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Centroamérica es un mercado atractivo para las potencias económicas, incluida la RPC, con sus 40 millones de habitantes y potenciales consumidores.

Sin embargo, existen varios obstáculos que impiden un comercio a gran escala con China como lo hacen países como Chile, Perú, México y Brasil (guardando las proporciones, desde luego), de acuerdo con las investigaciones de R. Evans Ellis, un analista de Seguridad de EU, compiladas en su libro sobre la presencia china en América Latina “China in Latin America - The whats and wherefores (2009)”.

Todo esto pese al DR-Cafta, el cual no es ignorado por los empresarios chinos, sin embargo México está más cerca de EU y ofrece beneficios similares en muchos ámbitos.

En primer lugar, sostiene Evans Ellis, Centroamérica no posee las materias primas que más le interesan a China, como el cobre chileno, el hierro de Brasil o el petróleo venezolano y ecuatoriano. El istmo tampoco es un gran productor de los alimentos que más consume la población china, como la soya; todo lo contrario de Brasil y Argentina, naciones que proveen a la RPC con un tercio de la soya que importa.

Si bien el potencial agrícola regional es grande, la distancia y la inexistencia de reglas fitosanitarias de común acuerdo conspiran contra la competitividad de los alimentos locales, junto a la competencia de proveedores regionales asiáticos como Filipinas o Tailandia.

En segundo lugar, la inexistencia de lazos diplomáticos --excepto Costa Rica-- crea inseguridad jurídica para las empresas chinas, soportes legales y complica el establecimiento de normas comerciales como las reglas fitosanitarias. Este aspecto presenta una complejidad política, dadas las relaciones diplomáticas con Taiwán, un generoso e importante cooperante con el desarrollo local y un socio comercial que busca incrementar los intercambios.

Otro impedimento es que la mayoría de los países regionales no tiene la infraestructura física adecuada --autopistas modernas, puertos grandes modernos en el Pacífico-- para un comercio a gran escala. Una verdad que aplica perfectamente a Nicaragua y su puerto de Corinto.

Luego, en la mayoría de los casos, no hay en Centroamérica grandes compañías con una marca lo suficientemente reconocida y con los recursos y la experiencia requerida para construir redes de distribución en el vasto territorio chino (de más de 9 millones de km 2).

En quinto lugar, según Evans Ellis, no existe un marco institucional adecuado de los gobiernos y, excepto quizás por los casos de Panamá y Costa Rica, las agencias de promoción de inversiones locales no están lo suficientemente preparadas para alentar los grandes negocios con China continental. Una parte de este problema es que en todos los países no existe un número considerable o suficiente de personas que dominen el mandarín, la lengua oficial china.

En sitios como Shanghái, Guangdong y Pekín quizás el inglés saque de apuros. ¿Pero qué tal en provincias interiores como Chongqing, Shaanxi, Qinghai o Sichuan? Más bien se oirá la pregunta: “Ni huei shuo zhong wen ma? (¿Puedes hablar chino?)”.