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De pequeño, Nicolás López Maltez quería tener un circo con animales exóticos, jirafas, elefantes, leones enjaulados, bailarinas, enanos y payasos. Un circo de veras. Hoy, con 72 años, tiene un periódico --La Estrella de Nicaragua-- del que se jacta porque dice que es un verdadero libro, y tiene muchas anécdotas que contar sobre sus inicios en la televisión y la fotografía.

López Maltez es un hombre menudo, cuyo perfume huele a talco. Es formal y educado, metódico (“perfeccionista”, dice él), se come las uñas de las manos y vive entre Miami y Managua desde que regresó del exilio en la década de los 90. Hace poco más de una semana presentó una versión ampliada de “Managua, 1972”, su libro de fotografías de la capital de antes del terremoto. Es una colección de fotografías que pocos o ninguno tienen, de 144 páginas.

El señor, de oficio periodista y fotógrafo, vive continuamente orgulloso de sus logros. En la oficina de su casa, ubicada en Santa Clara, por la Carretera Norte, donde pasa gran parte del tiempo, hay un sinnúmero de libros ordenados por números, y de papeles fácilmente identificables por nombres.

Hay cuadros colgados con gran precisión donde están encuadrados los reconocimientos que el condado de Miami Dade ha dado a “La Estrella de Nicaragua”, el periódico que fundó hace 26 años. A él le gusta que los visitantes observen dichos cuadros.

“Mi existencia ha sido prosaica”, dice al inicio de la entrevista, prolongada por casi hora y media. López Maltez, criado en el desaparecido barrio Santo Domingo, habla de su padre, sus logros, sus hijas, hijo, y de todas aquellas actividades en las que asegura ser pionero.

Pero hay que iniciar por uno de sus primeros orgullos: su camino por el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena: “Era algo fuera de serie que no tiene nada que ver con un colegio que tiene ese mismo nombre. El profesor Guillermo Rothschuh Tablada decía que de nada servía ser un bachiller si además de ser eso no eras al menos chofer, que el diploma debía decir bachiller en Ciencias, Letras, Filosofía y chofer”.

“Fundé la industria de las noticias en televisión. Mi padre fue el primero que reveló películas de cine. Filmaba por experimento, por aprender, y él me involucraba. Yo le ayudaba a revelar películas de 18 milímetros sobre cosas baladíes. En México aprendí a hacer cine”, cuenta.

Según él, fue el precursor de muchas cosas en este país. Pero antes de detallar esto, continúa la historia sobre el inicio de los telenoticieros en Nicaragua.

En sus inicios Teleprensa, el telenoticiero dirigido y producido por López Maltez, duraba 10 minutos y se transmitía a las 8:30 pm por el Canal 6, propiedad de la familia Somoza. “Se vendían más los reportajes comerciales que los anuncios. En 1965 don Octavio Sacasa Sarria me llamó porque había logrado que (Anastacio) Somoza (Debayle) le autorizara otro Canal. Soy el único vivo de los fundadores del Canal 2… Yo traje la primera máquina de películas que grababa sonido óptico”.

Cuenta que la primera entrevista que realizó el telenoticiero fue hecha a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir del diario La Prensa. ¿Miedo escénico? “No tenía. El Ramírez Goyena nos entrenó para ser oradores”.

El estudio fotográfico de su padre, Justo López Rivera, quien dice “fue el primero que hizo postales a colores en Centroamérica”, se llamaba Galería del Arte y era el “estudio más completo en América Central”. Pero no fue allí donde aprendió a hacer fotos. Muestra una foto suya, donde sale retratado con quizá unos dos o tres años, cargando una cámara Voigtländer que aún conserva.

En aquella época, insiste, “un fotógrafo era medio químico, porque los reveladores no venían preparados, había que saber qué cosa era el hiposulfito, cómo se mezclaba con hidroquinona y bromuro de potasio para hacer reveladores, y cómo se hacía el fijador, todo en las proporciones correctas”.

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En 1982 salió de Nicaragua. Nunca fue somocista, dice. Y para convencer, hace una comparación y cuenta algo personal. Se compara con los actuales fotógrafos del presidente Daniel Ortega, quienes –insiste-- no necesariamente comparten las decisiones del mandatario, y luego dice que su hijo mayor se llama Rigoberto. “¿Por quién?, por Rigoberto López Pérez. Yo no le puse Anastasio”.

“Yo aproveché mi apellido y no me lo querían inscribir, me decían: ¿cómo le vas a poner el nombre de un asesino? Ese asesino –dije-- es el único hombre que sabía que iba a morir y no pedía nada a cambio”.

“Me fui en el 82 porque me restringían. Yo fui el primer preso político… Me acusaron de que lo que yo tenía era regalo de Somoza. Me tuvieron cuatro meses preso y luego me soltaron, hasta me pidieron disculpas”.

Según López Maltez, en la década de los 80 salió del país porque no había espacio para la juventud y él tenía que preparar a sus hijos. “Aquí inventaron una pantomima criminal que se llamó Cruzada Nacional de Alfabetización. El gobierno se llenaba la boca pero quien pagaba los platos eran los padres de familia”. Dos de sus hijas participaron en esa campaña educativa que mereció un premio internacional otorgado por la Unesco, al reducir el analfabetismo de más del 50 al 13% de la población total del país.

En el exilio, dice, formó las primeras organizaciones de nicas y fundó “La Estrella de Nicaragua”, cuyo tiraje en Miami es de 10,000 ejemplares y 5,000 en Nicaragua.

Su medio de comunicación, insiste todo orgulloso, “es el negocio más rentable que existe. El volumen de publicidad es superior al volumen de lectura. Hemos revertido la idea de que a la gente hay que darle lo que le gusta, la gran masa siempre es ignorante, pero nosotros decimos: hay que educarla. Lo dijo la Universidad de la Florida: la Estrella de Nicaragua es un periódico libro, en 26 años nunca ha salido una violación, un choque. Aquí tiene una discusión sobre Rafaela Herrera. Aquí no hay una sola página sin anuncios”.

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Sus hijas, hijo y nietos son otra de las conversaciones que le hinchan el pecho a Nicolás López Maltez. Dice que los formó como a él, en el Ramírez Goyena. Que en un cuarto de la casa que él mismo diseñó y construyó (“yo soy constructor, la construí a sabiendas que iba a haber un terremoto y lo soportó, no hubo ni una grieta”), los educó para la vida y culturalmente. Allí miraban películas, documentales y leían.

“Mi hija (Aída) es un poder en Europa. La otra, (Gioconda) vive en Estrasburgo, tiene una empresa, su propio edificio, como 150 empleados”.

“El hijito mayor (Rigoberto) es un ratón de biblioteca. Es director del Departamento de Estudios Económicos y Recursos Naturales de la Universidad de Connecticut y ha sido asesor del gobierno de Estados Unidos. Ahorita está de asesor del gobierno de China para asuntos económicos. La otra, (Mónica) es ingeniera en aviónica, experta en transformación de aviones militares. Trabajó mucho tiempo para mejorar los aviones de guerra que le vendía Israel a Estados Unidos”.

López Maltez acaba de terminar el primer tomo de un libro sobre la historia de la Guardia Nacional. “Le pido que lo lea sin prejuicios. Usted ha comido propaganda…”, enfatiza.