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Son aproximadamente las 6:15 de la mañana del viernes cuatro de julio, en una pulpería de la Colonia Centroamérica.

La niña de unos ocho años llega ya uniformada de colegiala, falda azul con camisa blanca, y carga una canasta plástica en una mano y en la otra un billete de cien córdobas envuelto en un papel-lista de productos para llevar.

Se lo entrega a don Manuel, el despachador de la pulpería que está abierta desde la 5:30 de la mañana, y le indica que le dé vuelto en monedas. El señor lee la lista, selecciona los comestibles y los envuelve en bolsas plásticas para colocarlos en la canasta: pan en bollos, una barra de margarina, tres bolsitas de café instantáneo, un litro de leche, media libra de azúcar y dos cebollas, más un jabón pequeño para lavar trastes.

Ahí viene la confesión: es el primer litro de leche vendido en la mañana, al precio de 15 córdobas. En contraste, a esa misma hora ha vendido tres botellas de litro y medio, una de tres litros y seis de 12 onzas de gaseosa.

Sus clientes fueron dos jóvenes de la cuadra que salen a correr en la mañana, dos celadores nocturnos del parque y una familia de vendedores de verduras que a diario llega a suministrarle perecederos a bordo de un carretón de madera.

Abajo la leche, arriba la gaseosa
La cosa es de rutina para él: entre 25 y 30 cajillas de bebidas gaseosas en envases de todo tamaño vende de lunes a viernes, y entre 40 y 50 litros de leche. El fin de semana la estadística se desproporciona: por cada litro de leche se venden ocho de gaseosa.

Las cifras en pequeño de un ejemplo cotidiano, en una pulpería mediana, muestran en reducido un fenómeno alimenticio gigante que ocurre en Nicaragua: por cada cinco vasos de gaseosa que consume la población, apenas se bebe uno de leche de vaca.

La cifra la dio a conocer oficialmente el ministro de Agricultura, Ariel Bucardo, pero el dato fue obtenido de estudios de mercado realizado, por la Cámara Nicaragüense del Sector Lácteo, que en conjunto con otras organizaciones de productores y comercializadoras de leche y derivados, inspeccionó el mercado de ambos productos: leche versus gaseosa.

Un problema nacional
Según el ministro Bucardo, el tema de la leche es fundamental para el desarrollo de la economía nacional y para el crecimiento, alimentación, sanidad y futuro de la población nacional.

El problema radica, según el funcionario, en que la mayoría de los lácteos producidos en el país se vende más hacia el exterior que lo que se consume en el mercado interno.

El año pasado, según datos de los productores de leche, se produjeron 165 millones de galones, y más de la mitad de esa cifra fue exportada.

“El fenómeno principal que enfrentamos es que por cada 100 litros de gaseosa que consumimos, apenas se consumen ocho litros de leche, es decir, por cada millón de litros de gaseosa que nos bebemos diario, apenas consumimos 80 mil litros de leche”, dijo Bucardo, quien en una reunión del pasado ocho de marzo con el presidente Daniel Ortega y los productores de ganado y leche del país, trató el tema para atacar el problema desde la óptica gubernamental y privada.

“Definitivamente que la leche es más nutritiva para el consumo humano, pero además de eso, si hacemos análisis de los precios, resulta que un litro de gaseosa en Rosita cuesta 25 córdobas y el litro de leche vale cinco, y bebemos diez veces más gaseosa que leche”, ejemplificó Bucardo.

“Creo que ese es un tema que tenemos que discutir con los productores y el gobierno, porque debemos de impulsar el autoconsumo de leche e incentivar a nuestras familias a que lo haga”, dijo.

“Vos ves a un chavalo llegar a la venta y va a ser más fácil que lo veas pedir una gaseosa que leche, y eso tiene que ver con nosotros mismos, porque yo vi el otro día en una venta que compraron 20 litros de gaseosa y nadie llegó por leche”, expresó el funcionario, quien junto con los productores impulsa desde la Asamblea Nacional un anteproyecto de ley para que los colegios públicos y centros infantiles entreguen el vaso de leche y restrinjan dentro el consumo de las bebidas gaseosas.

El consumo más bajo del hemisferio
Germán Flores, productor agremiado en Unileche, dijo que para el nivel de desnutrición que existe en Nicaragua, el consumo del producto lácteo debería ser uno de los más elevados de América Latina, pero en contraste, es uno de los más bajos del área.

Flores señala que aparte de ser Nicaragua uno de los países con el menor índice productivo del mundo, también es el de más bajo consumo.

Mientras la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren un consumo anual promedio de 140 litros de leche por persona, en el país apenas se consumen en promedio entre 50 y 70 litros per cápita, un consumo que según los productores se vuelve el más bajo del hemisferio, incluso inferior al consumo de Haití, considerado el país más pobre del continente.

De acuerdo a datos de Unicef, uno de cada tres niños menores de cinco años en Nicaragua tiene algún grado de desnutrición crónica, y un nueve por ciento sufre desnutrición grave.

Otra cifra del PMA, dada a conocer en mayo de 2007, señala que más de un millón de niños nicaragüenses menores de 14 años padecen de desnutrición a causa de la pobreza, lo que representa el 50 por ciento de la población infantil del país.

Además, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sitúa a Nicaragua como un país con un índice alto de desnutrición, donde el 31 por ciento de la población, de 5.4 millones de habitantes, sufre de desnutrición a causa de la pobreza.

