•   Segunda y última entrega. Managua, Nicaragua  |
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  • Tomado de Confidencial

En Piedra Negra, a 40 millas de Puerto Cabezas, la gente sí está abierta a hablar con los periodistas. Dueña de una belleza natural, que permite ver una laguna, y donde la barra se avista desde el mar Caribe, los líderes comunitarios dicen estar dispuestos a contar su versión de la historia.

Lorenzo Chow hace una reunión en una de las casas de tambo, cita al juez y a uno de los miembros de la directiva de ancianos.

En lo que mejor se ponen de acuerdo es en rechazar la presencia de los militares que se pasean por el pueblo haciendo sus rondas dos veces al día por lo menos.

Chow cuenta que hace poco, incluso, tuvieron un incidente con algunos oficiales que intentaron arrebatarles una tortuga.

En Piedra Negra vive Margaro Zelaya, de 27 años, probablemente el “narcotraficante” más desgraciado del mundo. Pide ayuda para comprar unas inyecciones que necesita por las infecciones que dañan su cuerpo, y que dice son producto de la golpiza que le metieron los militares en diciembre de 2009 cuando ocurrió la emboscada.

Zelaya camina un poco y se ubica junto a un predio, frente a la laguna, donde dice que los militares los tiraron al suelo. Asegura que los patearon y les pedían información sobre narcos y armas. “¿Parezco yo narco?”, insiste el joven pescador.

Margaro Zelaya estuvo preso durante meses, igual que sus conocidos, porque las autoridades decían que ellos habían sido cómplices de los narcotraficantes.

Entonces era juez de Walpasiksa Alejo Gómez, que recuerda la tensa relación que tenían como comunidad con los narcos, los supuestos benefactores.

Gómez asegura que todos vivían bajo amenaza, porque se mantenía muy bien armado el círculo que protegía a Alberto Ruiz Cano. Fue la comunidad, incluso, según el exjuez, la que pidió a las autoridades que intervinieran, porque ya llevaba el jefe narco más de nueve meses de permanecer en la comunidad, a la que iba y volvía cuando quería. Se quedaba en la casa que escogía, donde compraba a los pobladores. Escogía también a la mujer que más le gustaba.

Pobreza y poca oferta educativa

Piedra Negra tiene 1,200 habitantes. Defecan sobre excusados, algunos colocados sobre la laguna desde donde parten a pescar. La educación está por el suelo, literalmente, y el maestro Alfred James cuenta que algunos de los alumnos se han enfermado por lo helado del piso, donde tienen que sentarse porque hay pocos asientos.

El profesor James dice que solo 250 chavalos estudian ahí, y luego que aprueben el tercer año de secundaria, deberán viajar hasta Puerto Cabezas para continuar sus estudios. Si no hay dinero, no hay progreso.

“Como maestro de educación secundaria estoy viendo las necesidades, y como anteriormente le decía al juez, esta petición se hace para que a nivel central en Managua vean que (de) las ayudas que están mandando a la Costa Atlántica no nos están dando el 100% a nosotros. Supuestamente mandan ropa, lo que es el uniforme, cuadernos, pero solo mandan para diez alumnos, no podemos ayudarles a los 250”, se queja James.

Laura Duarte es la enfermera que lamenta tener solo Acetaminofén para ofrecer a los pacientes enfermos, y a veces ni eso, porque la provisión de medicamentos alcanza para 15 días, cuando debería durar un mes.

Duarte dice que el mayor problema lo tiene para atender a las mujeres embarazadas, a las que prácticamente debe despachar en panga para que sean atendidas en Puerto Cabezas. A este pequeño poblado no llegan los discursos gubernamentales que hablan de desarrollo. Pero aun así, Felipe Mitchell, un concejal aliado del gobierno, dice que se hace poco a poco, aunque luego reconoce que la pobreza es tal, que hay pescadores sin trasmallos, y que la Administración de Daniel Ortega les envía a 30 y 40 en las comunidades, cuando son 1,000 los que los necesitan.

El día de la incursión militar en Walpasiksa, centenares de soldados llegaron al pueblo, se llevaron electrodomésticos en helicópteros, y dejaron a una pequeña misión que se asienta en una casa prácticamente en ruinas, igual que la Policía.

El Ejército, que se precia de los logros de la lucha contra el narcotráfico, no es recibido como héroe en estas comunidades.

Gonzalo Paiz, Superintendente de la Iglesia Morava, toma en cuenta la guerra civil de los 80, cuando este Ejército fue denunciado de masacrar a los miskitos. Ahora, dice, deben actuar con sabiduría, buscar al culpable y evitar molestar a las muchachas, como les han dicho los líderes comunitarios de Sandy Bay.

El general Adolfo Zepeda, jefe de Inteligencia Militar, niega la represión. Dice que únicamente son duros con elementos vinculados con el narcotráfico.

