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II Y ÚLTIMA ENTREGA

En los documentos que poseemos nos podemos dar cuenta que el general Augusto César Sandino sólo le tocaba el tema a gente muy cercana y de mucha confianza, gente con quien sentía afinidad magnética.

Desde el inicio de su lucha contra los marines, mi abuelo utiliza la imagen de David contra Goliat, al igual que el periodista y escritor mexicano Emigdio Maraboto en su libro “Sandino ante el Coloso”, pero como la espiritualidad no calzaba bien para sus detractores, sale la publicación “El Verdadero Sandino o el Calvario de Las Segovias”.

Las doctrinas de mi abuelo se sintetizan en la existencia del Creador Único, la comunicación del espíritu, la reencarnación y la pluralidad de mundos habitados.

Toque cósmico
Fue a partir de estas ideas y conocimientos que mi abuelo sufre un considerable cambio en sus criterios filosóficos y políticos, pero no necesariamente en sus contenidos, sino más bien un cambio en su apreciación de lo cósmico y lo espiritual, pues él continuaba demandando que los yanquis se retiraran de suelo nicaragüense.

Es a partir del 15 de febrero de 1931 que mi abuelo define su pensamiento espiritual, expresado ampliamente en su Manifiesto Luz y Verdad, que textualmente, y entre otras cosas, dice lo siguiente: “Impulsión Divina es la que anima y protege a nuestro Ejército desde su principio, y así lo será hasta su fin. Ese mismo impulso pide en Justicia de que todos nuestros hermanos miembros de este Ejército principien a conocer, en su propia Luz y Verdad, de las leyes que rigen el Universo.

“Pues bien, hermanos: Todos vosotros presentís una fuerza superior a sí mismos y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuerza invisible tiene muchos nombres, pero nosotros la hemos conocido con el nombre de Dios. Seguramente que entre vosotros hay muchos quienes han querido encontrar la oportunidad de quien les explique estas cosas tan hermosas”.

Según los especialistas, existen otras evidencias del cambio de ideas filosóficas de mi abuelo, cuando sustituyó el lema de “Patria y Libertad” por el de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (Emecu), que reza “Siempre y más allá”, lema que tanto acostumbraba a escribir en los documentos durante los primeros cinco años de lucha.

Origen del cambio
Pero se desconoce el verdadero motivo que tuvo mi abuelo para realizar estos cambios filosóficos.

Si conocemos que fue en 1932, inmediatamente después de firmados los acuerdos de paz, que mi abuelo forma su propia “comuna” a las orillas del río Coco, este proyecto no fue más que el inicio del “gobierno del espiritismo” y la denominada “Sociedad de ayuda mutua y de fraternidad universal”, una especie de paraíso terrenal, que en realidad no era más que la creación de una comunidad ejemplar digna de ser imitada en todo el mundo.

Lógicamente esto significaba una verdadera amenaza a los intereses de quienes él consideraba los imperialistas de la tierra.

Es así que en su Manifiesto “Luz y Verdad”, del 15 de febrero de 1931, dirigido a los miembros del glorioso Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, dice lo siguiente: “Cábenos la honra, hermanos, de que hemos sido en Nicaragua los escogidos por la Justicia Divina a principiar el juicio de la injusticia sobre la tierra. No temáis, mis queridos hermanos; y estén seguros, muy seguros y bien seguros de que muy luego tendremos nuestro triunfo definitivo en Nicaragua, con lo que quedará prendida la mecha de la Explosión Proletaria contra los imperialistas de la tierra”.

Es ahí donde mi abuelo iza por primera vez la bandera de la Emecu, de siete colores (Unión Hispano-Américo-Oceánica), junto a la bandera nicaragüense y le pide a líderes de estas cátedras en México que le envíen a alguien que pueda llegar a Las Segovias a predicar las doctrinas de la Escuela a los campesinos.

Esto lo podemos corroborar en cartas de mi abuelo dirigidas a Joaquín Trincado, y también en otras cartas que envió a sus contemporáneos, con el objetivo de que sus principales jefes se convencieran de sus creencias y pensamientos.

Un ejemplo práctico de la creencia genuina de mi abuelo en estas ideas lo podemos ver en la carta que le escribiera al general Pedro Altamirano el dos de enero de 1930, donde le dice textualmente lo siguiente: “Muy querido hermano: Tenga usted presente y los demás hermanos que se encuentran en esta lucha, de que soy yo simplemente, nada más que un instrumento de la justicia divina para redimir a este pueblo, y que si yo necesito de algunas de las miserias que existen en la tierra, es por que tuve que venir ante ustedes nacido también de mujer y presentármeles lleno de las miserias humanas a como todos lo estamos en este mundo terrestre, pues en otro caso no podrían ustedes haberme creído si yo no hablara y estuviera lo mismo que ustedes”.

Contra la ley del amor
En otra carta dirigida al coronel Abraham Rivera, el día 14 de octubre de 1930, mi abuelo explica su punto de vista sobre el origen de la vida y el cosmos, textualmente, y entre otras cosas, se puede leer: “La injusticia viene del desconocimiento de las leyes divinas, cuando la humanidad estaba en embrión, y por lo mismo, la injusticia no tiene razón de ser, porque es contra la ley del amor, única que reinará sobre la Tierra, cuando la fraternidad humana venga y los hombres sean de Luz, como es el mandato del Padre Creador...

