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Un cliente entra a la barbería. Es un pelón engalanado con ropas tres veces más grande que su talla y aires de regaetonero metrosexual que se depila las cejas. Pide un corte de cabello. Pero esperen, ¿qué corte podrían hacerle en una calva donde el pelo está a ras del cuero cabelludo? En realidad sí es posible, y hasta hay diferentes estilos: tribales, paisajes exóticos, llamas de fuego, una araña y hasta un corte personalizado con el nombre del cliente.

Uno de los autores de estos cortes es un muchacho de 19 años que aprendió a hacer diferentes estilos, sólo viendo a los demás barberos. Su apodo es “Pepe”, y algunos ni siquiera saben que su nombre legal es David Antonio Zapata Guzmán.

“Pepe” atiende a su cliente que llegó pidiendo las rayas en su inexistente cabellera. El producto final después de rapar y rapar con una navaja, son unos surcos que forman tribales entrelazados.

Para este joven con 1.80 metros de altura, piel pálida y contextura huesuda, su trabajo de peluquero representa independencia económica y el bozal que ha silenciado los reclamos de su madre, quien no se cansaba de repetirle que si no iba a estudiar, tenía que trabajar. Pero también tiene una motivación sentimental, que le hace sentir animalitos recorriéndole el estómago cuando la gente le dice que “corta bien el pelo”.

“Las rayas que los chavalos les gusta andar en la cabeza son más que todo por jodedera; yo por eso me las hago, por jodedera”, repite “Pepe”, pero también confiesa que el vocalista del grupo musical “Calle 13” es una inspiración para los jóvenes, y por eso quieren lucir como “Residente”.

Subcultura y moda

La explicación del sociólogo Juan Antonio Aldana Ruiz sobre esta moda, no es muy diferente a la de “Pepe”: “los jóvenes consciente o inconscientemente buscan reunir apariencias comunes para agruparse. Generalmente los tatuajes, vestimentas, peinados o cortes de pelo, son elementos particulares que usan para identificarse con un grupo que los separe (o los incluya) de los demás”.

Sin embargo, los cortes exóticos no son algo nuevo. Una tribu india americana llamada “Mohawk” tenía el distintivo de usar el pelo, parado tal y como lo usan actualmente los punkeros. Aún así, Aldana asegura que estos jóvenes modernos que usan ese mismo peinado, ni siquiera saben que esa es una moda ancestral, “simplemente lo usan para ser diferentes”.

Aldana realizó un estudio de campo sobre los “emos”, un estilo juvenil algo así como los punkeros. El experto quería comprender por qué los jóvenes siguen esa tendencia fúnebre, sicodélica con apariencia exagerada.

Al final descubrió que ese grupo es una subcultura que quiere diferenciarse de la cultura dominante. Generalizando esa teoría, Juan Aldana opina que lo mismo pasa con los chicos que usan tribales en las calvas. “Con figuras y rayas en la cabeza están marcando su estilo, para diferenciarse de los otros grupos y ser clasificados en un conjunto específico que escucha determinada música, se viste de cierta forma, etcétera”.

El “arte” de cortar pelo

A “Pepe” a veces se le dificulta complacer los estilos que piden sus clientes para ser cada vez más originales. “Una vez me pidieron un Bob Esponja, pero no tenía idea de cómo hacerlo, porque son varios detalles”.

“Pepe” perfeccionó sus técnicas para hacer tribales y otras figuras practicando con el “huele pega” de su barrio: “Júnior”. Las innumerables cicatrices en la calva de este modelo hacían difícil que las figuras y rayas se vieran perfectas, pero a veces también se auxiliaba de esos surcos causados por golpizas y caídas para completar las patas de una araña o los rayos del Sol.

Para demostrar su habilidad, “Pepe” inicia al trazar un dibujo en la cabeza de uno de sus amigos, un joven de origen costeño al que llama “Guichín”. “Pepe” le delinea con una navaja unas rayas onduladas, pero aún no se distingue qué figura es.

En menos de una hora ya se puede apreciar un delfín que saltó sobre las olas del mar y se quedó congelado junto a un Sol radiante. “Guichín”, tan alto como “Pepe”, pero contraste en el color de piel, se levanta con sus flojos pantalones y su ancha y larga camisa de vistosos colores rojo, verde y amarillo; se coloca un espejo en la nuca y “Pepe” le sostiene otro de frente para que pueda ver en la parte trasera de la cabeza el dibujo. Sonríe y luego se despide de prisa.

“Pepe” aprecia con orgullo su creación y le grita en media calle a “Guichín”: “allí llevás 100 córdobas oiste, me los debés”.