•  |
  •  |

¿Pero…, quién era Yadira Jiménez, la musa de nuestro poeta Carlos Martínez Rivas y su poema cumbre El Paraíso Recobrado?: una fantástica niña adolescente, bella, de alma inmaculada, que robó los sentimientos de aquel mozo nicaragüense, pretendiente a su amor. Y sucedió en San José de Costa Rica, cuando la capital era una villa de lindeza inspiradora en 1941.

La fina analista Helena Ramos en su trabajo titulado Recobrando El Paraíso Recobrado, publicado en la revista El País, Año II, No.17, Agosto-Septiembre 1993, expone de forma clara en el siguiente párrafo, que Yadira  fue sólo una figura o bien nada en la vida del poeta: “La viviente Yadira Jiménez, a pesar del carácter palpable y terreno de los versos, apenas se vislumbra. Ni interesa.” Y confirma su tesis cuando especulando escribe: “algunos lectores no creyeron que fuese una persona real Yadira, “pequeño nombre” que, como una rama imperecedera, está colocado a la entrada del Poema”.

Pero, la obra de simbolismos a descifrar, también tiene líneas o versos claros, directos, que demuestran lo contrario. Basta leer el Prólogo: “La conocí una mañana / en el aeropuerto de San José de Costa Rica. / Lo demás no puede ser más sencillo: la amé.”  Para continuar: “Un día partió para Colombia, para Cartagena…  / Y, entonces, yo, al no hallar que hacer con mi amor, / hice de él una canción”. Carlos tenía 18 años cuando escribió esta hermosura y Yadira 15. Apenas seis meses antes se habían despido en el aeropuerto de La Sabana en San José y Carlos además de haber apretado su manito con claro mensaje de pasión, estaba conmocionado por la añoranza del cariño recién partido.  

Y así es, en la Primera Escala del poema titulada Antes del Aire, Carlos recurre a la nostalgia cuando versa: “Yadira, aquí me tienes: / solo, como los monogramas en los pañuelos. / Y desde Granada, en el Colegio. / Sobre mi ventana que da al lago de Nicaragua, / y en esta hora te recuerdo, y pienso: / Era entonces en San José de Costa Rica…/ En el barrio Amón, y en la misma esquina de tu casa, / de tu casa con barandas…”. Sólo un corazón enamorado, puede anidar, con tanta felicidad, esos detalles.

Aparece Carlos figurando en la Segunda Escala, de las tres y el prólogo que conforman el poema y que se llama En el Aire, cuando triunfante dice: “Y oye que trinidad tan pura: / tú, yo y el aire. Y los tres somos uno. / Por eso, a través de tu cuerpo / puedo contemplar todo el cielo”. Mas, el vate nos ofrece la clave en el epigrama de esa Escala al referirse a San Juan de la Cruz: “… porque el Espíritu Santo, que es amor, también se compara en la Divina Escritura al aire”. Es decir la sacra y pura trilogía la conforman: Ella, él y el amor, porque aire y amor es lo mismo. Yadira, ha pegado y ¡de qué manera!

Y en la Tercera Escala, Después del Aire, CMR es directo: “… Y qué bien así! / Nadie y nada. Sino tú y yo: / una mujer y un hombre. / De nuevo juntos. Para siempre juntos”. Aparte del romanticismo, es una confirmación al flechazo amoroso que absorbió al conocer a Yadira de 13 años y que por fin consolida. Es más, la linda colombianita está presente a través de toda su creación. No hay duda, Yadira fue querida por el púber poeta en silencio, en secreto.

La conoció en Costa Rica
CMR conoce a Yadira en uno de sus viajes a Costa Rica para visitar a su padre, que allí residía en 1941. Entonces nació su fascinación por la niña neogranadina y sus dos hermanitas, con las características de su también temprana edad, mismas que experimenta cualquier niño en su paso a mancebo y el sexo no es el objetivo, sino el romance y lo digo con propiedad porque a esa prematura edad el que escribe también vivió similar amorío con la otra Yadira Jiménez, la artista de cine, que era místico, privado, secreto, unipolar y devenido en admiración hasta el día de hoy.

