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Las hormigas estaban dándose un “banquete” con su cuerpo, pero el sueño le servía de analgésico a la pequeña, que estaba cobijada por “el sereno” de la madrugada.

La pequeña era “custodiada” por sus progenitores, Yessenia del Socorro Salablanca, de 32 años, y Harold Argentino Espinoza Corrales, de 33, quienes dormían junto a ella en ropa interior sobre el embaldosado del Parque Central de Managua.

Los “compañeros de cuarto” de la pareja y de la niña eran unas 30 personas, entre ellos inhalantes de pega, bebedores consuetudinarios, drogadictos y vendedoras de placer, quienes estaban a poca distancia de donde “descansaba” la pequeña de cinco meses de nacida.

Al ver la dramática escena, un amigo de los abuelos maternos de la niña los alertó. “Era como la una de la madrugada cuando recibí la llamada telefónica. En cuestión de media hora llegué al parque, a mi muchachita se la estaban devorando las hormigas, estaba toda picada; la agarré y sus padres ni cuenta se dieron”, manifestó el abuelo, a quien llamaremos “Isaac”, porque pidió que no reveláramos su identidad, pues es líder de una iglesia evangélica.

Desde el momento que recogieron a la pequeña, esta se convirtió en el octavo hijo de su hija que crían, porque Salablanca sufre de alcoholismo crónico.

Salablanca interpuso una denuncia en el Distrito I de Policía, cuando vio que la niña no estaba, porque supuestamente “se la habían robado”.

“Ella vino a decir que a su hija se la habían robado, pero que no sabía quién. Al hacer el trabajo de campo, nos enteramos, por medio de un vigilante de la zona, que ella pasó ingiriendo licor todo el día con un grupo de personas y con la niña a la par. En la madrugada llegó un familiar a rescatarla”, manifestó la detective que investigó la denuncia.

Las autoridades investigaron el caso como una desaparición, y cuando los familiares de Salablanca se enteraron --por los noticieros televisivos-- que andaban buscando a la niña, acudieron ante las autoridades para aclarar la situación.

“Yo pasé tres días en Tipitapa con mi marido y la tierna, visitando a unos familiares --porque estoy de vacaciones--, cuando me llamaron alertándome. La Policía llegó a mi casa, y les dije: ´La niña no está desaparecida´, allá está, y explicamos la realidad”, manifestó “Esperanza”, madre de Salablanca.

Rescatada de una cantina

“El primer hijo que tuvo, que ahora tiene 17 años, lo fuimos a rescatar a los siete días de nacido en la casa de una familia más pobre que nosotros, tuvimos que hacer trámites legales con la Policía y el Ministerio de la Familia, pero lo recuperamos”, comentó satisfecha “Esperanza”.

Relató que cuando nació su segundo nieto (una niña), su hija la vendió por una suma que aún no conocen, pero saben que el dinero lo utilizó para el vicio.

Comentó que otra de sus nietas, que ahora tiene seis años, fue rescatada de una cantina ubicada en el barrio capitalino Milagro de Dios, donde su madre la había cambiado por alcohol.

Otra de las hijas de Salablanca vive en casa de unos pastores evangélicos que la adoptaron desde que tenía pocos meses de nacida. Ahora la pequeña tiene tres años.

“Los nietos son nuestros hijos, porque los adoptamos legalmente, llevan nuestros apellidos y a Dios gracias les hemos enseñado a estudiar y trabajar, para que puedan salir adelante en la vida. Ellos son muy aplicados en sus clases”, apuntó “Isaac”, quien labora por cuenta propia en mantenimiento, electricidad, fontanería y albañilería.

El Nuevo Diario buscó a Salablanca en el sitio donde supuestamente vive y en el parque donde se gana la vida cuidando carros y vendiendo agua helada, para que diera su versión sobre todo lo narrado por su madre y su padre, pero no la encontramos. Sin embargo se conoció que a los funcionarios del Ministerio de la Familia les juró que “cambiaría de vida”.

Pleito legal

Aunque la tierna “desaparecida” fue encontrada sana, salva y bien cuidada, los abuelos maternos tuvieron que comparecer ante los funcionarios de MiFamilia, porque Salablanca les solicitó a estos ayuda para recuperar a su hija.

“Ha andado en la Policía y en MiFamilia, llorando y golpeándose el pecho, diciendo que quiere a su hija, pero ellos (Salablanca y su compañero) no tienen casa, viven en la calle vendiendo agua helada y limpiando carros, y aunque dicen que alquilan un cuarto en casa del suegro, no llegan a dormir”, explicó “Isaac”.

