•  |
  •  |
  • END

Natividad Martínez Sánchez, una de las cuatro mujeres del Cua que sobreviven en condiciones de extrema pobreza, yace tendida en el catre de un cuarto en el barrio “Hugo Chávez”. Padece de cirrosis hepática y los estragos de la enfermedad son evidentes: su vientre se ve demasiado hinchado, está débil y le cuesta moverse. Su voz, que un día fue “un grito de parto que se oye por allá”, a veces es inaudible: sólo la fe en Jesucristo le da un aire fresco de esperanza.

Si no fuera por algunos sandinistas del barrio, y por las oraciones de evangélicos que la conocen, tal vez ya fuera parte de una historia que no llegará a las escuelas, porque el catálogo de héroes y de próceres criollos, escrito por las elites, ya está “completo”.

Adelayda Martínez, su hija, afirma que del actual FSLN en el poder, “no viene nadie a verla”. Pero ella, cuando “el amanecer era una tentación”, en aquellas oscuranas donde sólo las palabras de Carlos Fonseca, Carlos Agüero y Henry Ruiz ardían en su corazón para alumbrarse en la vida, no le cerraba las puertas a nadie, y más bien servía de guía para llevar guerrilleros de un campamento a otro, o a las comunidades, por puntos ciegos, evitando el soplo de un juez de Mesta, perdiéndosele a la Guardia Nacional y vadeando el peligro hasta donde podía.

“Ella está mantenida”, dice Adelayda. “Ésta es una enfermedad que no tiene cura, depende de cómo vaya evolucionando”. Pero doña Natividad, reducida en su cama, expande su convicción sin un gramo de rencor que atasque su fe: “¿Cuándo sale la foto?”, pregunta. Su fe parece diseñada por uno de esos grandes patriarcas bíblicos: se adelanta a la realidad, o la trata de construir: “Quiero llevar el periódico a la iglesia como testimonio, cuando me cure”.

Cristianos que la conocen, oran por ella. Y esta mujer del Cua, igual que hace 40 años, cuando sólo pedía un país donde reinara la justicia, hoy, a pesar de no ser una “pobre del mundo”, sino alguien que vive más abajo que eso, en la extrema pobreza de Nicaragua, lo más que demanda es una oración a Dios, en el nombre de Jesús, para su sanación.

Y ahí, en su lecho, con su dolencia, se acuerda de las noches cuando miraba a Carlos Fonseca en la montaña. Vestía de oscuro, dice. Y hablaba casi susurrando, porque eran días de hablar bajito.

La entrega que usted hizo a la causa, el sacrificio que hicieron las mujeres del Cua, de dejar sus casas y todo… ¿hoy se siente satisfecha o se siente abandonada después de lo que aportó?

Hasta cierto punto hay fallas. Hay cosas que se cumplieron, pero la pérdida que hubo (electoral), luego tres gobiernos que fueron pasando y se fueron terminando las cosas. Y ahorita, por lo menos, si acaso hay corazón de ayudarle a uno…

¿Valió la pena toda la lucha y el riesgo de morir? porque no la vemos en una mansión ni en una camionetona.

Se quedaron ricos los que ya andaban con ese pensamiento, pero nosotros no luchamos con ese pensamiento, sino con el pensamiento del amor.

¿Nada que se arrepiente de haber entregado su juventud a esta causa?

Pues fíjese que no. Voy a morir y muero feliz. Le digo a mis hijos, el que quiere, que siga adelante, porque, para qué… pero que yo ande negando una cosa, no.

¿No se metió a apoyar a la guerrilla y andar trasladando a los guerrilleros, y pasando penas y sacrificios por obtener bienes materiales?

Ni por un puesto ni por nada, ni conocimiento tenía el día cuando se llegó al gobierno. Me asusté y me afligí, y lloraba, cuando terminó la guerra. Yo sentía que debía ir a trabajar con mis hijos (son 10). Empezaba a hacer cositas leves, de limpieza, de cocinera. Yo nunca anduve fuera de la casa en esto de conseguir trabajo. Soy de Kuskawás y éramos perseguidos.

¿Qué se siente ser parte de esa gran historia que la gente canta y ha tarareado?

Que está bueno, pero como le digo, nosotros los campesinos no tenemos casi aprecio de que porque voy a tener tal cosa…

Como decía Leonel Rugama, ¿los héroes no dijeron que morían por la patria, sino que murieron?

Sí, sólo por eso luchamos, por la patria, sin ningún pensamiento de que voy a hacer esto, que haré lo otro. Nunca aspiré a un cargo. Pues yo me siento feliz. Le digo a mis muchachos, seamos felices, durante Dios los tenga y lo que Él les pueda conceder, a que podamos trabajar también. Porque si no trabajamos estamos listos, sólo para estar pidiendo y pidiendo, como esa gente que anda que molesta y molesta.

¿Qué falló, entonces, que se perdió esa mística de Carlos Fonseca y de Carlos Agüero, como usted que dice que luchó por amor?

