•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Segunda y última entrega

Una de las singularidades de León Viejo es el hecho de que en ella ejerció su gobierno uno de los más encumbrados representantes de la corona española en tierras del Nuevo Mundo, el tristemente célebre Pedro Arias de Ávila, por contracción conocido como Pedrarias Dávila, apodado el “Galán” por su apuesta figura y el “Gran Justador” por su lucimiento en justas y en torneos, donde ganó fama de invencible. 

En tierras americanas agregaría luego otro apodo, quizá más justo: “Furor domini”, por su duro carácter y sus inhumanas crueldades con los indios, de las que tampoco escaparon los mismos españoles.

Hijo del segundo conde de Puñoenrostro, fue paje del Rey Poeta Juan II, en cuya corte se educó. Heredó de su tío, el Obispo de Segovia, Juan Arias, una inmensa fortuna. Se casó con Isabel de Bobadilla y Peñalosa, hija del comendador de Calatrava y sobrina de la marquesa de Moya, Beatriz de Bobadilla, íntima amiga y dama de la corte de la reina Isabel La Católica.  Cuando Pedrarias, primer gobernador de

Nicaragua, llegó a León, era un anciano, pero lleno aún de energía, pese a sus dolencias y quebrantos de salud.
Pedrarias trajo de Panamá ganado vacuno, bovino, porcino y mular, así como otros animales domésticos, granos e implementos agrícolas. Pedrarias se esforzó por precisar los límites de su gobernación, continuó las expediciones al Desaguadero, y con él se inicia para Nicaragua el período propiamente colonial. La ciudad de León dejó de ser una simple colección de miserables barracas, y las primeras construcciones, al modo de España, comenzaron a levantarse.  El 6 de marzo de 1531 murió Pedrarias después de larga y penosa enfermedad.  En su carta al Emperador, fechada el 30 de mayo de 1531, Castañeda informa de la muerte del gobernador Pedrarias, la que atribuye a “vejez y pasiones y enfermedades que tenía”.

A Pedrarias sucedió en el gobierno de Nicaragua Rodrigo de Contreras, natural de Segovia, yerno de Pedrarias, casado con doña María de Peñalosa, hija del temible Furor Domini, digna heredera del carácter violento y aventurero de los Arias Dávila, quien llegó a ser la mujer más rica del Nuevo Mundo, pero también una de las más desgraciadas, por la suerte que corrieron sus hijos mayores Hernando y Pedro de Contreras.

El otro hecho de enorme trascendencia histórica que tuvo lugar en León Viejo fue la sublevación de los hijos de Rodrigo de Contreras y el martirio del Obispo Valdivieso, cuya vida y sacrificio el Lic. Edgard Zúñiga califica como “el Capítulo más glorioso de la Historia de la Iglesia de Nicaragua”.

No sólo la ciudad fue testigo de este crimen sacrílego, sino que el mismo se dio en el contexto de la confrontación provocada entre la Corona española y los descendientes de los conquistadores, con motivo de la promulgación de las llamadas Nuevas Leyes, dictadas en Barcelona por el Emperador (1542) en respuesta a las incansables gestiones de fray Bartolomé de las Casas. Las Nuevas Leyes prohibían a los gobernadores y a los demás funcionarios, así como a las autoridades eclesiásticas y religiosas, tener encomiendas, las que, por otra parte, dejaron de ser hereditarias.  Las encomiendas declaradas vacantes pasaron al patrimonio real. Las Nuevas Leyes representaban un rudo golpe para los intereses de los conquistadores y sus descendientes, por lo que no es extraño que en varios puntos del imperio hispánico se produjeran rebeliones en contra de su aplicación.  Tal fue el caso de la sublevación de los Pizarro, en el Perú, y de los hermanos Hernando y Pedro de Contreras, en Nicaragua.

En la Gobernación de Nicaragua, quien más energía demostró en el cumplimiento de las Nuevas Leyes fue el obispo, fray Antonio de Valdivieso, de la Orden de Santo Domingo y gran amigo de Fray Bartolomé de las Casas.  Nombrado obispo por Carlos V en 1544, recibió la consagración episcopal en Chiapas, en enero de 1545, de parte de los obispos fray Bartolomé de las Casas, entonces Obispo de Chiapas; Francisco Marroquín, Obispo de Guatemala, y del obispo Pedraza, de Honduras. Los tres obispos se habían reunido en Chiapas, precisamente, para estudiar las medidas que debían tomar para asegurar el cumplimiento de las leyes que beneficiaban a los indios, persuadidos de que los encomenderos no renunciarían a sus privilegios fácilmente.

Pronto se produjo el choque entre el obispo Valdivieso y la familia del gobernador Contreras.  Las prédicas de Valdivieso contra los abusos de los encomenderos subieron de tono, al extremo que un domingo la esposa del Gobernador, María de Peñalosa, se retiró de la catedral, mientras sus hijos proferían públicamente claras amenazas contra el obispo.  Para el gobernador Contreras las cosas no andaban bien. El subterfugio legal al que había recurrido para no perder las encomiendas, traspasándolas a su mujer y a sus hijos en escrituras antedatadas, fue descubierto, pasando sus enormes encomiendas al real patrimonio. De nada sirvieron tampoco las gestiones que personalmente hizo ante la Corte Rodrigo de Contreras.  La cólera y el resentimiento de la familia Contreras se centró en la persona del obispo, a cuyas prédicas e informes al Rey atribuían su desgracia.

Efectivamente, el obispo Valdivieso no dejaba pasar oportunidad para informar a la Corona sobre los abusos de la familia Contreras.  Así delató que: “tienen los Contreras en cabeza de su mujer e hijos, más de la tercera parte de los pueblos principales de esta provincia”. El obispo Valdivieso era persona de carácter enérgico y, a veces, podría parecer intransigente. En su celo en defensa de los naturales no reparaba en hacer uso de sus armas teológicas, como lo era decretar excomuniones contra quienes contradecían sus disposiciones. Pero sus acciones estaban inspiradas en la defensa de los indígenas en contra de tantos abusos, y en el cuestionamiento al sistema imperante en la colonia.

La figura del obispo dominico, Protector de los Indios y compañero de lucha del célebre fray Bartolomé de las Casas, adquiere cada día mayor relevancia, como una de las piedras angulares de la Iglesia Católica de Nicaragua, y como precursor de la defensa de los derechos humanos y del compromiso profético con la causa de los oprimidos y de los marginados. Lo que engrandece la figura del obispo Valdivieso, pese a sus detractores, es su labor en defensa de los indios y de sus derechos, frecuentemente vulnerados por las autoridades coloniales, así como su obra evangelizadora y su lucha constante frente a los desmanes de la familia Contreras, dueña entonces del país.

* El autor es jurista, educador y escritor