“La Tierra produce todo lo necesario para la alegría y comodidades del género humano, pero como hemos dicho que por largos millones de siglos la injusticia se enseñoreó sobre la Tierra, y las grandes existencias de lo necesario para la vida del género humano han estado en manos de unos pocos señorones, y la gran mayoría de los pueblos, careciendo hasta de lo indispensable, y quizás hasta se han muerto de hambre, después de haber producido con su sudor lo que otros derrochan con francachela.

“Pero ya habrá justicia y la guerra de los opresores de pueblos libres será matada por la guerra de Libertadores, y después, como habrá justicia y como consecuencia habrá paz sobre la Tierra”.

Un Sandino todavía más complejo.

Por años se mantuvo oculto que mi abuelo era un practicante de la masonería, y no sólo eso, sino que poseía el Grado 33 (máxima denominación dentro de esa organización).

Se ocultó, además, que fue durante su primera visita a México (1923-1926) que él conoció sobre el Espiritismo, Luz y Verdad, y es iniciado en Mérida, Yucatán, en la Cátedra Provincial número 40 “Luz y Verdad”.

Visita que lo marcó filosóficamente para el resto de su vida. También, como ya se ha mencionado, militó en la Escuela Magnético-Espiritual de la Comuna Universal, fundada en Argentina, el 20 de septiembre de 1911, por un electricista vasco llamado Joaquín Trincado Matheo.

Fungió como Director del Capítulo 49 en Nicaragua hasta el día que murió. Se dice que fue un amigo masón el que lo puso en contacto con la Cátedra de la Emecu, en México, y así con los escritos de Joaquín Trincado sobre la teoría de la formación del cosmos, el “espiritismo de Luz y Verdad”, el tema de la reencarnación, la formación de una Comuna Universal (una especie de paraíso terrenal) y otros planteamientos filosóficos.

El general Sandino fue masón antes, mediante y después de su relación con la Emecu. Su participación dentro de los masones no debe verse como una religión, sino más bien como una fraternidad o hermandad, y que comparte con la Emecu una serie de creencias y aptitudes.

Las diferencias entre ellas están basadas en el origen y la orientación de las ideas. Pues los masones tienen su origen en una sociedad autodenominada “los iluminados”, que creen en un Creador que todo lo sabe y lo dirige, que sus actividades por lo general están orientadas hacia este mundo.

Piensan que los conocimientos ocultos son accesibles solamente a un grupo selecto de individuos escogidos por ellos, y los instruyen hasta que tengan la capacidad de cambiar a otros seres humanos y la naturaleza del mundo en que vivimos.

En cambio, la Emecu tiene una fe absoluta en el progreso humano. Su orientación es filosófica y basada en conocimientos de esciencia, es decir, más allá de la ciencia y no material.

Tiene como fin la Comuna de Amor y Ley, sin parcelas y sin fronteras, donde el hombre no sea extranjero en ninguna parte, es decir, la fraternidad de todos los hombres de este mundo Tierra y de todo el universo.

El origen de la Emecu está en los escritos del Gran Maestro Joaquín Trincado, un seguidor de las ideas de un influyente espiritualista francés llamado Allan Kardeck.

Los masones son sociedades exclusivas para sus miembros, en cambio en las aulas de la Emecu sus puertas están abiertas para todo los que deseen conocer todo lo que en ellas se estudia, en las cuales no hay cabida a las creencias sino al convencimiento a través del razonamiento, analizando y estudiando sus axiomas, los que cada vez que se estudian e investigan más brillan en sus verdades, al contrario del dogma que al analizarlos a través del razonamiento se caen por sí mismos.


Sandino y la reencarnación
Mi abuelo se creía a sí mismo resultado de una reencarnación, pero nunca que yo sepa, él mencionó el origen de su espíritu, aunque sí lo hizo con el de mi abuelita Blanca Stella Aráuz, a quien en varias ocasiones se refería a ella como la reencarnación de la virgen María.

Mi abuelo creía en la comunicación telepática entre él y los más allegados; son muchas las cartas donde él relata distintos sueños que se convirtieron en realidad, creía fielmente en las premoniciones que le venían en sueños; creía también en los horóscopos, era partidario del yoguismo y cargaba en la bolsa de su chaqueta tierra de la sepultura de los Niños Héroes de Chapultepec.

Confiaba mucho en su intuición. Me contó en cierta ocasión mi tío Pedro Antonio Aráuz, que en una vez se iba a ejecutar a un individuo por supuestas faltas a la disciplina militar, pero la pistola se atascó varias veces, y mi abuelo ordenó que lo dejaran ir, porque eso era una evidencia de que el hombre era inocente.

He comprendido que mi abuelo era anticlerical porque consideraba que estas instituciones religiosas tenían una influencia excesiva y en ocasiones negativa en los asuntos políticos y sociales de nuestro país.