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Dionisio Cordonero González está viendo morir los árboles de su propiedad, sin conocer la razón. Solo sabe que desde noviembre pasado las hojas se les ponen amarillas, luego las botan y sus ramas se pudren.

Cordonero compró hace cuatro años 56.14 manzanas en la comunidad San Pedro, comarca de Malacatoya, municipio de Granada, con la idea de sembrar árboles de maderas preciosas y criar ganado. Hoy teme que nunca pueda realizar su sueño, pues calcula que de los 592 árboles contabilizados en su propiedad, han muerto el 50 por ciento.

Hasta el momento la mayoría de los árboles en su propiedad son genízaros, y por eso cree que se afectará la alimentación de sus 70 reses, pues la vaina de esa especie es uno de sus alimentos preferidos. “Cuando el ganado siente el olor, sale en carrera a pepenar la vainita”, dice.

Además, las vainas de genízaro representan un ingreso extra para la familia de Cordonero González, quien vive de la venta de la leche que producen sus vacas y de una pequeña pulpería, ya que a la semana pueden recoger entre 60 y 70 quintales de vainas y venderlos a C$60 cada uno.

Mientras recorre parte de su tierra, Cordonero señala las partes donde se concentra la mayor cantidad de árboles muertos, arrastra su dedo índice hacia otro punto y explica que ahí el cuidador ponía una hamaca y no le daba “nada de sol”; luego se agacha, recoge una vaina seca y asegura que “ya no hay nada que hacer”.

“Esto sin árboles es triste, se siente una aridez”, afirma, mientras avanza entre el duro suelo agrietado, como cuando ha sido partido por el agua pero la rápida acción del sol no deja que vuelva a su estado original.

Y es que esta propiedad, llamada Milagro de Dios, colinda con el Lago Cocibolca y el Río Tipitapa, y a pesar de que su punto de inicio está a aproximadamente 2 kilómetros de dichos cuerpos de agua, la inundación en invierno es tal que alcanza hasta 20 centímetros de los árboles.

De ahí que Cordonero presuma que la causa de muerte de sus árboles sea la contaminación de las aguas. Pero por ahora eso es solo una presunción, pues aunque desde el pasado 25 de mayo notificó de esta situación al Ministerio Agropecuario y Forestal, Magfor; al Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, Marena; y al Instituto Nacional Forestal, Inafor, todavía no ha recibido una respuesta concreta sobre qué está pasando en su propiedad.

Gilberto Cordonero Barahona también tiene una propiedad en la zona y aunque la alquila para crianza de ganado, da fe de la muerte de árboles y es más enfático en atribuirla a la contaminación del agua. “Como que esas aguas vienen enfermas”, expresa.

No es por insectos

El pasado lunes 4 de junio, el Magfor delegó al ingeniero Fernando Leal, jefe fitosanitario de la Dirección General de Protección y Sanidad Agropecuaria de la IV Región, para determinar si la muerte de los árboles era causada por insectos, pero ello fue descartado en una resolución emitida tres días después.

En el recorrido, indica el documento extendido por Leal, se inspeccionó aproximadamente el 5 por ciento de los árboles de genízaro y se observó que entre esos había árboles “sanos” y “100 por ciento verdes”, pero también árboles “completamente secos, sin follaje, probablemente muertos” y árboles que solo en el 50 por ciento de su estructura son verdes.

“Aunque es evidente la muerte o presencia de un buen porcentaje de árboles con síntomas de marchitamiento o secamiento en la finca Milagro de Dios, estos no son causados directamente por ninguna de las especies de insectos coleópteros, scolitidaes, formicidaes y de otras especies encontradas en las cortezas de los árboles de la plantación”, dice la conclusión de la resolución.

En la misma, se solicita “realizar por parte de Inafor más investigaciones que profundicen o detallen la o las verdaderas causas de la muerte de los árboles de genízaro”.

Leal realizó la inspección en compañía del delegado departamental de Inafor, Hamilton Garay; el regente forestal de la finca Milagro de Dios; el responsable de la Unidad Ambiental de la Alcaldía de Granada, Ernesto Valle, y Cordonero González.

Al ser consultado por El Nuevo Diario, Garay señaló que no aún no puede decir cuál es la causa específica, pues están realizando las investigaciones pertinentes al agua y al suelo de la propiedad, pero acotó que no tienen registrados antecedentes.

En tanto, la delegada del Marena en el departamento de Granada, Ligia Flores, solo aseguró que la semana pasada se trasladó a la propiedad de Cordonero González una comisión conformada por una bióloga de esa institución y un especialista del Magfor, para estudiar la causa de la muerte de los árboles.

¿Y la madera?

La inquietud de Cordonero González no solo es saber qué está causando la muerte de sus árboles, sino obtener el permiso del Inafor para extraer la madera y sacarle algún provecho.

Según Cordonero, la respuesta que recibió es que ese permiso no puede ser extendido ni por Garay ni por el delegado regional de Inafor, Félix López, sin la autorización del secretario político del Frente Sandinista en el departamento, José Ramón Álvarez.

El Nuevo Diario buscó la reacción de Álvarez, pero no se encontraba en las oficinas del partido y su asistente refirió que no tienen nada que ver con el tipo de gestión mencionada.

Por su parte, el delegado departamental del Inafor indicó que la solicitud de Cordonero González aún está siendo analizada y que está dentro de los 15 días que establece la ley para resolverla.

Al respecto, Flores apuntó que se debe analizar bien el problema porque “a veces los productores hacen ese señalamiento (enfermedad en los árboles) para luego acabar con los bosques”; incluso mencionó que hay casos donde han inyectado árboles para enfermarlos y justificar la extracción de la madera.

La Ley de Conservación, Fomento y Desarrollo Sostenible del Sector Forestal, en su artículo 33, establece que “son obligatorias, para los propietarios de tierras con recursos forestales, las cortas sanitarias de los árboles en áreas o zonas afectadas por incendios, plagas o enfermedades (…)”.

Agrega que “el Inafor autorizará las cortas sanitarias y la extracción de productos derivados de los mismos, las que serán deducidas de la corta permitida en el bosque”.

Y finaliza señalando que “la solicitud del permiso por el propietario de las tierras con recursos forestales, en los casos previstos en este artículo, deberá ser resuelta por el Inafor dentro de los 15 días subsiguientes a su presentación, de no pronunciarse en ese plazo, se considera como autorizada y el Inafor está obligado a extender las guías correspondientes para el transporte de la madera”.