•   Petén, Guatemala  |
  •  |
  •  |
  • END

Desde lo alto de las Pirámides, sólo basta hablar en voz alta para que el eco retumbe por todo el bosque. El manejo de la acústica utilizado en la construcción de estas gigantescas estructuras es impresionante, e influyó para que uno de mis acompañantes, Gregorio Downs, se inspirara y comenzara a recitar Caupolicán desde lo alto de la Pirámide del Gran Jaguar, en honor a quienes la construyeron.

He de decir sin embargo, que no fui la primera en subir los 106 escalones hasta la cima de la Pirámide del Gran Jaguar, por varias razones.

La primera, no me inspiraban mucha confianza los escalones de madera que se mecían al paso de los turistas, a cincuenta metros de altura; dicha escalinata fue colocada por los encargados del Parque para evitar el deterioro que ocasionaban a las escalinatas originales de piedra, los más de 300 mil turistas que visitan este lugar cada año.

Condena a muerte
La segunda, porque temía que mi cuerpo sedentario se rindiera antes de llegar a la cima. Fue gracias al entusiasmo demostrado por mi fotógrafo Manuel Zapata --quien casi dobla mi edad-- que no claudiqué, y terminé escalando esta pirámide y la más alta, la de la Serpiente Bicéfala, donde los escalones estaban más fuertes.

De acuerdo con los guardaparques del lugar, la escalada obligatoria hasta la cima que ahora hacen el 95 por ciento de los turistas en su visita a Tikal, era una segura condena a muerte en el tiempo que la civilización Maya gobernaba este territorio.

“A la cima de las pirámides únicamente subían los reyes, los brujos y las doncellas que serían sacrificadas; en pocas ocasiones subieron a la cima de las pirámides jóvenes guerreros, a quienes se les reconocía algún acto de valor. Pero eso era algo inusual; estar en la cima y hablar desde ella era un símbolo de poder y autoridad”, expresó el guardaparques.

El Parque Arqueológico Tikal tiene 576 kilómetros cuadrados de extensión, y está ubicado en el departamento de Petén, al norte de Guatemala. Si bien sus estructuras dan fe de lo avanzada que estaba esta civilización, el bosque durante varios siglos se encargó de resguardar las estructuras del saqueo arqueológico.

De 1956 a 1969, investigadores de la Universidad de Pennsylvania, comenzaron a descubrir las estructuras. Su trabajo minucioso hizo que este sitio se ganara el título de la mayor excavación arqueológica de América, un trabajo que continúa aún el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, a cargo del resguardo de este patrimonio.

Cientos de montículos que se observan cuando se camina en medio de los senderos --escuchando las aves y huyendo de uno que otro mono travieso que quiere bañarnos con sus orines--, son pirámides o templos ceremoniales que aún no han sido descubiertos y están soterrados con árboles centenarios creciendo sobre ellos.

En las pirámides se observan los glifos o emblemas de la ciudad. Ésta es una particularidad de Tikal, que de acuerdo a los estudiosos, fue la primera ciudad que declaró tener un glifo emblema, una práctica que fue adoptada después por otras Ciudades-Estado mayas.

De templo en templo
El templo principal del lugar es el Templo del Gran Jaguar, también llamado Templo I. Su construcción data del año 700 y fue erigido bajo el mandato de Hasaw Cha´an Kawil. Frente a éste se encuentra el Templo II, llamado también Templo de las Máscaras o Pirámide de la Luna, donde fue enterrada la esposa de ese gobernante. Rodeándolos y creando una plaza, están estructuras más pequeñas donde yacen enterrados los primeros señores de Tikal.

El Templo IV o de la Serpiente Bicéfala es el de mayor altura. Desde él se pueden observar las cúspides de las demás pirámides y toda la masa boscosa que hay en Tikal. Sólo observar la inclinación de las gradas frontales --por donde subían las autoridades para realizar sus actos religiosos--, provoca vértigo.

Durante nuestra visita a esta pirámide, se le estaba dando mantenimiento, y a su alrededor había una estructura metálica que debimos sortear para sentarnos a descansar y observar parte del gran territorio maya.

Lo ideal para no perderse en medio de la Selva es seguir los senderos, pues todos llevan estructuras como templos y estelas que eran usadas por los indígenas.

A la fecha, Tikal, en Petén, es un punto de reunión para las tribus descendientes de los mayas que habitan Guatemala, quienes cada año, el 12 de octubre, realizan vistosos rituales en este sitio que consideran sagrado, pues guarda los restos de sus antepasados.

La entrada al Parque Arqueológico Tikal tiene un costo de 150 quetzales (21 dólares) para extranjeros y de 25 quetzales (3.50 dólares) para los guatemaltecos. El boleto es para la gira de un día, pero los guardas aseguran que si uno desea conocer a fondo sobre la naturaleza, historia y avances en las excavaciones arqueológicas que se han hecho, lo ideal es visitar el sitio durante una semana completa.