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Tiene tres años repitiendo el primer grado. A sus diez años es inquieto, agresivo, no pone atención y no respeta la autoridad del profesor. ¿Por estos motivos debería ser expulsado de un colegio? NO. Lo que sucede es que el niño pide a gritos que alguien le ayude.

La mayoría de los niños que actúan de esa manera tienen en común: que vienen de un hogar dividido, con una infancia víctima de maltratos y abusos por parte de su progenitor, progenitora o tutor, como parte de la Violencia Intrafamiliar, VIF.

Esto es lo que descubrieron varias especialistas como parte del proyecto “Mejoras en la Escuela Rafaela Herrera”, de Mateare, y Escuela Anexo “José de la Cruz Mena”, de Tipitapa, el cual se implementa este año con el objetivo de identificar y tratar de erradicar las causas del bajo rendimiento de los alumnos y alumnas, más allá del aula de clases.

Para las especialistas en trabajo social y psicología del Movimiento de Mujeres Trabajadoras “María Elena Cuadra”, MEC -organización que impulsa el proyecto- el bajo rendimiento en la educación comienza por los maltratos que su alumnado sufre silenciosamente en los hogares, y que en la escuela se refleja con sus actitudes.

Violencia reduce desarrollo educativo
La licenciada Estela Zelaya, subdirectora del Núcleo Educativo Rural de Mateare, señala que este año se implementó el proyecto esperando un cambio sociocultural de la comunidad y los niños.

“Cuando la relación familiar es violenta, nos impide alcanzar logros significativos con los niños y así es imposible obtener un logro con la simple enseñanza del colegio”, advierte.

“Muchos creemos que muchachitos y muchachitas no tienen responsabilidades, ni preocupaciones, pero nos fijamos que los niños venían a clases bien estresados: Eran los problemas en el hogar”, asegura Zelaya, mencionando que el Ministerio de Educación tiene las consejerías escolares, pero en ocasiones se necesita el apoyo de especialistas.

Desataca que en el “Rafaela Herrera” han trabajado con consejeras escolares voluntarias y a través de ellos han tratado de reducir esa actitud agresiva con charlas grupales, pero es imposible lograrlo de forma simple, pues son 375 niños y niñas, muchos hijos e hijas de trabajadoras de zona franca y padres pescadores.

Efecto palpable
Según lo observado en esa comunidad, la licenciada Zelaya, calcula que de cada diez alumnos, ocho tienen indicios de maltrato severo. Desataca que los afectados no captan lo explicado en el salón de clases, marcándose un déficit en el aprendizaje. “Unos son hiperactivos, mientras otros hasta se duermen en sus pupitres, porque es en la escuela que tienen más tranquilidad”.

El centro mencionado da clases de Preescolar, Primaria y “Extra edad”, siendo en este último nivel donde más se muestra del bajo desarrollo educativo.

“Les cuesta más cumplir con su primaria, son repitentes de tres, hasta cuatro años, con edades de trece a catorce años, siempre en primer grado”, dice Zelaya.

“Regularmente (cuando están fuera de la escuela) se mantienen en la calle y ahí se da la ley del más fuerte, por eso luego incluso agraden a los más pequeños”, señala la especialista.

Como parte del proyecto, en junio del año pasado, se mejoró infraestructura, brindando mejores condiciones para el estudio y un colegio así les atrae más, y hasta se sienten orgullosos de pertenecer al centro de estudios. Para esto se restauraron aulas, se pintó, instalaron cerámica en las aulas, bebederos, se construyó un muro perimetral, los servicios higiénicos que no había, los andenes en las aulas, la dirección y una bodega, según Zelaya.

“Nos dimos cuenta que había mucha violencia intrafamiliar, e incluso el abuso sexual infantil en cuatro niñas”, señala por su lado Jesenia Pellicer, psicóloga del Movimiento MEC, comenta que desde el año pasado trabaja en el Colegio “José de la Cruz Mena” de Tipitapa.

“Se conoció de esto a través de los grupos de autoayuda del centro y que están en reforzamiento escolar. Uno de los efectos de la violencia del hogar, es que crean conductas desafiantes, agresivas o, lo contrario, sumisas. Así, nos encontramos con atraso en el nivel académico del alumnado. Niños de trece años en segundo o tercero grado”, añade.

