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Juan Ramón Flores Montenegro, conocido en la ciudad de Masaya como “Juan Puro”, nunca se imaginó que trabajar en tabacaleras iba a abrirle las puertas para su éxito en el mundo del tabaco, sin embargo, para llegar ahí, tuvo que pasar por muchas situaciones en su vida.

Juan es originario de Estelí, tiene 42 años, y fue criado por sus abuelos paternos. Sus padres lo abandonaron cuando tenía cinco años, y él no sabe cuál fue la razón ni le gustaría conocerla.

A los siete años comenzó a trabajar en diferentes actividades: vendía en la calle, lustraba zapatos y les hacía mandados a los vecinos. Así ganaba un poco de dinero para la comida de sus abuelitos y la suya. También caminaba hasta tres horas desde Estelí hasta La Estanzuela, a la casa de su tía Petrona, a buscar alimentos para poder comer con sus viejecitos, quienes eran de escasos recursos económicos.

Flores recuerda que le tocaba viajar de Estelí a Los Chagüites para recoger caracoles.

“Mi abuelita los ponía a cocer y nos tomábamos la sopa. Solo era para un tiempo de comida. Después sacaba el gusanito y lo revolvía con huevo y así comíamos otro tiempo. Vivíamos cuatro en la casa: un tío, mis abuelos y yo. A veces no teníamos qué comer, y con un huevo nos alimentábamos los cuatro, y así pasábamos la vida”, comentó Juan.

En 1980, cuando tenía 11 años, ingresó a trabajar en las fincas de tabaco en Estelí. El primer empleo lo obtuvo en La Pequeña, luego en El Provenir, sembrando y cortando tabaco, pero a la vez estudiaba de noche.
Con su primer pago recuerda que pasó por una pulpería y compró un papel de empaque para convertirlo en cuaderno.

“Mi abuelita se preocupaba mucho por mí cuando me iba a trabajar, pero se tranquilizaba un poco porque unos vecinitos también trabajaban conmigo”, expresó Juan Puro.

En 1984, cuando solo tenía 15 años, ingresó al Ejército de Nicaragua. Sus jefes lo mandaron a Cuba, donde permaneció seis meses. En ese país vio un poco del trabajo del tabaco, y pasó un curso para tropas especiales.

Posteriormente volvió a Nicaragua. Estuvo seis años en el Ejército, donde recibió varios balazos.

Al dejar la vida militar, comenzó nuevamente en el tabaco, pero a la vez trabajaba en albañilería, en carpintería, en sastrería y en rotulación; fue vigilante, mariachi y pintor, y estudió un curso de técnico en electricidad.

“En Estelí trabajé en la fábrica Nicabano como rolero y bochero. También laboré en la empresa Niksigar, del señor Nicolás Perdomo, y en la empresa de Allan Argüello, como jefe de producción”, explicó Flores.

Flores tiene 13 hijos. La mayor de 22 años y el pequeño de cuatro, pero asegura ser un padre responsable.

Su vida como empresario
Luego de trabajar en Estelí, se trasladó a Granada en 1995, donde laboró en una fábrica de puros de Armando Reyes, y luego en una empresa de los Chamorro. Posteriormente decidió poner su propia fábrica de tabaco.

A Masaya llegó en 1998, decidió instalar su primera fábrica de puros en el barrio La Reforma. Ahí brindó empleo a 29 personas.

Ese año fue el inicio de su vida como empresario del tabaco, porque en 1999 le dieron una oportunidad de ir a Suecia a participar en una feria, donde se realizó una competencia para seleccionar la persona que trabajaba más rápido, y el que fuera el mejor en la elaboración de puros, y fue seleccionado para participar al siguiente año.

Premiado y contratado
en Suecia
En 2000, Flores ganó su primer premio como Máster Blender, que significa maestro del tabaco. Ese mismo año fue contratado por la empresa Erick Mellgrin, distribuidora de muchas marcas de tabaco, cuyos representantes son Piter Jasson y Roberth Braoon, por lo que en la actualidad tiene un contrato para viajar cada fin de año.

En 2006 ganó su segundo premio como Máster Blender.
Debía saber cómo escoger la hoja que va primero, la que va después y la tercera; cuál es la más suave, la más fuerte, el rolado, y saber cortarla, para que el puro no quede con mucha vena.

Según Flores, para la competencia, los participantes tienen que ser rápidos, las ligas deben quedar perfectas. Hay personas que llegan a tirar el humo y le dicen que les haga una igual, pero el que no sabe cómo catarlo, no lo puede hacer.

Cada fin de año que va a Goteborg, Suecia, a participar en la feria de Liceberg, donde hace demostraciones del tabaco, asisten de 40 a 50 mil personas por día.
En diciembre del año pasado obtuvo el premio como el mejor tabacalero del mundo. Además, se especializa en ser catador de tabaco.

“Yo no necesito probar un puro para decir si está malo o bueno. Solo necesito estar a cinco metros, y puedo garantizar si el producto está bueno, dulce o amargo”, indicó Flores.