“Nosotros respetamos la opinión de los pobladores, tienen derecho a expresar sus apreciaciones, no somos represivos, tratamos de ser duros y enérgicos con aquellos elementos vinculados al accionar del narcotráfico, no somos tolerantes. La orden es combate al narcotráfico, y en ese sentido vamos a operar”, empieza a decir Zepeda. “Lo más importante es que los colaboradores locales que se descubran, no importa que estén vinculados a los Zetas, Sinaloa o Cártel del Golfo, o a cárteles locales que operan en el norte de Nicaragua, si detectamos acciones sospechosas, vamos a ir encima de ellos”, advierte el jefe militar.

Las tortillas que no eran de harina

El profesor Avelino Cox, sociólogo y poeta, de cotona y pelo largo, lamenta lo que describe como el culto a la droga en la región.

Cox habita en Puerto Cabezas, y lamenta ahora la pérdida de la inocencia en las comunidades. En los años 90, cuando todas las fuentes especializadas coinciden en que inició el negocio, en Bismuna una familia confundió la cocaína con harina e hizo una tortilla a sus hijos. Dos murieron. Cox está terminando esta tarde calurosa un poema al que llama “El verdadero Credo moderno”, una verdadera provocación que lee ahora mismo en voz alta:

Creo en la droga, dios capital de toda índole que gobierna a los gobiernos, que deja sin voluntad a los políticos, a los llamados líderes y a todos aquellos que se atreven a aproximarse, que de paso gobierna la mente, la materia y el espíritu de los incautos de toda la tierra.

Creo en su poder que ni el oro, el petróleo y la plata y todas las piedras preciosas pueden contra su poder, y muchas otras fuerzas quedan sin efecto, porque es el nuevo filibustero que avanza indeteniblemente hacia la destrucción total de los seres humanos.

Gonzalo Paiz, el Superintendente moravo, hace en cambio una pregunta de sentido común, cuando se la habla de las construcciones y del negocio de la droga en general: “¿Por qué si las autoridades saben quiénes son los narcos, no hacen nada?”.

900 millas que “preocupan” al Ejército

El jefe de Inteligencia del Ejército de Nicaragua, general Adolfo Zepeda, reveló que en una reunión de mandos militares de la región centroamericana, celebrada en abril en El Salvador, los especialistas dijeron que en los próximos años es posible que una mayor cantidad de droga, de la que se trafica en el continente, llegue a Belice.

“Veíamos en esta reunión centroamericana que puede generarse un problema, porque la mayor cantidad de droga podría estar arribando a Belice”, reiteró el jefe de Inteligencia militar.

Con solo agarrar el mapa del continente americano, explica Zepeda, se puede entender que la droga podría salir del sur del continente, donde la producción este año ronda las 1,700 toneladas, hacia un país bodega que el general describe como Panamá o Costa Rica, y luego buscar territorio nicaragüense para que luego la despachen hacia la Mosquitia de Honduras.

Honduras es un país marcado en la actualidad por el crimen organizado. Zepeda recuerda que en la Mosquitia de ese país, sus homólogos han destruido pistas de aterrizaje en una operación bautizada como “armadillo”.

La operación se vio motivada en los constantes vuelos que, según la revista de temas militares Diálogo, citando informes oficiales de Estados Unidos, representan el 79% de la totalidad que salen de América del Sur cargados con cocaína.

“En Belice ya están cerca de lugares donde operan ya grupos como Los Zetas, Los Sinaloa en la frontera. Hay una zona gris entre Guatemala, Belice y México, Honduras también, donde la topografía montañosa y las dificultades del territorio dificultan el accionar de las autoridades, y son fácilmente utilizadas por estos grupos criminales para transportar la droga hacia México y su destino final”, continúa Zepeda.

El muro de contención

Según el alto mando militar, Nicaragua se sitúa en una ruta importante en la que, hasta ahora, el Ejército ejerce una estrategia que llama “muro de contención”, con el que, haciendo sus operaciones vía marítima, expulsan a los narcotraficantes a aguas internacionales, mientras disminuyen cada vez más las trazas ilegales aéreas.

El general precisó que le preocupa la situación de las regiones del litoral Caribe por la ausencia de algunas autoridades.

“La preocupación que tenemos es la lejanía, la poca presencia de algunas autoridades. Principalmente, eso dificulta de alguna manera la eficacia de las acciones que podamos tomar”, opina Zepeda.

“Estamos ejerciendo autoridad a través del Ejército de Nicaragua, pero no es suficiente. Quizá la presencia del Ejército ayuda a disminuir el actuar de estos grupos de narcotraficantes, pero creemos necesaria la presencia de más autoridades”, insistió el militar.

El general Zepeda precisa que les preocupa una franja de 900 millas náuticas que se extienden desde San Juan de Nicaragua hasta Cabo Gracias a Dios.

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