Esos ideales todavía no se han perdido. Porque el que los quiere seguir, los sigue. Los ideales están vivos. Claro que hubo una gran falla, al desaparecer digamos los pensamientos que queríamos, lo que se iba a hacer, lo que se podría haber trabajado. Bueno, ni modo, digo, yo, pues, perdido, perdido. Pero los ideales de Sandino y de Carlos Fonseca están vivos.

La verdad, están vivos. Dijo Sandino que aquél que no pide ni un palmo de tierra para su sepultura, merece ser escuchado y no sólo escuchado, sino creído. Hay gente que siguió este pensamiento, usted misma no exigió ni un palmo de tierra.

Si, mucha gente, muchos, muchos, porque yo conozco la mayoría de gente que éramos luchadores del campo, y ellos no andaban con eso. Todos teníamos el mismo pensamiento, que no luchábamos por un puesto, por tener propiedades. Nada de eso. Más bien perdimos, perdimos las tierras. Por lo menos, el que tenía su finquita la perdió. Esas palabras de Sandino son muy lógicas.

El FSLN volvió al poder. ¿Cómo ve el retorno del presidente Ortega? ¿Ve que los ideales de Sandino están presentes o sólo es el poder, sin sueños ni mística?

Hasta cierta parte, parece que él mantiene algo de los ideales de Sandino, pero los mantiene como reservados, y aunque lo quiere echar a trabajar, veo que también no hay producto. Pero yo digo una cosa, que nosotros en Nicaragua lo que queremos es trabajo, y también debemos ser vivos, y no que sólo la ciudad nos dé trabajo. No lo busquemos en la ciudad, sino busquémoslo en el campo, porque de ahí viene la comida que es lo más necesario. Es lo que tiene que hacer la gente, y no debe haber grupos y grupos matándose.

“Este Frente ha cambiado mucho”

¿Cree que es el FSLN que hoy está en el poder es el mismo que usted conoció en la montaña en aquellos días?

¡Ah, no!, ha cambiado, ha cambiado bastante.

¿Le dio la mano alguna vez Rosario Murillo?

No, nunca, nunca he platicado con ella.

Qué dice de los otros comandantes, Henry Ruiz, por ejemplo, que no está con el FSLN de hoy.

Yo pienso mal… que no debemos andar levantando otros grupos, porque como comandantes, …yo sé que a él le costó la historia. Henry Ruiz hedía a moho de la montaña. Es gente que le cuesta, y Víctor Tirado.

¿Los apartaron a ellos dos?

No sé si ellos se apartaron o los apartaron, yo no me explico. No sé, pues. Pero esas divisiones… porque como sandinista al llevar la palabra de Sandino, a nosotros nos guste o no, ¿dejaremos de ser sandinistas?

Estos dos comandantes no han dicho que han dejado de ser sandinistas, sino que no son del FSLN del comandante Ortega.

(Se da vueltas en la cama, inconforme, quizás con ganas de regañar a aquellos muchachos de antes, y apoya su cabeza con el brazo, como si tratara de sostener a la vez al débil sonido que a duras penas soportan unas palabras que llevan todo el peso de su verdad).

Pero por qué el Frente va a estar dividido en muchas cosas, digo yo, eso me pregunto, se divide aquí, se divide allá.

¿Será porque hay grupos a los que les gusta la plata, las mansiones, vehículos lujosos…?

Eso sí es correcto, así es.

¿Y hay otros sandinistas que no están de acuerdo con ese estilo de vida...?

Ahí si tienen la razón, esos comandantes que se han retirado. Yo por lo menos, ciertas cosas no estoy de acuerdo y no me gusta, pero mi voto siempre es rojinegro. ¿O ahora será que hay un rojinegro viejo y otro rojinegro…, porque hay tantas divisiones… yo voy por el principio.

¿Los guerrilleros bajaron de la montaña, pero la revolución ya no volvió donde ustedes?

No volvió, atrás no volvieron para la montaña. Ahí estoy clara de que en realidad fueron abandonadas muchas personas.

¿Se desperdició esta revolución?

Para tantos años de sacrificio se desperdició. Sí, ¿porque qué es lo que se ama ahora?: a aquel que tiene plata, aquel que sabe leer bien, a eso (ellos) se confían. Yo lo que digo es que los ideales están vivos.

¿Hay comandantes y ex guerrilleros con esos ideales?

Antiguos guerrilleros… podrá haber algunos, también otros entraron a tomar la batuta. A Camilo (Ortega) le dije: “Si Dios quiere que veamos el triunfo, esto se va a voltear”. Yo lo dije así, sencillamente. Y dicho y cierto, muchos comandantes sólo se dedicaron a las riquezas y no vieron por el trabajo que se había hecho. Eso lo dejaron atrás.

PARA AYUDAR A NATIVIDAD MARTÍNEZ

Los nicaragüenses de buen corazón, pueden ayudar a Natividad, cuya casa sita de la Kativo 14 andenes al lago, 10 varas abajo. O antigua bodega Menen 10 varas abajo. Teléfono 658-6339, con Adelaida Martínez.