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Tuve la sensación que Reyna Monge desempolvaba lentamente, una a una, varias fotografías en blanco y negro y se remontaba 25 años atrás. Sus primeras palabras me indicaron que aunque estábamos en el mismo lugar de aquellos años, nada era igual. “Aquí eran unos algodonales y sólo había unas cuantas casitas dispersas. Éramos unas pocas personas. Mi ranchita era de media caña, con piso de tierra. Mi marido era taxista y yo, ama de casa. La situación económica era muy difícil...”

Definitivamente, el cambio se percibía. Era como si Reyna hubiera dado un gran salto de garrocha en las olimpíadas de la vida. Y esta competidora de la pista y del campo empresarial, al igual que las olímpicas, tiene su especialidad: es experta en el uso del apalancamiento financiero. Utilizando microcrédito tras microcrédito, logró construir una importante empresa panificadora que genera 20 empleos entre directos e indirectos.

Pero vamos por partes, ¿qué es apalancamiento financiero? Veamos. Apalancamiento viene de palanca, lo cual nos recuerda aquella famosa frase del sabio Arquímides: “Dame un punto de apoyo y moveré la tierra”. Los estudios e investigaciones de este físico griego lo llevaron a afirmar que se podría mover de lugar toda la bolita del mundo, si contaba con una palanca colocada sobre un punto de apoyo correctamente ubicado en el espacio. Este planteamiento es la esencia de la teoría de las palancas, instrumentos sencillos que transmiten y magnifican una fuerza aplicada.

El caso es que los expertos en finanzas retoman la famosísima frase de Arquímides y la utilizan para explicar los beneficios que obtiene una empresa al endeudarse para financiar algunas compras de equipos o insumos. La idea central es que las deudas, bien administradas, sirven de palanca para generar mayores utilidades en una empresa. Esto implica que las ganancias generadas por el uso del microcrédito deben ser mucho más que los intereses pagados por el uso de ese dinero ajeno. Existe toda una clasificación de los diversos tipos de apalancamientos, pero no nos vamos a meter a esos laberintos. Nos basta saber la función principal.

Pero volvamos a Reyna. Todo parece indicar que esta emprendedora, nacida en Teustepe, está muy clara del poder de esa herramienta, pues desde que puso a funcionar su idea de negocio, no ha dejado de buscar el apoyo de Prestanic, una microfinanciera con principios cristianos, que le ha servido de palanca durante diez años para realizar las inversiones que ha necesitado e incrementar con ellas las utilidades de su empresa.

Comenzó con una pana en la cabeza y ahora es dueña de varios vehículos
Panadería Reyna está ubicada en el barrio San Jorge, situado en las cercanías de la ciudad de Tipitapa, viajando por la carretera vieja. Aunque no tiene rótulo, no hay quien no conozca de este negocio de gran vitalidad e historia empresarial.

¿Cómo surge la idea de montar una panadería?
Le dije a mi marido que iba a hacer pan, y él me respondió: “Te voy a prestar un dinerito, pero, qué vas a poder vos hacer pan”. Yo le respondí que iba a intentar aunque fuera con una arroba (25 libras). Cuando él vino de taxear vio el producto y me dijo que me podía ayudar a venderlo en Managua. Sin embargo, no tuve necesidad. Me fui a pie, con una pana en la cabeza, a vender el pan y lo vendí todo. Después hice 50 libras, y más adelante un quintal. Recuerdo que ese quintal yo me lo tiré sola, a mano, con ayuda de una señora. Desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde. Al día siguiente amanecí toda adolorida que no podía ni moverme. Entonces me decidí a buscar otra señora que me ayudara. Así estuvimos por un buen tiempo hasta que compramos una máquina manual que se les llama Yoya, y con ella nos quedaba la masa más fina. Para ese tiempo comencé alquilando un carretón y mi marido me ayudaba vendiendo el pan en Managua.

¿En qué momento decide buscar financiamiento en Prestanic?
Llegó el momento en que trabajábamos dos quintales diarios y había que ir más largo para poder vender el pan, fue cuando le dije a mi marido que me ayudara a conseguir una camionetita de unos mil dólares. El al inicio como que no se entusiasmó con la idea, pero al ver que yo tenía unos ahorros, él me prestó otra parte y compramos la primera camionetita. Después vi que necesitaba una más grande, y fue cuando saqué los primeros mil dólares con Prestanic. Después presté para comprar sartenes, después para una máquina, después para harina... y así.

¿Cuántos quintales procesan en la actualidad?
Diez o doce quintales diario.

¿Cómo hace para vender toda su producción?
Tengo dos camioncitos de dos toneladas cada uno. Ellos son totalmente herméticos y en uno de ellos viaja mi marido hasta Boaco. Otro viaja a Camoapa. Tengo también una camioneta pick up, y tres bicicletas panaderas. También tengo dos vendedores que tienen su propia camioneta.

¿Podría decirse que el microcrédito ha sido de gran apoyo para su desarrollo?
Claro que sí. En estos diez años he sacado 14 créditos con Prestanic. He tenido préstamos de todo tamaño, desde mil hasta de seis mil dólares. Pero siempre los pago puntualmente y a veces hasta antes del plazo.

Los intereses que le han cobrado, ¿son muy altos o son aceptables?
En algunos momentos los sentí altos, pero ahora me tratan mejor.

¿Usted le recomendaría a otra empresaria tomar préstamos para su negocio?
Sí. Pero tienen que saber trabajar. Porque si ponen de garantía su casa y después la pierden por no saber trabajar, eso sería muy fregado.

¿Por qué hay tantos panaderos que se quejan de este negocio?
Porque administran mal. Imagínese que hay panaderías de Managua que cierran y nosotros desde aquí llevamos producto hasta allá.

¿Cuál es su horario de trabajo?
Desde las tres de la mañana hasta las siete de la noche.

Recomendación
Estimada empresaria o empresario, si le llegan a ofrecer crédito para su negocio le recomendamos lo siguiente:
No desvíe dinero para otros gastos que no sean los que motivaron el préstamo.

No acepte halagos para aceptar mayores montos que los necesarios.

Haga cálculos para confirmar que las utilidades esperadas serán mayores que los intereses a pagar.

Pague puntualmente. Los intereses moratorios y demandas judiciales pueden afectarle gravemente.