• |
  • |
  • END

Colaboración

Son incalculables. Sus sueños tienen un denominador común que reflejan el anhelo de todas las familias nicaragüenses por alcanzar un futuro mejor y una sociedad justa. Esos sentimientos llenan el alegre espíritu de 133 muchachos matagalpinos pertenecientes al proyecto Jóvenes Emprendedores, para pensar en la prosperidad personal, en el bienestar de la familia, de los miembros de su cooperativa y de la comunidad.

El ánimo por alcanzar sus sueños ha convertido a estos jóvenes en microempresarios de éxito, adoptando otras perspectivas con la vida, con la comunidad, la naturaleza y el medio ambiente. Increíblemente, el impacto generado por el proyecto ejecutado por la Asociación para la Diversificación y el Desarrollo Agrícola Comunal (Addac), en el ámbito económico, social y organizativo en la vida de los jóvenes, es muy significativo.


Paso a paso su empresa logra prestigio
Es admirable conocer experiencias exitosas cuando provienen de personas perseverantes, que han sabido lidiar con mucha habilidad las adversidades de su medio. Detalle a detalle, una cátedra de esa realidad la brinda Ariel Espinosa Pérez, de 20 años, habitante de la comunidad Fila Grande (Matiguás), quien mantiene su pequeña empresa a pesar de la competencia de comerciantes de la ciudad y los elevados costos de producción.

Logró poner su panadería gracias a un financiamiento de 16 mil córdobas. De inmediato construyó el horno valorado en cuatro mil córdobas, cinco mil córdobas los destinó para levantar la casa donde funcionaría la panadería y se instalaría el horno, compró bateas, 80 sartenes, materia prima. “Polvorones, galletas, picos, empanadas, pan simple y dulce; hago de todas las variedades de pan”, sostiene Ariel, “pero lo que más cuido es la calidad”, dice. Su filosofía lo ubica en otro nivel “porque vendo lo que la gente quiere y no lo que yo les quiero dar”.

Esta actitud empresarial le permite a Ariel competir incluso con grandes panaderías de Matagalpa o Estelí, y obtener gran aceptación en todas las comunidades donde se ofrece su producto. “Al inicio estas panaderías eran competencia para mí, pero a medida que pasó el tiempo las cosas cambiaron y me convertí en competencia para ellos”, argumenta con mucha satisfacción el joven empresario.


“Todos mis animales son una bendición de Dios”

Once animales. Así de sencillo. Esa es la cantidad de vacas paridas, terneros, novillos y vaquillas de engorde que logró criar en tres años de pertenecer al proyecto Jóvenes Emprendedores. Fue el 30 de abril de 2005 que comenzó la prodigiosa historia de Gloria María Jarquín Lanzas, de 18 años, en el rubro ganado, quien habita junto a sus padres, Luisa y Natalio, en la finca San Miguel, de 30 manzanas, en la comunidad Pancasán (Matiguás).

Ese día le desembolsaron 24 mil 750 córdobas para desarrollar su proyecto ganadero de doble propósito (producción de leche y engorde), cuyos resultados exitosos hablan por sí solos. Perteneciente al segundo grupo de jóvenes beneficiados por el proyecto, Gloria María compró tres vacas paridas y una vaquilla de dos años. En enero de 2006 vendió un ternero en cuatro mil córdobas.

En noviembre de 2006 las vacas parieron otra vez, y en octubre de 2007 quedaron cubiertas nuevamente. Tres vacas valoradas en unos 36 mil córdobas serán vendidas, “para comprar mejores ejemplares que garanticen buena descendencia y producción de leche”. Todos estos sucesos que pasan en la vida los considera como una bendición. “También es una bendición que todas las crías sean hembras, porque éstas garantizan la reproducción de la ganadería”, interpreta Gloria María, quien es bachiller, y cuya ilusión es estudiar medicina veterinaria en León.


