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Especial para END

Cumbres nevadas en las montañas de Zürich, la ciudad más grande de Suiza. Las montañas con sus espectaculares formas geométricas te reciben y te invitan a disfrutar del frío y de la belleza de las espesas sábanas blancas de nieve que las rodean. Un clima extremadamente diferente al de Nicaragua, que te ofrece nuevas experiencias.

Una vez que aterrizas en el aeropuerto de Kloten, a las afueras de Zürich, el siguiente paso es buscar la forma de llegar al centro de la ciudad. La mejor manera es el tren que te lleva a la Estación Central o te conecta con los alrededores de la ciudad.

Ahí mismo, percibes las primeras sensaciones, algunas extrañas y encontradas, y es que, la acelerada movilización de las personas que buscan, esperan, salen o entran a la ciudad, recuerdan por un momento aquellas películas de nazis en las que los trenes iban atestados de judíos hacia su destino fatal.

Lo cierto es que la estación de Zürich, construida en 1847, es un punto de enlace para trenes provenientes de Alemania, Italia, Francia y Austria. De hecho, con sus cerca de 3.000 circulaciones diarias, es una de las estaciones más transitadas del mundo. Algo que te detiene a pensar sobre la velocidad de nuestras vidas.

Una vez que sales de la estación de trenes, el sol se ve como una bola blanca, casi como una luna, cuando llega el invierno Suizo. Se trata de la neblina que algunos días crea una densa capa e impide ver el azul de cielo.

Las calles pequeñas y sus edificios –de no más de cuatro pisos de altura–, te hacen sentir parte de una ciudad donde la tranquilidad se respira entre sus habitantes.

El recorrer sus calles en bicicleta o a pie te permite observar edificios con más de cien años, arquitectura clásica en el casco antiguo de la ciudad, donde cafeterías, librerías y galerías de arte dan un llamativo toque cultural, entremezcladas con otras edificaciones modernistas.

Zürich, con alrededor de 400.000 habitantes, representa la capital financiera de Suiza, donde su comercio es promovido tanto por los habitantes suizos como de otras nacionalidades.

En contacto con la naturaleza
En el mismo centro de Zürich se puede contemplar el lago Zürichsee, donde sus aguas cristalinas esperan a los visitantes con espacios para disfrutar de la fuente: arboledas en sus alrededores, animales acuáticos y saunas en el mismo lago.  Este es un entorno que despierta tristeza al recordar la suerte de algunas fuentes hídricas de Nicaragua.

En las aguas del Zürichsee todos se pueden bañar. El lago, con un área de 90 kilómetros cuadrados y más de 40 kilómetros de largo, constituye un importante punto de reunión, recreación y viajes en barco.

Un baile de colores

Y tan solo a una hora de la ciudad de Zürich, donde el sol se esconde detrás de la neblina, se puede ‘llegar al cielo y tomarlo en tus manos’. O al menos esa es la sensación al alcanzar la cumbre de la montaña Säntis, en plena sierra alpina.

Desde sus 2.502 metros de altura se puede apreciar entre las frías montañas alpinas un despliegue de colores y luz natural de gran nitidez, que es difícil encontrar hoy en día.

Para llegar hasta ese lugar inigualable, se toma un teleférico (por 60 dólares aproximadamente) en Schwägalp, en las faldas de la montaña, que te lleva hasta la cima, desde donde se puede ver Suiza, Alemania, Austria e Italia.

Säntis es la montaña más alta de la región del Macizo del Alpstein. Es un punto de partida y llegada de numerosas excursiones de montaña, paseos en esquí, caminatas o simplemente para comer un típico plato suizo compuesto por chorizo, pasta, manzana y una entrañable hospitalidad y compañía entre amigos: la mejor manera de disfrutar de la inmensidad de la belleza de los Alpes Suizos.