“Ella (Salablanca) ha llegado borracha a la casa a amenazarme de muerte, con dos mujeres vagas, igual ha amenazado a una de sus hermanas. Yo le tengo miedo, porque en una ocasión quería rajarle la cabeza con una botella a un inspector de MiFamilia; ella no entiende, dice que va a visitar la iglesia, pero no habla de rehabilitarse”, señaló “Esperanza”, quien manifestó que aceptará la decisión de los funcionarios del Ministerio de la Familia.

“Si ellos deciden dejarnos a la niña, bien, pero si deciden mandarla a un albergue para darla en adopción, también, todo sea en bienestar de la pequeña. Si deciden darle una oportunidad a la madre y regresársela, que Dios la valga, ya más no podemos hacer”, dijo la abuela materna.

Una vida "tormentosa"

En realidad la vida de Yessenia del Socorro Salablanca, la de sus hijos y la de sus padres, ha sido dramática. Ella tuvo su primer compañero de vida a los 15 años y con él procreó cinco hijos.

“Esa fue una relación tormentosa, el hombre le daba maltrato, la indujo a tomar alcohol, a consumir marihuana y piedras de crack. Yo muchas veces la fui a rescatar de ese martirio, pero siempre regresaba con ese hombre”, reveló “Esperanza”.

Después de esa unión, Salablanca tuvo tres compañeros de vida más, con los que procreó otros tres hijos.

“Ella con costo cursó el segundo grado de primaria, aunque luché por sacarla de esa vida, todo fue en vano. Por eso mi empeño es rescatar a sus hijos, porque no quiero que tengan mala vida”, agregó la abuela materna.

Comentó que le insistieron a Salablanca para que se operara para no tener tantos hijos, pero no acogió la idea, sin embargo después de dar a luz a su última hija, MiFamilia les ayudó para esterilizarla, “porque no es justo que los niños vengan a sufrir a este mundo”, concluyó “Esperanza”.

Implicaciones jurídicas de la falsa denuncia

El Código Penal dice que quien con conocimiento de su falsedad, denuncie o acuse ante autoridad competente, hechos que de ser ciertos constituirían delito, será sancionado a una pena que va de seis meses a dos años de prisión, y de 300 a 600 días multa si el ilícito denunciado es grave, y de seis meses a un año y de 90 a 300 días multa si es menos grave. Si la persona señalada es condenada por la falsa imputación, la pena es de tres a ocho años de encierro.

Aunque el supuesto robo de la niña era falso, no hubo falsa denuncia, porque “la mujer no inventó, ella realmente perdió a la niña, lo que omitió fueron las circunstancias, porque andaba bajo los efectos del alcohol o algún alucinógeno. Lo que ella trataba de ocultar es que andaba ebria”, apuntó el teniente Moisés Larios, jefe de la secretaría informativa del Distrito Uno de Policía.

Lo que hubo es falta de tutela, “pero no todos los casos ameritan privación de libertad, (este tipo de delito) se puede ventilar y documentar sin detener. El hecho de que no esté presa no significa que no exista un proceso”, apuntó.

Las falsas denuncias no representan estadísticamente un problema en las delegaciones policiales capitalinas, porque se dan muy pocos casos.

Para que la Policía establezca si la denuncia es falsa o no, tienen que hacer todo el proceso investigativo, incluyendo las pruebas periciales y de campo, porque es a través de ellas que se determina la falsedad o veracidad de lo denunciado.

Para la búsqueda de la niña de Salablanca, el Distrito Uno de Policía movilizó dos patrullas con agentes especializados en cada área investigativa.

“En una patrulla íbamos el jefe de detectives, dos investigadores, peritos y el agente de turno de la Comisaría de la Mujer y la Niñez; en la otra unidad viajaban tres agentes”, comentó el comisionado Darwing Rosales Cruz, segundo jefe del Distrito Uno de Policía.

“Este caso se está trabajando en conjunto con el Ministerio de la Familia, porque la tierna estaba en una zona de riesgo con los progenitores, quienes se mantienen en estado de ebriedad casi todo el tiempo, según lo que se ha investigado. También se comprobó que en casa de los abuelos la niña está bien cuidada, son personas de bien y ahí se relacionaría con sus otros hermanos”, agregó el comisionado Rosales.