

Repercusiones en la Eternidad

Desde muy temprana edad me he interesado por todo lo relacionado con la vida, el pensamiento y la obra de mi abuelo, ya que siento un inmenso orgullo por él y por sus contemporáneos.

Ha sido a través de mi familia y de quienes lo conocieron personalmente, que tengo estas referencias.

Por ejemplo, de mi señora madre Blanca Segovia Sandino Aráuz, de mi tío Pedro Antonio Aráuz Pineda y del coronel Santos López, quienes me aseguraron que él era un hombre de creencias superiores y que siempre les decía que nada en esta vida era producto de la coincidencia o de la casualidad, que lo que hiciéramos en este mundo mientras la materia del cuerpo tuviera vida, tendría repercusiones en la eternidad de nuestro Espíritu.

Me interesé por conocer su pensamiento espiritual, porque estoy convencido que él tomaba esas ideas muy en serio y creía en ellas genuinamente, ideas que lo inmortalizaron.

Éste es uno de los aspectos más importantes de la vida y obra de mi abuelo que aún está sin revelarse. Porque, al parecer, detrás de aquel hombre pequeño y humilde que le puso freno a la intervención norteamericana en Nicaragua, se escondía un espíritu misionero venido a esta tierra para impartir justicia, que él mismo se encargó de predicar a través de sus manifiestos y múltiples cartas, dadas a conocer públicamente a sus familiares y más allegados.

Siempre y más allá…

Él siempre fue muy cuidadoso en lo que concierne a la difusión de sus ideas espirituales.

Un día y en vísperas de realizar un viaje a Venezuela en correspondencia a una invitación que me hiciera el Parlamento Andino, con motivo de develar un busto de mi abuelo, recibí un correo de una de las Cátedras de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (Emecu) en ese país hermano.

Ahí, entre otras cosas me decían lo siguiente: “Ante todo, nuestros más respetuosos saludos y un honor para nosotros hacer contacto con usted, por lo que su abuelo significa y significará por siempre y más allá para toda nuestra humanidad.”

Yo había navegado cientos de horas por internet en busca de la verdad y del verdadero pensamiento Espiritual de mi abuelo. Había escrito muchas cartas a periódicos, revistas e historiadores que han publicado artículos relacionados con él.

También lo hice con los masones y las Cátedras de la EMECU en todo el mundo, pero nunca tuve respuestas a mis inquietudes. Sin embargo, este correo me llamó mucho la atención, pues lo consideré un claro mensaje de este capítulo venezolano de la Emecu.

Nada es coincidente…

Ahí pude constatar una vez más lo que siempre decía mi abuelo, referente a que nada en este mundo es producto de la coincidencia o de la casualidad.

Fueron palabras muy impresionantes para mí, y desde entonces me he dedicado a tiempo completo al estudio de esta Escuela, de la cual he recibido libros, fotos, documentos y correspondencia inédita de mi abuelo.

Pude conocer que él no solamente fue un miembro o un simpatizante más de estas Hermandades Universales, sino que ocupó cargos muy importantes dentro de ellas, pues en los Masones alcanzó el Grado 33 (máxima denominación dentro de esa organización); en la Emecu fue el Celador General para Nicaragua (director del Capítulo 49 en Nicaragua).

Durante mi viaje a Venezuela, del 13 al 16 de marzo de 2007, tuve la oportunidad de visitar la Emecu, y allá comprobé el grado de admiración que entre los miembros de esa fraternidad sigue despertando mi abuelo.

El actual director de la escuela es el maestro Víctor Rolando Trincado, nieto de su fundador, con quien tuve la oportunidad de conversar por teléfono. Ahí, en Venezuela, pude conocer el sello, el calendario, los libros, el emblema y el significado de los colores de la bandera de la Emecu de siete colores.

Penitencia cósmica

Asimismo, pude también visitar la “Gran Logia de la Gran Colombia”, a la cual pertenecieron el Libertador Simón Bolívar, el general Francisco de Miranda y el general Antonio José de Sucre, entre otros.

Mi abuelo estaba convencido de que la Tierra era una especie de penitencia cósmica, que el hombre nació de la quinta esencia, y de él formaron cuerpos de hombres los espíritus que venían desterrados de otros planetas, que habían recibido su juicio de Mayoría (Neptuno).

Que el Dios todopoderoso y misericordioso, envió a 29 espíritus misioneros a este planeta para redimirnos, y también decía que estos espíritus han estado con nosotros por siglos a través de una cadena transmigratoria de espíritus.

Él estaba convencido de que esos 29 espíritus poblaban a los campesinos que conformaban el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. El hecho de interpretar eventos en retrospectiva es una acción muy normal en nosotros los humanos y es bastante típico de figuras proféticas.

En una de sus cartas se puede leer que su entrada a Jinotega en mayo de 1927, a la cabeza de 29 jinetes, debería ser interpretada como los 29 espíritus misioneros de que habla la Emecu en su doctrina espiritual.

Esas palabras me han conmovido mucho desde que las escuché, por venir de este notable estadista latinoamericano.

Figura de muchos perfiles

Hay quienes piensan que la historia de mi abuelo no debe tener una sola versión oficial, porque se le ha atribuido defectos y cualidades, de una personalidad controversial, de loco, bandolero, patriota, nacionalista, comunista, anarquista, masón, y como una especie de profeta-mesiánico que llegó a creerse encarnación divina.

Pero pregunto: ¿Qué de malo es ser un hombre de fe, creyente en un Dios todopoderoso y en el poder incontrastable de sus designios, envuelto en toda esa filosofía que muchos de nosotros aún desconocemos? Sus acciones estaban muy ligadas a sus ideas y aun sus peores enemigos tuvieron que rendirle el sombrero y reconocer que él tuvo toda la razón. Ha quedado en la historia como un hombre bueno y valiente, de grandes ideas y de mucho valor personal y social, pues la Historia al final le ha dado la razón.

La espiritualidad de mi abuelo está muy bien fundamentada, en gran parte por las abundantes cartas enviadas a sus familiares y contemporáneos, sobre la visión del mundo y en su visión sobre su propia misión, así como de su lugar en la historia de la humanidad.

Siempre apeló a un Creador Único, que no es el Dios de determinada religión, que está de su lado y no del lado de los que él identifica como opresores.

Al parecer, la espiritualidad siempre ocupó un puesto muy importante en su pensamiento, pero es a partir de 1930 que la lucha de mi abuelo contra los marines estadounidenses y los traidores locales se convirtió en una lucha cósmica entre el Bien y el Mal.