De acuerdo con las cifras de los gremios de productores lácteos, Nicaragua produce aproximadamente y en promedio unos 150 millones de galones de leche al año, de los cuales, entre el 25 y 30 por ciento lo acopian plantas industriales, y el restante 70 por ciento se utiliza para la fabricación de queso que, en su mayoría, sale en venta al mercado salvadoreño por la vía ilegal y por aduana.

Cambiar cultura de consumo
¿A qué se debe la desproporción? De acuerdo con productores y nutricionistas, a la poca cultura alimenticia de la población nicaragüense por falta de educación, y a la gigantesca desproporción entre la publicidad de las transnacionales de las bebidas gaseosas en comparación a la promoción del consumo de lácteos de la industria nicaragüense.

“Aquí la gente se puede beber diario hasta tres o cuatro botellas de gaseosa, pero ni una de leche. ¿Y por qué? Porque la publicidad le hace creer a los jóvenes, sobre todo, que tomar tal bebida lo pone de moda, o lo hace ver mejor ante sus amigos.

Es una perversidad moral”, dice Esther Sánchez, nutricionista de Managua.

En la misma línea, el productor Wilmer Fernández, en exposición ante la Comisión Agropecuaria del gobierno del presidente Daniel Ortega, expuso que mientras los productores sufren para conseguir un préstamo y mejorar las condiciones de producción, las leyes favorecen la industrialización de las transnacionales de bebidas.

Puntualmente, Fernández señaló que los caminos de acceso a las fincas donde se ordeña para extraer la leche están generalmente en mal estado todo el año.

Además de ello, el consumo de combustible para trasladar el producto a los centros de acopio, y luego para procesarlo, encarece el lácteo y en ocasiones lo daña, destinándolo a la producción de quesos de exportación y de reducido producto de venta local.

“Tenemos en el país unos 107 centros de acopio con capacidad para almacenar 598 mil litros al día, es decir, casi un 25 por ciento de lo que producimos; es la capacidad instalada que tenemos para acopiar leche, pero, además, no estamos aprovechando toda esa capacidad instalada”, advirtió Fernández, explicando que por esos motivos es más rentable para los productores exportarla que venderla para consumo local.

Prueba de ello, cita la Cámara Nicaragüense del Sector Lácteo, es el aumento de las divisas por exportación: 98 millones 400 mil dólares en 2007, 60 millones más que en 2006, y cerca de 70 más que en 2005.

Mientras eso ocurre con la leche, el consumo y producción de bebidas gaseosas viene aumentando desde 1990 hasta alcanzar el 400 por ciento en el año 2001, según cifras del Banco Central de Nicaragua citadas por los productores.

La manufactura de gaseosas, según informe del Banco Central, en 1990 era menor de 5 millones de cajillas por año, llegando en 2001 a una producción de 24 millones de cajillas. Se calcula que a la fecha, tanto en producción como en importación, se consumen, anualmente, más de 50 millones de cajillas de bebidas. Verdaderos ríos de gaseosas.


Leche versus gaseosa, como el bien contra el mal
Entre el gremio médico hay muy pocos amigos de las gaseosas. Salvo por la cantidad de azúcar que contiene, suficiente para estimular la energía del cuerpo, no hay elementos de valor nutricional por la que puedan recomendarla.

Según la licenciada Esther Sánchez, nutricionista, el consumo de todo alimento no natural es perjudicial únicamente cuando se toma en exceso y durante largos períodos. Dice, por ejemplo, que una gaseosa de sabor no podrá afectar a nadie si se toma una vez en toda la semana.

“Generalmente llevan mucha azúcar, que es un carbohidrato que proporciona calorías (energía) al cuerpo y eventualmente sus ácidos quitan la sed e inhiben el hambre. Pero no es recomendable usarla como complemento alimenticio, a como sí es recomendable consumir leche”, dice ella.

Y explica las causas: las bebidas gaseosas son hechas con edulcorantes y ácidos artificiales, llevan mucha cafeína y colorantes químicos. En algunos ejemplos médicos han confirmado que rociar gaseosa a tuercas oxidadas hace desaparecer el sarro, y para ella, como para el sector médico, ningún líquido que pueda ser usado para aflojar tuercas puede ser muy positivo para el organismo humano.

“Aparte del azúcar, no hay más valor nutricional en una bebida gaseosa. Por el contrario, su consumo regular promueve la obesidad, y a largo plazo la alta concentración de ácido fosfórico actúa sobre el calcio de los huesos, debilitándolos. Contrario a la leche, cuya ingesta fortalece la estructura ósea y combate la osteoporosis (debilidad de los huesos que los convierte en frágiles y quebradizos).

En caso contrario, el consumo combinado de leche con otros productos nutricionales, como cereales y frutas, o sola, ayuda a nutrir el cuerpo con proteínas y a prevenir a largo plazo la enfermedad de los huesos.

De acuerdo con Sánchez, la leche es uno de los alimentos más completos que podemos encontrar. Entre sus componentes se encuentran vitaminas A, B, C, riboflavina y niacina, además de hierro, calcio y proteínas.

Su consumo habitual disminuye en un 60% el riesgo de contraer cáncer de mama, gracias a la lactosa; su contenido, rico en calcio, hace que sea indispensable para evitar la osteoporosis, tan temida sobre todo en la mujer; y su contenido vitamínico hace que su consumo habitual supla un tercio de las necesidades diarias.