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Su vida está marcada por los itinerarios más sorprendentes. Desde muy joven, Mirna Cunningham viajó desde Waspam a Bluefields a cursar su Secundaria en un colegio de monjas para luego viajar a León a estudiar Medicina y terminar esa primera parte de su periplo, en Bilwaskarma donde llegó a ser directora del hospital, el único de la región Caribe en ese tiempo.

Ostenta el máximo reconocimiento de Heroína de la Salud de las Américas en ocasión de los 100 años de la Organización Panamericana de la Salud, OPS,  y el Doctorado Honoris Causa, en los 100 años de la UNAM de México. También  la Orden Carlos Fonseca del Frente Sandinista.

Su vida ha estado ligada a la Escuela de Enfermería, y es famosa por ser la pionera en la formación de enfermeras bilingües en el país, “muy cotizadas en el mundo”, afirma desde su casa en Managua, una de las paradas obligadas de esta profesional miskita que viene de África, España y México para luego viajar a Bilwi, luego a Managua y finalmente a Brasil, en su próxima parada.

¿Alguna vez pensó ser monja?
Por un tiempo quise pero después no, venía de una familia morava, yo me hice católica a los 15 años mientras estudiaba la Secundaria, y siempre pensé en ser misionera, irme a otro lugar.

Cuando regresé y como también era maestra de primaria, trabajé con el colegio de Santa Inés en Waspam, mientras gestionaba una beca para estudiar Medicina y la conseguí para ir a estudiar a León.
¿Con qué frecuencia regresaba al río Coco?
Desde mi primer año de Medicina, mantenía comunicación con las monjas, ellas tenían una clínica en Waspam; durante las vacaciones atendía partos.
Además, viajaba por el río Coco con la Iglesia Católica haciendo visitas integrales a las comunidades donde se miraba salud, se casaba, se bautizaba a la gente; entonces, de esa forma recorrí el río Coco durante mi carrera de Medicina.

¿Cómo se vincula a la primera Escuela de Enfermería?
Mis madrinas fueron de la escuela de enfermería. En ese tiempo el hospital estaba bajo la administración de la Iglesia Morava y dependía de Estados Unidos pero a partir de los años 1975 y 1976, se crea la junta de la Iglesia Morava nicaragüense, se vuelve autónoma de Estados Unidos.

La Escuela de Enfermería se funda en 1935; de ahí salieron las docentes de la Escuela Nacional de Enfermería. Muchas de las graduadas se convirtieron en docentes bilingües, español e inglés, formadas bajo un sistema muy exigente.

Retorno a Bilwaskarma
La doctora Cunningham siempre tuvo en sus planes regresar a Bilwaskarma. “Como parte del hospital moravo me mandaron a estudiar a Estados Unidos, Cirugía de Emergencia en Dakota del Norte”.

También trabajó en el Ministerio de Salud; en el área de Planificación e Investigación, en el proceso de regionalización en los primeros años de la Revolución y cuando comenzaron los conflictos en la Costa regresó a trabajar con el Minsa, y a partir de 1985, con el Gobierno Regional.

Después fue diputada y “mientras hacía mi trabajo como tal también contribuí a crear la Universidad de las Regiones de la Costa Caribe Nicaragüense, Uraccan”, de la cual fue la primera rectora mujer.

¿Qué es para usted el río Coco?
Es la casa, el hogar, es el lugar quizás medio místico, donde todo era tranquilidad, armonía, a pesar de los efectos del actuar contra la naturaleza, sigue siendo, para la gente de Waspam, el lugar ideal para vivir.

Esa cosmovisión ¿se traslada a otras experiencias?
Facilita trabajar con el tema de pueblos indígenas, permite ver la diversidad cultural y étnica. Es una visión desde los pueblos indígenas, con todos los elementos de la naturaleza: el río, los animales, las personas, los espíritus que castigan a quien transgrede la naturaleza, pero si hago algo positivo me van a apoyar los espíritus.

Ese es el eje central del planteamiento de los derechos de los pueblos indígenas; cómo, desde esos conocimientos ancestrales podemos contribuir para mejorar las condiciones de vida de la gente, para transformar ese modelo de desarrollo que nos ha afectado a todos.

La he visto viajar en pangas, en lugares remotos. Como profesional ha vivido la experiencia de regresar a su tierra a devolver todos sus conocimientos de la universidad o de la capital.

Yo siento lo mismo. Lo expresan los ancianos en las comunidades, que cuando uno llega a la universidad se pierde la relación con la familia, la relación con el territorio, con lo que uno es.

Yo creo que de alguna forma, mi familia contribuyó para que yo mantuviera mis pies sobre la tierra, que no creyera que porque había estudiado una carrera universitaria ya era superior al resto de la gente de la comunidad.

¿Tuvo alguna experiencia como médico?
Me encontré sola muchas veces en el hospital, único médico en todo el río Coco, con casos que no los podía resolver sola; tenía que contactarme por radio con médicos de Estados Unidos y ellos me decían qué  hacer y tratar de hacer lo que me decían.
También me encontré con muchos casos en donde la solución me la daba la comunidad; por ejemplo, a la gente cuando la mordía una culebra, yo llamaba al médico tradicional, especialista en mordeduras de serpientes, llegaba al hospital y tratábamos al paciente en conjunto. También cuando llegaban pacientes de krisi siknis.

