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Segunda Entrega

Muchos pequeños productores de Nueva Guinea, entre ellos una buena parte de mujeres, que antes no tenían muchas opciones para obtener ingresos, debido a la falta de acceso por los caminos destruidos, ahora logran mantener a sus familias con la comercialización de sus productos agropecuarios, gracias a la inversión en la vía de acceso a sus fincas.
Luis Lumbí, quien antes transformaba toda la leche en queso para venderlo a bajo precio a quien lograba llegar hasta su propiedad, en el límite entre Nueva Guinea y Muelle de los Buelles, ahora vende diariamente leche y cuajada en el poblado de Nueva Guinea, gracias a la mejora en el camino.
Ese camino que tanto beneficio ha traído a don Luis costó C$8.9 millones aportados por Dinamarca. La obra incluyó del lado de Nueva Guinea la construcción de puentes vados, alcantarillas, y tres kilómetros hasta el borde del río Rama, el cual hoy es posible cruzar con tranquilidad, porque Muelle de Los Bueyes --municipio que también se está beneficiando-- asumió el proyecto de construcción de un puente por un valor de C$3.7 millones --también donados por Dinamarca-- para el cual contribuyó con una contrapartida de C$182,000.

Don Luis Lumbí pasó 57 años de su vida cuajando toda la leche que ordeñaba. No tenía otra opción que hacerla queso, y cada ocho días venderlo a bajo precio a quienes hacían la pesada travesía desde La Batea hasta Cedro Bonito, comarcas de Muelle de los Bueyes, Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS.

Su casa de madera la levantó en una loma a pocos metros de donde el río Rama marca el límite entre Nueva Guinea y Muelle de Los Bueyes. Salir de allí hasta mayo de este año era posible solo “camellando” un día entero.

“Ahora es un ratito”, dice el campesino contento, porque desde que se abrió camino, cada tres días vende 20 galones de leche y algo de cuajada a una ruta de acopiadores de leche. ¡El cuajo es historia!

“Estamos mejor ahora todos”, asegura don Luis, quien aportó “sin pesar” US$50,000 para el trecho de camino que comunica La Batea con Cedro Bonito, y que empalma con un puente en Nueva Guinea.

Ese camino que tanto beneficio ha traído a don Luis costó C$8.9 millones aportados por Dinamarca. La obra incluyó del lado de Nueva Guinea la construcción de puentes vados, alcantarillas y 3 km hasta el borde del río Rama, el cual hoy es posible cruzar con tranquilidad, porque Muelle de los Bueyes asumió el proyecto de construcción de un puente por un valor de C$3.7 millones --también donados por Dinamarca--, para el cual contribuyó con una contrapartida de C$182,000.

Según el alcalde de Nueva Guinea, Denis Obando, este camino es una muestra de las alianzas que en beneficio de la comunidad necesitan establecer los gobiernos municipales. Además de la actividad agropecuaria, el edil piensa que la conexión se puede aprovechar para desarrollar el turismo rural.

Con el proyecto intermunicipal se benefician 15 comunidades que conforman el poblado de Buena Vista, así como los habitantes de los municipios El Coral, de Chontales, y Muelle de los Bueyes.

“Una bendición”

Del otro lado del puente vive Nery Astorga Sándigo, allí ya es Buena Vista, Nueva Guinea, donde hace cuatro años sus 500 moradores quedaban atrapados en tiempo de lluvia.

“Ese puente es un milagro de Dios… hoy tenemos la oportunidad de vender la lechita, cualquier granito”, expresa Nery, quien aprendió a superar la timidez propia del hombre de campo para demandar atención a sus autoridades.

Cuenta que Buena Vista estaba abandonada y pidieron como recompensa 10 km de caminos que terminaron extendiéndose en una alianza entre Nueva Guinea y Muelle de los Bueyes.

Para llegar allí superaron posiciones encontradas entre los mismos beneficiarios. Al final, la conexión de la que hoy gozan, así como la escuelita y la iglesia que han conseguido a punta de gestión, los convierte en ejemplo de participación ciudadana en la canalización de los fondos locales.

El siguiente paso para Buena Vista es conseguir que se abra una ruta terrestre.

Mujeres entran al "mercado"

Hace 18 años, cuando el marido de doña María Magdalena Guzmán Rodríguez la dejó sola con seis hijos, ella tenía claro que podía con la carga. “Aflíjanse cuando me muera; mientras esté viva yo resuelvo”, fue la frase que utilizó para tranquilizar a su prole.

“Desde que nos separamos nunca me acosté sin cenar con mis hijos”, dice Guzmán, como prueba de la palabra cumplida.

Hasta hace un año, doña María Magdalena sembró y crió animales para garantizar “el bocado”, y lo sigue haciendo, pero una parte la vende en el Mercado Campesino, que todos los viernes instalan frente a la alcaldía de Nueva Guinea.

Guineos, bananos, limones, tamales, jengibre, hornadas, huevos “de amor”, refrescos, y todo aquello que le saca a la manzana de tierra que posee, lo lleva a vender.

“Fue lo único que me dejó el viejo, una manzana de terreno y la casita”, dice entre risas, con ironía, María Magdalena, porque ahora no hay viernes que regrese sin ‘riales’ a su casa en la colonia Los Ángeles, y a su ex ya lo dejó la mujer por quien salió de su hogar.

En un extremo del mercadito está Benicia Yamileth Alvarado, de la comarca El Almacén. Tiene 36 años y trabaja la tierra junto a su pareja.

Para instalar la mesa redonda de plástico sobre la que exhibe huevos y cabezas de guineo, camina 4 km desde su casa hasta “agarrar carretera”, donde toma el bus que la lleva hasta el centro de la ciudad. “Vale la pena”, asegura, porque antes sobrevivían “de lo poco que él (su pareja) hacía”.

Benicia y la decena de mujeres que se acomodan en los tres toldos que la municipalidad les presta, no reparan en las dificultades que pasan para llegar, ni el peso de la carga que trasladan.

Muchas de ellas por primera vez saben lo que es ganar dinero, y, para su asombro, a base de un trabajo que han desempeñado toda su vida.

Aquellas que antes cosechaban para vender aprovechan la ventaja de no tener que caer en manos de aprovechados, que por la dificultad de los caminos, llegaban hasta sus fincas y se llevaban sus productos “casi regalados”.

El proyecto

El Mercado Campesino comenzó hace ya un año en este municipio, como una iniciativa del Hermanamiento Sint Truiden, Bélgica.

En general, promueven la agricultura ecológica, agroforestería y la participación en el Mercado Campesino, explica Abel Rivera, de la Fundación La Esperancita, quien además coordina el proyecto de venta directa a precio justo, que es básicamente el espíritu de esta modalidad de comercialización de productos, en su mayoría perecederos.

Según dice, este mercado ha sido un alivio para los pequeños productores, ya que los intermediarios estaban acostumbrados a comprarles en su finca, “y allá les pagan lo que quieren. La idea es que las dos partes (productor y consumidor) se beneficien”.

Actualmente, el Mercado Campesino tiene 14 miembros, de los cuales 10 son mujeres.

Rivera agregó que el hermanamiento les apoya con un pequeño fondo para comprar herramientas básicas y capacitar a los pequeños productores sobre la adopción de buenas prácticas productivas. El cultivo orgánico es uno de los terrenos que ya comienzan a explorar.