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La difícil situación económica que atravesaba su mamá, Leonor Ampié, provocó un giro inesperado en la vida de quien en ese entonces era un estudiante de secundaria y a quien no le quedó más que optar por una carrera militar dentro de la Academia de la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza Debayle, donde doña Leonor no pagaría un solo centavo por los estudios de su hijo.

Sin embargo, esa decisión fue el inicio de una impresionante historia llena de dolor, susto, osadía, injusticias, sorpresas y hambre, elementos que al final se combinaron para concretar una de las más espectaculares fugas de la Cárcel Modelo de Tipitapa, y que originó que el autor de esta historia, Rodolfo Ampié, se ganará el mote de “El Invisible”, ya que en su fuga escapó hasta en jeep y camiones del propio Ejército Popular Sandinista y la Policía, sin que lo identificaran.

Hoy “El Invisible”, a sus 68 años, siempre está anuente a contar su historia y asegura que no le guarda rencor a nadie. Como prueba de que quiere pregonar lo que le tocó vivir durante los últimos años de la dictadura somocista e inicios de los años 80, día a día trabaja afanosamente en la elaboración de un libro en el que explicará detalladamente su “calvario”, “para que eso no se vuelva a repetir”, expresa Ampié desde una silla abuelita que tiene en el corredor de su quinta, ubicada frente al lago Cocibolca, en San Jorge.

Ampié, quien nació en uno de los barrios de la vieja Managua, recordó que su calvario inició cuando en 1957 dejó sus estudios secundarios a los 17 años, debido a que su mamá era de escasos recursos. Se percató, sin embargo, de la posibilidad de salir adelante al ver un anuncio en los periódicos, donde la Academia de la Guardia Nacional hacía un llamado a jóvenes que tenían anhelo de iniciar una carrera militar, para becarlos.

“Yo aproveché esa oportunidad para salir adelante y me metí a la Academia sin saber lo que me esperaba, pero en ese momento vi una buena opción para apoyar a mi mamá, que era madre soltera, con tres hijos, ya que mi papá, Santiago Quiroz, la abandonó”, expresa “El Invisible”, a quien le gusta estar junto a sus tres hijos menores.

En la academia Ampié se convirtió en uno de los mejores alumnos, y a inicios de los 70 lo mandaron a entrenar tropas al Primer Batallón Blindado. Luego lo enviaron a Argentina en dos ocasiones a realizar cursos de Inteligencia y Paracaidismo. Regresó en febrero de 1979. Pero antes de viajar a Argentina también recibió una beca en 1976 para ir a Panamá a realizar estudios de Táctica y Técnica de Infantería.


Sus cursos y la insurrección
Ampié cuenta que cuando regresó de Argentina, en febrero de 1979, ya la insurrección estaba fuera de control y fue ubicado en la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), donde asegura haber permanecido hasta el 18 de julio de 1979, día en que “el comandante Justiniano Pérez me dice que recojamos las tropas para irnos a Honduras y que un avión de los Estados Unidos nos llegaría atraer al aeropuerto”, recuerda.

Sin embargo, Ampié y el resto de miembros de la Guardia Nacional no contaron con que a los aviones estadounidenses les prohibirían aterrizar en el aeropuerto Las Mercedes, hoy “Augusto César Sandino”, por lo quedaron empantanados, y aunque llegaron funcionarios de la Cruz Roja Nicaragüense e Internacional a tratar de ayudarlos, tres días después los casi 2 mil hombres que trataron de huir quedaron en manos de las tropas sandinistas.

Y es partir de esta fecha cuando Ampié empieza a vivir las peores secuelas de su decisión por la vida militar, ya que al ser trasladado al Sistema Penitenciario de Tipitapa asegura haber sido víctima de vejámenes.


La condena
Pero lo peor de ese trozo de su vida fue cuando lo procesan por asociación ilícita para delinquir, asesinato atroz y atentar contra el orden internacional, y lo condenan a 53 años de presidio, de los que sólo cumpliría 30, de acuerdo con nuestras leyes. Según Ampié, la condena se la dio el abogado rivense Guillermo Nicolás, quien en ese entonces fungió como Presidente del Tribunal Octavo de los Tribunales Especiales Antisomocistas.