Para garantizar un buen puro, Flores explicó que él está pendiente desde la semilla hasta la fabricación de puro.

Este hombre tiene cinco marcas de puros: Máster Blender, Mellgrin, Habana Delight, El Ranchero y La Deliciosa.

Explicó que para la elaboración de puros, el tabaco se puede combinar con licor o café.

Añadió que por problemas de agua, tuvo que trasladar su fábrica a Estelí, pero en Masaya mantiene el control de calidad, aunque tiene previsto que el próximo año la va a tener nuevamente en la “Cuna del Folclor Nicaragüense”.
Sueña con poner una fábrica más grande en Masaya y poder darles empleos a todas las víctimas de guerra.

Pocos puros, pero buenos
Dijo que su producción es baja --exporta de 20 mil a 25 mil puros por mes--, pero que la calidad es buena.
Juan Flores aseguró que tarda un minuto en elaborar un puro. “Yo solo hago 500 al día”.

Para hacer sus puros tiene a personas que les compra las hojas del semiprocesado, y en su fábrica lo terminan de elaborar.

“Yo no me comprometería con ningún cliente para hacerle 100 mil puros al mes, porque ahí botaría la calidad. Aquí puede haber fábricas grandes, pero no se compara con el producto de las industrias pequeñas”, señaló.

Las personas que entran a trabajar en la fábrica de Flores primero pasan por un curso de 15 días.

“Yo superviso a los que me trabajan, y les digo cuánto tabaco le tienen que poner a cada puro, y cómo acomodar las hojas”, explicó.

El puro lleva varias combinaciones que contienen tres clases de tabaco, sin incluir la capa. El producto final lleva tipo seco, ligero y viso.

El seco, según Flores, es un tabaco suave que no contiene mucho aroma. El viso es un tabaco medio, es decir, más fuerte. El ligero es más fuerte.
“Hay que saber cómo poder combinar esos tres tabacos, para poder saber qué liga se está haciendo”, indicó.

Los tabacos de “Juan Puro” se pueden encontrar en el Mercado de Artesanías de Masaya, y los exporta a Suecia, Nueva York y Rusia.

Un puro en Suecia vale 45 dólares, mientras en Nicaragua cuesta de 3 a 4 dólares con la fotografía de su fabricante.

Flores también ha tenido pedidos para bodas privadas en todas partes del mundo.
Al mirar hasta dónde ha llegado en la fabricación de puros, Flores cuenta que desde niño pensaba cómo salir adelante, y cuando logró su triunfo, lamentó que sus abuelitos no estuvieran para ver quién es él ahora.

Tiene 25 años de dedicarse al mundo del tabaco y 13 de tener su propia empresa de puros.

La primera vez que viajó a Suecia fue por un extranjero que le hizo el contacto, y logró ir a demostrar que en Nicaragua se produce un puro de calidad.
“Con estas bendiciones que Dios me dio, yo comparto con los niños llevándoles piñatas para que pasen un momento de alegría. También llevo a barberos para cortarles el pelo a los niños en lugares muy alejados de la ciudad”, apuntó.

Perdió temporalmente el olfato y casi pierde todo
Como todo empresario, tuvo un momento en que sintió perder todo lo que ha logrado. Estaba en Suecia haciendo demostraciones en un club, la gente le pidió que les hiciera unas ligas e hizo diez, posteriormente regresó a la feria donde él trabaja cada año que llega a ese país, y al estar ahí, comenzó a probar las ligas, pero su gran susto fue que no pudo distinguir el sabor.

No tenía olfato, no sentía nada, “y me preocupé, pero no sé qué pasó. Comencé a llorar y llamé a uno de mis representantes. Cuando llegó, le dije que había perdido todo y que no iba a poder hacer los puros que los clientes me habían encargado.

Pensé que se me había terminado mi carrera, pero mi representante me dio café y jugo de naranja, y como a los diez minutos, volví a sentir nuevamente”, expresó.
También relató que hace un año casi pierde la vida cuando se le reventó la apéndice y le dio una peritonitis. A los dos días de haber estado internado le dio un infarto, y estuvo en coma 14 días.

 

Es muy querido por pobladores

Aunque “Juan Puro” no sea de Masaya, es muy querido y conocido por los pobladores de la ciudad, que conocen cómo salió adelante en la vida desde niño, y que a pesar de su éxito, lo catalogan como una persona humilde, que cuando alguien necesita ayuda, lo busca y lo auxilia.

Así lo expresó don Roberto Fuentes, de la comarca El Jocote, quien señaló que gracias a la gestión de Flores, quien facilitó el dinero que se necesitaba, ahora esa comunidad goza del servicio de energía eléctrica.

De igual forma, el nombre de Juan Flores fue utilizado como marca por una pareja de extranjeros, que a su café llamado Guardabarranco, que es nicaragüense, le pusieron al lado el nombre del fabricante y catador de puros.