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Empleo casi no hay,
pero trabajo hay en p…


Sería fantástico llegar a la “sesentud” y que todas las personas pudiesen decir, vivo a mi manera, así, como siempre lo soñé. Lamentablemente tal situación, más que la regla, es la excepción y, Agustín Lara es una de esas excepciones. Recuerda que desde jovencito, cuando andaba organizando células sandinistas por los caminos y veredas del departamento de Carazo, se ilusionaba pensando que cuando triunfara la revolución viviría en una pintoresca finquita, similar a aquellas por donde transitaba tenso y cansado, pero muy seguro de ser un constructor de futuro. La vida, cual una película, dejó aquel sueño juvenil en suspenso por varias décadas.

Fue hace tres años, que aquella especie de largometraje reinició su rodaje. Agustín y Amelia Elizondo recorriendo los caminos caraceños se detuvieron en un paraje y Amelia, sorprendiendo a quienes le acompañaban dijo: “Este es el sitio donde he de vivir. Dicho y hecho. Negociaron y compraron.

Para la vida de Agustín, fue como si el Gran Director del universo, hubiese dado la orden; “Cámara, acción”. Él y su compañera comenzaron a protagonizar esa parte del filme por años esperado: “Casa de Campo; una vida entre naturaleza, historia y futuro”.


Los estereotipos
Me fue un poco difícil imaginar al antiguo secretario político y predicador del marxismo-leninismo, en el papel de restaurantero. Atrás quedaron las tareas ideológicas, hay que vivir el presente, pareciera ser la consigna del “cantante” como llamaba Oscar Turcios a Agustín. Y no es que ser restaurantero sea menos que secretario político, no, en ningún momento se me mal interprete. Pero a usted le ocurriría igual si conoce a una persona como violinista y con el pasar del tiempo, lo encuentra haciendo de torero. ¿No le parece?

Seis manzanas de terreno, vegetales orgánicos, 60 tipos de árboles frutales, 30 variedades de hortalizas, menú de 30 platos, senderos, arboreto, frescura, pájaros, monos congos, y la especial atención de los dueños y equipo de colaboradores, es lo que encuentra el visitante al llegar a Casa de Campo, en el kilómetro 61 de la Carretera Sur.

Como le dije a nuestro entrevistado, ese lugar y ese negocio tan familiar es algo que a muchísima gente le gustaría tener. Autosostenible, ecológico, típico, con mucha historia que contar y muchos planes de futuro que ejecutar. Antes de entrar en materia le disparo la pregunta que siempre reservé para un momento como este:

¿Te llamas igual que el gran compositor mexicano, alguna anécdota que te haya ocurrido?
Hay varias, pero una de ellas ocurrió precisamente en una visita a México, acompañando al Grupo de los 12. Fue en mayo de 1979, yo estaba clandestino; viajé con un pasaporte hondureño y con distinto nombre.

Cuando llegamos al aeropuerto mexicano y vieron mi pasaporte me preguntaron por qué siendo hondureño acompañaba a una delegación nicaragüense invitada por el presidente José López Portillo.

En mi ingenuidad les expliqué que realmente yo era nicaragüense y que me llamaba Agustín Lara. El oficial de Migración debió creer que me burlaba de él y me retuvo. Así que el delegado de protocolo intentó convencer al oficial de Migración para que me dejara pasar, explicando las circunstancias de la lucha revolucionaria de Nicaragua, pero fue en vano. Aquel hombre no cedió una pulgada. Hubo que llamar al Ministro de Gobernación y a otras autoridades de alto nivel para que me dejaran entrar.

Cuando nos reunimos con el presidente López Portillo en la Presidencia, lo primero que preguntó fue: ¿Y quién es Agustín Lara? Eso te indica el nivel de confusión que se armó con mi nombre y mi pasaporte falso. Definitivamente, es un nombre difícil de olvidar, mucho menos en México (risas).

¿Cómo se te ocurrió esta idea de negocio, vinculada a la tierra?
Amelia y yo, analizamos y comprendimos que en Nicaragua, el turismo tiene más perspectivas de desarrollo que la industria. Por otra parte, yo trabajé varios años en Chontales y otros en Las Segovias, y me deleitaba observando la transformación de las semillas en frutas. Además, siempre quise darme el lujo de extender la mano en el patio de mi casa, cortar y comerme la fruta que yo había sembrado. Estamos hablando de calidad de vida.

¿Cómo se reparten las tareas entre ustedes?
A ella le gusta la jardinería, el diseño, la administración. Yo asumo los asuntos logísticos, el mantenimiento, las compras. Nos complementamos. Pero es importante señalar que la experiencia adquirida por Amelia en La Casa del Café, un estupendo negocio de la familia Elizondo ha sido fundamental tanto en lo gerencial como en los productos que ofrecemos.

Ella heredó de su papá, Ricardo Elizondo, el gusto por la cocina y las recetas para pastelería. Don Ricardo fue el creador de toda la pastelería que hizo tan famosa a La Casa del Café.
 
¿Qué recompensa tiene una persona para viajar hasta Casa de Campo?
Hay varias. Clima agradable, vegetales y frutas cosechadas en nuestros huertos, olores y sabores nicas, buena comida, atención esmerada y profesional.

¿Ha incidido en la empresa tu origen político?
En ningún momento. Este negocio más bien me ha permitido ser amigo de los que antes fuimos adversarios. He ampliado mi círculo de amistades y me he reencontrado con amigos que tenía mucho tiempo de no ver.

¿Cuántas personas trabajan en esta empresa?
Entre restaurante y labores de campo, unas 15 personas.

¿En cuánto tiempo alcanzaste tu punto de equilibrio?
Nos tomó prácticamente dos años.

¿Qué otros proyectos tienes en mente?
Desarrollar una pequeña industria alimenticia, de hecho ya vendemos algunos productos como jalea y mermelada. Pensamos también vender frutas y hortalizas frescas. Asimismo, está en planes construir un pequeño hotel campestre, cultivos hidropónicos y una laguna artificial para cultivar nuestros propios peces.

Tienes 59 años y muchas cosas por hacer. ¿Hasta qué edad consideras que se puede seguir siendo emprendedor?
Yo creo que cuando no tengás proyectos y motivaciones para el día siguiente, es mejor no levantarse de la cama. Ya estás muerto. Además, que el trabajo fomenta la autonomía de una persona y eso es muy importante para sentirte pleno, a la edad que sea.

¿Cómo te ves de aquí a diez años?
Bien de salud, con mi familia bien y en un mejor país.

¿Un consejo a las personas que desean emprender algún proyecto y no se deciden?
No me gusta dar consejos, pero tratándose de una entrevista, lo haré. Creo que hay que vencer los miedos. El miedo inmoviliza. También hay que mantenerse en movimiento, pues lo estático se muere.