La condena fue considerada por Ampié como injusta (lo mismo pensaron todos los guardias de Somoza), ya que asegura que nunca le robó a nadie ni asesinó a ninguna persona, porque nunca anduvo en las calles. Sostiene que en ese momento había demasiado rencor y odio y lo tenían que condenar a cualquier costo.


La fuga y surge el mote de “El Invisible”

Tras haber sido condenado, Ampié empezó a planear su fuga en compañía de cuatro reos, y es así que el 12 de octubre de 1984, en horas de la madrugada, salen por el techo de una de las galerías, Rodolfo Vallejos Joya, Juan Joya Pichardo, Rodolfo Vivas González, Ampié y otro ex miembro de la Guardia identificado sólo con el apellido Chamorro.

Según Ampié, para la fuga se prepararon física y sicológicamente, y realizaron trabajos de inteligencia al punto de que ya tenían todo rayado para huir hacia Costa Rica, pero cuando trataban de cruzar el patio exterior de la Cárcel Modelo, para salir a la calle, la frente de Joya fue divisada desde uno de los torreones, “por lo que decidimos correr, ya que si nos quedamos nos matarían, y a raíz de los disparos se crea el descontrol y la confusión, porque el grupo de seguridad no estaba claro dónde era la fuga”.

Durante los tres primeros días Ampié y sus compañeros caminaron y corrieron hasta más no poder en dirección hacia Costa Rica, pero en la tercera noche a sus amigos se les acabo “el gas” en el pueblo de San Blas, en Granada. Allí gente de seguridad del Ejército Popular Sandinista, tras un operativo, captura a Chamorro y a Joya Pichardo, quienes fueron impactados con proyectiles y luego fueron reportados como “desaparecidos”.

En tanto, Vivas González y Vallejos Joya, al igual que Ampié, lograron escapar del operativo, pero horas después los militares sandinistas lograron la captura de los dos amigos de Ampié y los trasladaron a “El Chipote”.

A partir de ese momento, Ampié siguió un plan de fuga personal y se hizo pasar como campesino y mendigo, y una de sus estrategias fue buscar a su papá en Malacatoya, y en su intento viajó al raid en camiones y jeep de quienes lo buscaba afanosamente, incluso hasta portaban su fotografía, pero se les hizo imposible reconocerlo, pese a llevarlo a la par, y más bien lo miraban como un campesino desaseado y descalzo.

La búsqueda de su padre fue inútil, aunque sí logro encontrar a su tía Julia Quiroz, quien tras reconocer que era su sobrino, el ex miembro de la Guardia Nacional, y al que andaban buscado, se asustó y lo corrió inmediatamente, pero antes lo vistió, le dio un par de zapatos, dinero y hasta un bocado de comida que tuvo un mal efecto en el estómago de Ampié, ya que tenía varios días de no alimentarse.

De Malacatoya a Granada “El Invisible” viajó abordo de un camión IFA repleto de tropas, y sin dar la más mínima sospecha se hizo pasar como campesino. En la Gran Sultana se despidió y agradeció el raid a los militares que lo buscaban, y procedió a tomarse un refresco en el mercado y oró en la catedral. Luego pasó la noche como indigente y con el dinero que le dio su tía habló a uno de sus contactos para que lo ayudara.

Con la ayuda de su contacto, Ampié sale de Granada a Managua, luego llega a Nueva Guinea, de ahí a Somoto, hasta llegar a Honduras, donde le hablan de un nuevo contacto para que apoye a la Contra, y según “El Invisible”, por la gente “inocente” que quedó presa decidió meterse a la Resistencia, donde entrenó a jóvenes de la Fuerzas Especiales y luego se hizo cargo del trabajo de Inteligencia. Dicho trabajo, según él, era clave para operaciones y planificación, y fue hasta 1988 que dejó de una vez por todas la vida militar al casarse con una norteamericana, pero regresó a Nicaragua durante el proceso de desmovilización y optó por quedarse.

“El Invisible” detalla que ahora la razón de su existir son sus siete hijos, y acompañado de una sonrisa, asegura que muchos que conocen su historia creen que es brujo porque aparece y desaparece, ya que además de que no lograron capturarlo, también escapó de varios comandos que intentaron matarlo.