Carlos, que formó parte de la “Barra del Amón”, junto a Yadira, Thelma y Vilma Jiménez Argüello, Virginia Castro y su hermana mayor “La macha”, Vilma Fernández de la Paz, Delfina Collado Aguilar, Lía Corvetti, Margarita de la Osa, Álvaro Padilla, Juan Manuel Redilla (hijo de españoles), Álvaro París, Renato Gamboa, Renato Soto, otros mozalbetes e inmaculadas de edades entre 13 y 17 años, estuvo en la reunión de despedida ofrecida en la mansión de la familia Fernández de la Paz (frente a casa de las Jiménez) en “El Barrio Bajo Amón”, el 28 de marzo de 1943. Al día siguiente regresaron a Colombia en vuelo de Panagre y Carlos en el aeropuerto escribió en su libro de recuerdos la despedida que mostramos y reza: “Tras las alas de mi sueño / se fueron las tres en pos (aquí tachó cuatro, quizás por la mamá), / y hoy del libro de mi alma / esta página arranco / como un pañuelo blanco / que les diga mi adiós”. Y firmó: Carlos Martínez Rivas (NICA).

El hallazgo
Pasaron 56 años para encontrar a la misteriosa Yadira en su ciudad natal, Cartagena, Colombia. Agradezco a Dios el haberme permitido tal hallazgo y el disfrute que ello conllevó. Fueron días de embriaguez espiritual y fácilmente pude entender a Martínez Rivas, pues resulta imposible no adorarla. Y en esos días de febrero de 1999, Yadira comentó que el Apartado Postal No.75 era de su padre, el Cónsul Honorario de Costa Rica en Cartagena; que llegaron a San José con pretexto de su mamá costarricense, de arreglarle los dientes a Thelma, que los tenía ligeramente salidos y en Cartagena este servicio no le satisfacía; que estuvieron en San José tan sólo año y medio.

Conoció a Carlos en casa de su abuelita en el Barrio Soledad. Dijo que paseaban en bicicletas los sábados por la tarde, asueto obligado del Colegio de Señoritas, donde estudiaba ella y sus hermanas; que jugaban rayuela, saltaban la cuerda, veían revistas de artistas, tocaban guitarras y cantaban canciones en la esquina de su casa; que bailaban en reuniones caseras llamadas “Academias”, que se reunían en la mansión de la vecina Vilma Fernández de la Paz y paseaban por el Parque Morazán, a pie y en patines; que no tuvo o tiene fotos personales de Carlos, pero notaba cierta inclinación de Carlos por platicar sólo con ella. Y que en esos años nacieron sus primeras ilusiones, su corazón latió acelerado ante sus primeras emociones y brotaron entonces las primeras chispitas del amor.

Recordó con mucho cariño un paseo hecho a la finca de su tío Eduardo Bonilla Gutiérrez, hermano de su abuelita tica Clemencia Bonilla Gutiérrez, donde se bañaron en una poza, subieron una colina para cortar frutas, específicamente tunas. Rememora a Carlos subido al árbol para bajar las frutas sin golpearlas, luego degustadas como postre después de merendar al aire libre. Las chaperonas fueron su mamá, abuela y tías.

Helena Ramos en su trabajo mencionado, anota: “Si nos atenemos a los hechos concretos, el romance de Carlos fue intangible. Ninguna cita secreta a solas, ningún beso torpe y revelador. Creo que no le importaba mucho ser correspondido”. Sí, fueron amigos sanos, sin compromisos, mas eso no es prueba que hubiese de parte de Carlos un amor unilateral, incomprendido hasta por él mismo, respaldado por una fotografía de las tres hermanas, algún otro poema romántico especulado y el significativo apretón de su mano en el adiós. En el 41 Carlos tenía 16 años, un bebé y como todos, ininteligibles en cosas del amor. Carlos confuso, la quiso.

La gran sorpresa
La gran sorpresa surgió cuando Yadira comentó que su segundo apellido Argüello era nicaragüense, que descendía del granadino Toribio Argüello Agüero. Quizás ello influyó en la relación. Ahora la estirpe: A finales del Siglo VIII, Narciso Argüello del Castillo y Guzmán se casó con Esmeralda Agüero Lacayo de Briones y tuvieron varios hijos, entre ellos, Santiago y Toribio Argüello Agüero, todos granadinos. Este último siendo ministro del gobierno de Manuel Antonio de la Cerda escapó a Costa Rica, cuando alzados eliminaron a seguidores del jefe de estado De la Cerda en la isla de La Pelona en el lago Cocibolca, 1828.