Su ganado se reproduce como por arte de magia
Una, dos, tres, cuatro, cinco... De hoja en hoja... Así organiza detalladamente la historia de su proyecto de ganado de doble propósito. Causa admiración ver a Kelvin González Martínez manipular sus registros; pero esa aplicación no sólo se enfoca en la parte estadística, sino que también se concentra en la práctica con el adecuado manejo de sus animales. Pero lo más asombroso son los datos que se hallan en sus anotaciones...

Hizo crecer su pequeña ganadería en un 75 por ciento; en dos años cuatro animales (dos vacas paridas) se convirtieron en siete semovientes. Este joven de 18 años tiene muchas ambiciones en su vida, y una de ellas es graduarse de ingeniero agrónomo; ya dio su primer paso firme para alcanzar su objetivo, logró pasar el primer año de la carrera en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNA).

Kelvin es del tercer grupo beneficiado. El 10 de septiembre de 2005 le desembolsaron 16 mil 500 córdobas, para ejecutar su proyecto ganadero. Inmediatamente, compró dos vacas paridas en 17 mil 500 córdobas, “mi papá me ayudó con la diferencia y para comprar algunos insumos como vitaminas, desparasitantes, sales minerales...”, dice el joven ganadero. Dos años después logró vender cuatro animales: dos vacas paridas, un ternero y una vaca de descarte.

La venta le generó ganancias de unos 19 mil córdobas. “Una parte de las utilidades se destinaron al pago del crédito, en total he abonado 16 mil córdobas, y hoy tengo un saldo de 5 mil córdobas que los cancelaré en la primera oportunidad que tenga”, explica Kelvin, quien señala que la otra parte de las ganancias las invierte en sus estudios y en la siembra de pastos mejorados de corte. Este joven productor se quedó sólo con tres animales, y nuevamente comienza el ciclo, él tiene fe en que la historia se repetirá.


Quiere engrandecer su taller
Escritorios, comedores, sillas, roperos, aparadores, puertas, trasteros, ventanas, centros de entretenimientos. “Todo lo que usted quiera lo hacemos”, con esa seguridad responde Henry Antonio Pérez Ordóñez, de 23 años, cuando descansa después de lijar una pieza que usará en su futura entrega. “La tabla es para elaborar una puerta, ya está encargada, me dieron el 50 por ciento de adelanto y en tres días la entrego”.

El taller de carpintería de Henry Antonio se ubica en la comunidad de Pancasán (Matiguás); para dotarlo de las herramientas básicas solicitó financiamiento por 50 mil córdobas, sin embargo, sólo le aprobaron 27 mil, y el mismo fue desembolsado en noviembre de 2005. Con este monto compró una circular de banco para cortar madera, una lijadora, una ruteadora con un juego de diez cuchillas, una caladora, una canteadora, un torno, un motor y materia prima para confeccionar sus primeros trabajos.

Ya equipado el taller, Henry Antonio se puso a trabajar, y “gracias a Dios los encargos no dejan de llegar, siempre llega un cliente a que le hagamos una puerta, un ropero, trasteros...”. A pesar de que existen dos talleres en la zona (uno en Sitio Histórico y otro en El Jobo), sus clientes trascienden la comunidad, incluso “llegaron varios encargos de la ciudad de Matagalpa”. ¿Qué hacés con las ganancias? Henry Antonio responde: “Parte la he invertido en la compra de un motor para la circular de banco y otro para instalar un esmeril”.

La otra parte responsablemente la destinó al pago del financiamiento; “en dos años he abonado 12 mil córdobas, en diciembre pienso abonar 10 mil córdobas más, y si Dios quiere cancelaré en 2008”. Su poca experiencia no es condicionante para la calidad y buenos acabados que imprime a sus obras, “la idea es incorporar otros detalles más finos en la línea de producción”, reflexiona Henry Antonio. “Creo que tengo un poco de habilidad para hacer cualquier trabajo”, argumenta el joven carpintero, revelando que quiere “hacer más grande el taller en prestigio, calidad, personal y equipamiento”.