El involucramiento de los padres
Enelgia Ballasteros, otra de las especialistas explica que para tener buenos resultados se necesita trabajar de la mano con el padre, la madre o el tutor, el director, la maestra y los alumnos. Sin embargo, en ocasiones se encuentran con padres que bloquean este trabajo, pues les resulta difícil romper esquemas arraigados.

“Ser padre o madre se cree que es tal como te trataron de chiquito, pero poco a poco uno comienza a tomar conciencia, con la información obtenida, los grupos de autoayuda, y terapias grupales con mujeres víctimas de violencia”, explica.

“Es todo un proceso para que identifiquen qué es violencia y no se siga viendo como algo normal, porque luchar contra la violencia tiene que ser una responsabilidad compartida, tanto del Estado como de las organizaciones de sociedad civil y de la comunidad”, alega Ballesteros.

Violencia sexual o muerte emocional
Sobre el tema de la violencia sexual Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención contra la Violencia, Ceprev, comenta que cuando un niño tiene dañada su autoestima por la violencia, por el abuso sexual, por el maltrato, en su desarrollo no sólo tendrá un problema escolar, sino también en sus relaciones interpersonales. En el caso del abuso sexual, esta es prácticamente una muerte emocional.

“Es un daño tan grande que la persona queda con una herida para siempre”, afirma Zalaquett.

“Hay quienes pueden superarlo, o dejan atrás sus traumas, pero eso dependerá de la atención psicológica que reciba y de la gravedad del abuso o del agresor, pues no es lo mismo que seas la víctima de un desconocido, a que sea un familiar o una persona de confianza de tu hogar”, expresa la directora del Ceprev.

Para Marta Salvany, pedagoga, de la organización Palante-Ixaya, cuando un niño es maltratado o abusado, es probable que no se desarrollen todas sus capacidades de la misma manera, porque puede tener miedo de un adulto o cuando hace algo mal, por las repercusiones que eso tendrá. Entonces puede convertirse en un niño o una niña que no pueda decir “no” y no sepa pedir ayuda porque considera que es humillante. Desde ahí su aprendizaje puede estar limitado.

“Cuando una persona está limitada en sus emociones también se limita a la hora de expresar todo lo que quiere ser, lo que quiere soñar. Así pierden autonomía, pierden creatividad, capacidad de resolver situaciones conflictivas, tanto en situaciones de violencia como en situaciones tan simples como ¿qué hacer si no llevó un lapicero a clases?”, dice Salvany.

Estar curado para poder curar
Isabel Jodar, de Palante-Ixaya, dice que atienden a consejeras escolares del Ministerio de Educación, con quienes trabajan en su desarrollo humano, siendo elemental el autodescubrimiento.

“Trabajamos con el Mined desde el año 2007, en una estrategia de consejería escolar que se denomina ‘Escuela de familia’. Te aseguramos que más del 80 por ciento de las consejeras escolares han vivido abusos en su infancia y no supieron poner nombre al abuso sufrido”, afirma Jodar.

Apuntando al corazón de la VIF

La Ministra de la Familia, Mifamilia, Marcia Ramírez Mercado, señaló que como parte de esta lucha, desde el gobierno se está implementando la política de La Primera Infancia: “Amor para los más Chiquitos”, que apunta al corazón de la Violencia Intrafamiliar.

“Estamos yendo de casa a casa con la cartilla de estimulación temprana, pero también con la orientación a padres en relación con la relación con la niñez y a lo interno de la familia. La violencia es un tema de valores, cultura y deformación. Se debe retomar el tema y trabajar con la familia para que se relaciones con una manera de respeto y dignidad”, indica.

Ramírez detalla que en 2011 Mifamilia presentó la cartilla de estimulación temprana en 205 mil hogares. Para este año el plan son 250 mil visitas nuevas, con segunda y tercera visita a hogares ya visitados.

Afirma que Mifamilia tiene un proyecto financiado por el Banco Mundial que se desarrollará en seis departamentos del país, para dar atención a la niñez y sus padres y madres en formación laboral y creación de habilidades y destrezas para la crianza.