En San José pronto formó familia con la señorita josefina Mercedes de Jesús Mora Porras y tuvo tres hijos: Manuel “Melico”, Dorila y David Argüello Mora.

Entre los hermanos de Mercedes de Jesús Mora Porras, su hermana Ana María se casó con José María Montealegre Fernández, luego presidente de Costa Rica (1860-1863); Guadalupe, contrajo matrimonio con el general José María Cañas, el firmante del Tratado Jerez-Cañas; José Joaquín, que fue general en jefe del ejército centroamericano contra William Walker, se unió a Dolores Gutiérrez Peña-Monge; y Juan Rafael “Juanito”, cuatro veces presidente de Costa Rica en los 1850 y combatiente victorioso de William Walker, tuvo de primera dama a Inés Aguilar Cueto, hija de Manuel Aguilar Chacón, jefe de estado entre 1837 a 1838. Los otros hermanos de Mercedes: Juanita, Miguel y Marina Rosa, crearon por igual familias prominentes en el vecino país.

Regresando a la línea directa de Yadira, Manuel “Melico” Argüello Mora se casó con Mariana de Vars del Castillo, que fue hija de Leoncio de Vars Dumatray, francés, y de Rita del Castillo Montealegre, fundadora del reputado Colegio de Nuestra Señora de Sión y tuvieron tres hijos: Manuel, Juan Rafael, luego casado con Matilde de Mendiola Zaldívar, y María Luisa Argüello de Vars, esposa ésta de Ricardo Brenes Volio. El mayor, Manuel Argüello de Vars, contrajo nupcias con Clemencia “Mechitos” Bonilla Gutiérrez y tuvieron dos hijas, Flora y Clemencia “Mimi” Argüello Bonilla. Clemencia Bonilla Gutiérrez, fue hija de Aquiles Bonilla Carrillo y María de la Gloria Gutiérrez. Los padres de Aquiles fueron: Manuel Antonio Bonilla de Nava y María de Jesús Carillo, hermana del Benemérito y presidente, Braulio Carrillo. Los padres de María de la Gloria: Rafael Gutiérrez y Marcelina Sedós.

Clemencia Argüello Bonilla, “Reina de belleza y de los ojos más lindos de Costa Rica”, realizó celebrado matrimonio en San José de Costa Rica el 10 de noviembre de 1927, con el colombiano cartagenero Lorenzo Jiménez Molinaris, hermano del escritor y miembro de número de la Academia de la Historia de Cartagena de Indias, Gabriel Jiménez Molinaris. De esta unión vino la gran inspiradora de Carlos Martínez Rivas, Yadira Jiménez Argüello que nació en Cartagena el 22 de septiembre de 1928,  y sus tres hermanos: Thelma, Vilma y Gabriel “Gabo” Jiménez Argüello, todos con un año de diferencia.

Nunca recibió el poema

Yadira, nunca recibió el ansiado poema. Ella supo de él, porque Carlos se lo recitó a su tía Flora Argüello Bonilla de Castro Orozco en San José de Costa Rica y quedó en enviarlo. Guarda la carta de su tía Flora, fechada en 1943, en donde relata lo dicho. Lo escuchó por primera vez de mis labios en esos hermosos días de 1999 y trémula, sollozó.


Carlos apareció por Cartagena en 1993 y se presentó en el Palacio de Convenciones. Fue publicada su visita por el diario de la ciudad, El Universal. Ella optó por no visitarlo, para que conservara aquella frescura de la encantadora niña de 15 años… Y así colocara “otra vez la rama, la manzana, el pájaro y la estrella” (Paraíso Recobrado)…

Yadira, viuda de su único esposo Gustavo Covo Tono, junto a sus hijos: Clemencia, Gustavo, Juan Manuel y Marcela, vive en Turbaco, a pocos minutos de Cartagena y cumplió 83 años en septiembre del 2011. Recuerda con felicidad aquellos días en San José de Costa Rica, su otra patria amada. Nunca imaginó el futuro portentoso de su amigo poeta, menos su paso a la historia universal del verso enamorado.

Febrero, 2012, mes del amor.