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“Siempre hay viejos ‘traidos’ (enemigos) que quieren vengarse cuando te miran en la calle, pero hoy camino sin temor y solo con temor a Dios y sin miedo al hombre… hoy lo que quiero es capacitarme, tener una barbería, cantar porque Dios me dio ese don, y más adelante casarme y hacer mi hogar”, son las expectativas de Josué Ruiz Padilla, de 20 años.

Ruiz Padilla habita en el barrio “Walter Ferreti” de la capital, y es uno de los 200 jóvenes que están siendo capacitados en el Centro de Promoción y Desarrollo Juvenil “Juventud”, de la Policía Nacional.

Durante algún tiempo integró una pandilla en dicho sector, pero ahora se siente agradecido de haber recibido la mano amiga policial que le está permitiendo estudiar el oficio de barbero. Al concluir esta fase dice que desea estudiar electricidad.

El Centro Juventud abrió sus puertas el 14 de julio de 2011, y desde entonces imparte clases de oficios y carreras técnicas a “chavalos” que han sido pacificados por la Policía. Los cursos  tienen una duración de 10 meses, y el presente curso culmina en julio próximo.

“Una sociedad que aísla a sus jóvenes está condenada a desangrarse”, fue la reflexión de la primera comisionada Aminta Granera, Directora de la Policía Nacional, al inaugurar dicho Centro, y celebrando que centenares de jóvenes decidieran dejar las pandillas y las drogas.

Barrios atendidos

El comisionado Pedro Rodríguez, segundo jefe de la Dirección de Asuntos Juveniles, Dajuve, de la Policía, explicó que los jóvenes que están siendo capacitados provienen de los barrios  “Camilo Ortega”, “Jorge Dimitrov”, Las Torres, “Hilario Sánchez”, Los Rieles, Las Américas Uno, Dos y Tres, Laureles Norte y Sur, “Georgino Andrade”, Villa Austria, Villa Reconciliación y Lomas de Guadalupe.

Computación, mecánica automotriz, electricidad domiciliar, reparación de electrodomésticos, corte y confección con énfasis en sastrería, panadería, belleza con énfasis en barbería, manualidades e inglés, son las carreras técnicas y oficios que cursan los jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 16 y los 24 años.

“Estamos trabajando con la empresa privada para que, una vez que estos jóvenes concluyan, ellos puedan hacer sus horas prácticas, con la posibilidad de que les puedan brindar empleo. Los empresarios de Nicaragua lo han asumido con mucha claridad para cumplir con su rol social empresarial”, aseguró el jefe policial.

Deseos de superación

Deydania Rocha, de 17 años, vive en Villa Reconciliación, estudia estilismo, y su deseo es llegar a tener su propio salón de belleza. “Quiero aprovechar al máximo la oportunidad que nos están regalando, porque la vida de la calle no es buena, a veces nos engañamos nosotros mismos y decimos que andar en las pandillas es andar en onda, pero sabemos que no es verdad”, dijo.

En el Centro hay 22 profesores, y José Luis Araica es el maestro de Computación, que imparte clases a 35 jóvenes en dos laboratorios. Explica que los “chavalos” podrán aprender a operar las máquinas y a dominar la caja con computación para luego poder optar a empleos en supermercados, establecimientos comerciales pequeños y brindar servicios en un cyber.

“Los muchachos tienen grandes expectativas en el ámbito laboral, pero a medida que avanza el curso ellos verán que esa meta será más fácil de alcanzar”, afirma el docente.

Josué y Deydania han tenido la oportunidad y la posibilidad de permanecer en las capacitaciones, pero según el comisionado Rodríguez, unos 35 jóvenes se han tenido que retirar debido a que ya tienen una familia que necesita de su ayuda económica o porque han cambiado de domicilio.

Con los brazos abiertos

Construido gracias a la cooperación internacional, que aportó 47.5 millones de córdobas, el Centro Juventud cuenta con canchas y salones multiusos.

Los jóvenes que realizan los cursos son seleccionados de los grupos que atiende Dajuve, pero ya han llegado madres de familia a pedir ayuda para que sus hijos reciban atención.

“Un joven puede venir aquí y nosotros analizamos su situación, y si los factores de riesgo están sobre él, entonces también le damos la oportunidad; recibimos a otros jóvenes porque nuestra directora ha firmado convenios con ocho centros de atención a las adicciones que trabajan con jóvenes que tienen adicción al alcoholismo y a las drogas, una vez que ellos concluyen sus procesos nosotros los incluimos en los programas de estudios”, indicó el comisionado Rodríguez.

La Policía Nacional, además, apoya el Programa “Segundo Paso”, dirigido a los estudiantes de preescolar, para que aprendan a controlar sus emociones.

También lleva el “Programa Dare”, en conjunto con la Embajada de Estados Unidos, que busca prevenir el uso y el abuso del consumo de drogas en los alumnos de secundaria. Así mismo, apoyan el “Programa Great”, que incentiva a los estudiantes para que no ingresen a las pandillas.

Exmareros andan sensibilizando

Pero, aún hay muchos jóvenes que no han encontrado el apoyo de la sociedad y la mano amiga policial. No obstante, el comisionado Rodríguez aseveró que están dando atención a 162 grupos de jóvenes en riesgo y a 42 pandillas.

Estos “chavalos” cometen delitos como alteraciones al orden público, daños a la propiedad, enfrentamientos donde en ocasiones resultan muertos, pero no ejecutan actos delictivos con los niveles de crueldad con que lo hacen las maras en otros países, señaló.

“Descartamos por completo que mareros que estuvieron en otro país y ahora están en el nuestro estén operando o enseñando a otros sus técnicas, y tenemos una excelente experiencia, de los 124 exmareros que son controlados por parte de la Policía Nacional, siete andan tratando de sensibilizar a los jóvenes nuestros, la mayor parte en Managua”, dijo Rodríguez.

Los planes de la Policía son integrar a muchas más jóvenes al Centro Juventud, donde estos tendrán la oportunidad de educarse, alimentarse, recrearse y dejar las calles, pero, sobre todo, de materializar poco a poco sus sueños.

Buscan autosostenibilidad

En el Centro Juventud, los jóvenes reciben transporte y alimentación gratuita, pero sus guías están fomentando en ellos la siembra de granos básicos para que la institución sea algún día autosostenible.

La misión que los “chavalos” realizan en los terrenos del lugar ya dio sus frutos: el año pasado sembraron una manzana de maíz, logrando una producción de 14 quintales. En tanto, media manzana de frijol produjo ocho quintales.