¿Por qué hay prejuicios de la medicina occidental respecto de la oriental?

En la Escuela de Medicina se enseña a olvidar toda esa base de conocimientos con que llega la mayoría de los estudiantes, porque vienen de comunidades, llegan de familias en donde eso se practica, pero te enseñan un conocimiento occidental que está basada en principios científicos y descartan todo este bagaje de conocimiento tradicional.

¿Qué la hace buscar algo distinto en su agenda?
Trabajar con los sectores más excluidos, cuyas condiciones de vida no han cambiado a pesar de estar en esos espacios; el hecho de estar en esos espacios me permite ver que lo que hacemos no es suficiente todavía para transformar las condiciones de vida de la gente.

Haber sido ministra, me enseñó las limitaciones enormes que tiene el Estado para poder resolver los problemas de la población; ser diputada me enseñó que apenas legislamos pero no transformamos esas leyes en políticas públicas.

¿Qué le enseñó la universidad?
Me enseñó que es fundamental y que en la medida en que nosotros podamos contribuir a transformar el sistema de Educación Superior y hacerlo más relevante a la población.

Obviamente, eso me empujó hacia el trabajo  en el exterior, he visto que muchas de las transformaciones que se dan dentro de los países, requieren también de un marco jurídico internacional, que de alguna forma obligue a los estados, a los gobiernos, a respetar algunos estándares internacionales de derechos humanos.
Por eso ahora estoy trabajando en el Sistema de Naciones Unidas tratando de promover ese marco internacional de derechos humanos, pero a la vez tratando de monitorear en la medida de las posibilidades cómo se está sintiendo en los distintos países.

 

De Bilwaskarma a Naciones Unidas

La doctora Cunningham es la presidenta del Foro Permanente sobre cuestiones indígenas, “un espacio desde el Movimiento de Pueblos Indígenas en los últimos 30 años, un mecanismo dentro del Sistema de Naciones Unidas de alto nivel”.

¿Cuál es la dinámica?
Hacemos visitas a los países, estudios, entrevistas, asistencia técnica a las agencias del Sistema de Naciones Unidas, y monitoreamos el cumpliendo de las recomendaciones del Foro y lo que adoptó la Asamblea General que es la Declaración de la ONU sobre Derechos de los pueblos indígenas.

¿Pero antes usted trabajó en otras instancias?
En los últimos años he sido miembro del Foro Internacional de Mujeres Indígenas en la articulación de las redes de Mujeres Indígenas de Asia, África, América Latina, Norteamérica. En los últimos 10 años he asesorado el trabajo de este foro; también el enlace de Mujeres Indígenas de América del Sur; también con la Alianza de  Mujeres Indígenas de México y Centroamérica.

En los últimos seis años he coordinado la Cátedra Indígena Itinerante, de la Universidad Indígena Intercultural. Esta es una red de más o menos 25 universidades de América Latina y una de España, en donde hacemos cursos de posgrado y maestrías para líderes indígenas de 19 países.

¿Cuál es su agenda, doctora, qué hace en una semana, en un mes?
En un mes viajo mucho, asisto a eventos. Por ejemplo, este último mes he estado en Acra, Ghana. Luego pasé a Dallas a una reunión de expertas sobre el tema de mujer rural donde presenté el tema desde la perspectiva de las mujeres indígenas. Posteriormente, me trasladé a Nairobi, Kenya, promoviendo las organizaciones indígenas del este de Asia para que ellos puedan conocer qué estamos haciendo en el Foro Permanente.

Con vistas a Río+20, estamos analizando cómo ellos pueden participar mejor. Después me trasladé a Bonn, invitada por el Gobierno de Alemania para una discusión sobre Educación Superior y pueblos indígenas.

Después en España promoviendo la relación con Iberoamérica. Este mes también hubo una reunión con el Gobierno de México y las organizaciones indígenas con vistas a la próxima Cumbre sobre Cambio Climático de Durban.

Ahora voy a Río de Janeiro a una reunión sobre los Determinantes Sociales y Salud, que está siendo promovida por la Organización Mundial de la Salud. Por supuesto, que tengo que pasar unos días en Bilwi, en Puerto Cabezas y en Managua.

Durante esas visitas, ¿qué le ha impresionado?
La situación es difícil en África. Es un continente más rico que el nuestro, pero las desigualdades son tan grandes entre los que tienen dinero y los que no tienen. Hay millones de personas que se están muriendo de hambre cuando hay suficiente producción de alimentos; donde a pesar de reformas constitucionales, por ejemplo, Kenya tiene una Constitución muy buena; sin embargo, todavía sigue la mutilación genital contra las niñas.

Hay cosas que podemos decir fácilmente en América Latina; sin embargo, allá no podemos; aquí podemos reclamar que en el censo se incluya la desagregación étnica, por ejemplo.

Desde América Latina y desde Nicaragua tenemos tantas cosas ya avanzadas que a veces nos ahogamos en un vaso de agua, pensando que el mundo se nos está acabando.