• Niquinohomo, Masaya |
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Las fiestas patronales son una experiencia enriquecedora, pues ofrecen la oportunidad de disfrutar en el lapso de unos días de todo el acervo cultural de las localidades.

Cada una de las fiestas, pese a ser celebradas en varios sitios del país en nombre de una misma santa o santo, tiene sus particularidades, y las realizadas en honor a Santa Ana, la esposa de Joaquín, y abuela de Jesucristo, por ser la madre de la virgen María, no son la excepción.

Las fiestas de Santa Ana iniciaron a finales de junio en Nandaime, Chinandega y Niquinohomo, este último sitio tiene el récord de festejar a la venerable abuela durante un mes.

El último viernes se realizó el tope de Niquinohomo, que fue presidido por la reina saliente de las fiestas patronales, Arlen Ruiz Oviedo, y la reina entrante, señorita Walkiria Alvarado, que rindieron honor a la imagen y la acompañaron en su recorrido hasta la iglesia del lugar, que es una verdadera reliquia arquitectónica con 326 años de antigüedad. Esta joya fue declarada Patrimonio Histórico Nacional en el año 2002.

También en la festividad de Niquinohomo se puede disfrutar de bailes tradicionales como el de Los Chinegros, que es un baile en el cual los promesantes sostienen una especie de duelo con chilillos --que son unas riendas finas de cuero que provocan en los cuerpos de los contrincantes ardor e incluso heridas-– al ritmo de pitos y tambores.

Chicha y masa de cazuela
Lo interesante de las fiestas patronales es que las personas que visitan las localidades cuando éstas se celebran, no pasan hambre, porque siempre hay un mayordomo, un comité o un devoto que reparte comida o dulces para llenar el estómago.

Niquinohomo no fue una excepción, y el señor Carlos Norori, coordinador de las fiestas patronales, junto al grupo que asumió la celebración ante la falta de mayordomo, repartió a todos los asistentes masa de cazuela, cosa de horno y chicha. La repartición se dio en la ramada que esperaba a Santa Ana, la que llegó custodiada por San Joaquín y San Sebastián, por primera vez.

“Ésta es una tradición que el pueblo no ha dejado perder pese a las dificultades económicas. Con esfuerzo y cooperación de todos se hizo la ramada, que es además de un sitio donde se recibe a Santa Ana, una ofrenda a Dios por la bendición de hacer producir la tierra, esto es lo que cosechamos y por eso se coloca aquí, siempre se hace porque es una muestra de agradecimiento”, dijo el señor Norori.

Por su parte, el señor Claudio Sandino manifestó que las fiestas de este año se acompañaron de una campaña de evangelización para que los católicos no sólo tomen las festividades como una celebración, sino también como una renovación de su fe.

“Los santos son ejemplos a seguir, no somos idólatras, somos seguidores de ejemplos y de la palabra de Dios. Ésta es una fiesta que se realizó con el apoyo de las comunidades evangelizadas que recibieron a Santa Ana en sus casas y de la Cofradía, que es un grupo de jóvenes católicos que está a la disposición de la iglesia para apoyar el trabajo de evangelización”, dijo el señor Sandino.

Sandino, el comerciante
Las historias alrededor de la vida de Augusto C. Sandino son muchas, pero en su pueblo natal la tradición oral es que Sandino fue --antes de que marcara un hito en la historia del mundo con “su pequeño ejército loco”, como lo nombró la escritora Gabriela Mistral-- un sencillo comerciante de frijoles.

Siempre se ha dicho aquí que Sandino era comerciante de frijoles y compraba aquí para llevar en mula a vender los productos a Granada, dice un niquinohomeño al ser consultado sobre el hombre más conocido del sitio hasta la fecha.

“Aquí hay descendientes de Sandino por parte de una hija que tuvo antes de su matrimonio con Blanca Aráuz, ojalá y abran el museo de su casa natal, eso daría un empuje al turismo y daría a conocer más a Niquinohomo”, concluyó.