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José Andrés Ruiz, de 73 años y su esposa Rosa Carmela Velázquez, de 63 años, intercambian caricias como dos quinceañeros en una banca. Pocos son los transeúntes que le dirigen miradas donde el asombro no deja ápice de duda, y hasta no falta quien les diga algunos improperios.

Pero José y Rosa ignoran las críticas y continúan viviendo su idilio al margen de los convencionalismos sociales que les niegan el derecho al amor.

Con más de 35 años juntos, sobreviviendo tormentas y tempestades, las críticas de quienes no entienden que el amor no tiene edad le tienen sin cuidado.

José le acaricia el cabello y le roza la mejilla con el dorso de la mano. Es cierto que la juventud se ha llevado el azabache de su cabello y el terciopelo de su piel, pero para José no existe mujer más hermosa.

Rosa ha sido su amiga, su compañera incondicional y la madre de sus hijos, y hoy continúa siendo la amante que busca en las noches para satisfacer sus deseos más íntimos.

La fogosidad de la juventud ha dado paso a una sexualidad más sosegada, es cierto, pero no por eso menos importante y hermosa. Ahora las caricias y los besos ocupan un lugar primordial, porque para esta pareja el amor y el deseo sexual, no envejece.

“Nosotros todavía tenemos deseos. No estamos muertos a como muchos creen. Cuando yo digo que todavía soy sexualmente activo muchas personas se burlan y piensan que soy un depravado, pero no entienden que aunque el cuerpo cambie, el corazón y la mente siguen siendo jóvenes”, comenta José.

Cifras alarman
Por desgracia, José y Rosa son parte de una minoría de la población, ya que según un trabajo investigativo realizado por dos estudiantes de psicología de la Universidad Centroamericana (UCA), Samanta Isabel Lacayo Trujillo y María Soledad Sánchez Calero, la sexualidad es un derecho vedado para muchos.

La investigación realizada en la Casa Club del Adulto Mayor de Ciudad Jardín, reveló que solo un 16% de las personas están casadas, un 12% se encuentra acompañado o acompañada, pero un 72% no tienen pareja.

Tan solo el 20% de los adultos mayores está de acuerdo que las personas ancianas tengan vida sexual, contrastando con el 44% de las mujeres.

Esto indica que aunque la satisfacción sexual no necesariamente disminuye con la edad, los aspectos psicosociales la afectan y la limitan. La sociedad convierte a las personas de la tercera edad en personas asexuadas sin derecho a tener deseos ni a disfrutar de la intimidad como cualquier ser humano, circunscribiendo la sexualidad a la penetración y no a caricias eróticas.

El amor no tiene edad
Carlos Neyra Cuadra, Urólogo y especialista en Trastornos de la Sexualidad, asegura que esta no tiene límites ni fecha en el calendario, el problema son los tabúes que rodean el tema.

“El deseo sexual puede mermar un poco con la edad pero nunca desaparece. Lo que pasa es que alrededor del tema hay un fuerte estigma social”, dice el doctor Neyra.

“El qué dirán”, el aspecto sociofamiliar, la incomprensión de los hijos, algunas enfermedades asociadas, el alcoholismo, la drogadicción y los cambios hormonales producto del proceso de envejecimiento, son algunos de los factores que coadyuvan en un cierto amortiguamiento del lívido sexual, pero no lo elimina.

El doctor Neyra aconseja que para superar estos tabúes sociales y vivir la sexualidad a plenitud, es necesario hacer énfasis en la educación desde el hogar, de forma tal que los hijos no vean a sus padres como seres asexuados y cambiar el perfil de pareja perfecta y joven que muestran los medios de comunicación.

¿Cómo es el sexo en la tercera edad?
El doctor Neyra explica que con los años el sexo se torna menos frecuente por la caída hormonal, las reacciones físicas, las erecciones y los encuentros sexuales son menos frecuentes, aunque hay ciertas diferencias en el caso de hombres y mujeres.

“En el caso de la mujer la vida sexual es más fácil, y con lubricantes puede gozarla a plenitud porque es un órgano receptor. En el caso del hombre la situación es diferente porque el período refractario -espacio de tiempo que transcurre entre un orgasmo y otro– se prolonga.

A medida que los años pasan, hay un descenso significativo de la autoestima, por lo que estar sexualmente activo y responder a las necesidades de la pareja, es elemental en esta etapa de la vida, cuando las personas de la tercera edad se sienten más vulnerables, explicó el doctor Neyra.

 

Una sexualidad orientada a la procreación
La psicóloga Alicia Pérsico señala que el rechazo social que experimentan las personas de la tercera edad, es producto de una concepción errada de la misma, porque siempre es vista con fines reproductivos.

“El problema que se gesta en el imaginario social es que como yo no soy funcional y ya no voy a poder tener hijos, no tengo derecho a tener relaciones sexuales con mi pareja, porque esto va en contra de muchas concepciones religiosas y sociales”, indica Pérsico.

También señala que la sexualidad en la tercera edad cambia, ya que no es necesario tener una eyaculación o experimentar una erección para alcanzar el clímax. En muchos las caricias tiernas y los roces pueden hacer la magia, dice la psicóloga Pérsico.

Vivir la sexualidad dignamente es un derecho propio y es parte de cómo la persona se ve ante los demás, pero si se vive con represiones, críticas y culpas, eso desencadena morbo, depresión y tristeza.

Es importante indicar que muchas personas de la tercera edad no viven una sexualidad plena porque no se sienten conformes con los cambios que ha experimentado su cuerpo a través de los años, y esa idea hace daño, porque cuando tenemos una pareja la belleza está en el pensamiento, y traspasa el umbral de la vista, comenta la sicológa Pérsico.

Papel de los feromonas y endorfinas
La sicóloga Pérsico explica que el primer paso para tener una vida sexual plena es integrar a los adultos al nuevo estatus de su vida a través del baile, la danza y las distracciones.

“Actualmente el tema de la sexualidad se está trabajando en algunos lugares con lugoterapia, biodanza y actividades en grupo, ya que la alegría provoca liberación  de endorfinas y feromonas”, señala Pérsico.

Las endorfinas son hormonas capaces de inhibir las fibras nerviosas que transmiten el dolor, actuar a nivel cerebral produciendo experiencias subjetivas y sensaciones intensas y tener un efecto analgésico y sedante”, indicó la sicóloga Pérsico.

En el caso de las feromonas, estas son un compuesto químico natural que se encuentra en todos los insectos, los animales y los seres humanos. Cuando se secretan, ellas determinan el comportamiento sexual y atraen al sexo opuesto, comenta la sicóloga Pérsico.