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Reflexiona sobre las diferentes etapas que ha vivido en sus 50 años de escritor

Lo visité el 26 de julio. Justo el día que cumplía 48 años de casado con su inseparable “Tulita”. A escasos diez días de cumplir 70 años de edad y a dos semanas de empezar la celebración por sus Bodas de Oro en la literatura.

De ser el autor tras la firma en la solapa de varios libros pasó a la “materialización”. Estaba frente a mí el escritor que hace algunos años gentilmente me envió el libro Perdón y olvido, autografiado, a petición de Erick Aguirre, sin saber quién era yo. El mismo que ha amenizado mis noches de insomnio con las ocurrencias de sus personajes, el que me ha envuelto en intrigas y que me ha mostrado cómo la realidad es una rica fuente para la ficción.

Sergio Ramírez Mercado, el ganador del Premio Alfaguara de novela, me recibió en su estudio. Un cuarto grande cuyo exterior está rodeado de vegetación mientras que adentro florece el conocimiento en estantes repletos de libros de épocas, géneros y autores diversos. En ese rincón donde deja bullir y fluir su ingenio creativo conversamos durante casi dos horas, en la que puedo definir como la entrevista más larga en mi carrera.

Y de ese universo de anécdotas, en esta entrega compartiré el aspecto vinculado a su vida literaria, que podríamos decir inició a los 14 años, cuando publicó un relato sobre la carreta Náhuatl en La Prensa Literaria de Pablo Antonio Cuadra, y ese mismo año, el 14 de septiembre, vio la luz su primer artículo de prensa en saludo al centenario de la Batalla de San Jacinto. Sin embargo, para él su vida como escritor inicia con el cuento El estudiante, que publicó en la revista Ventana.

“Con este relato sobre mi experiencia en la universidad doy por inaugurada mi carrera como escritor”, afirma.

Asimismo, compartió que no escapó a la seducción por los versos, pero sonriendo reconoció que no le gusta su poesía.

“Varios poemas míos están en la revista Ventana, incluso Pablo Antonio Cuadra me incluyó en un número de la revista El pez y la serpiente dedicado a los nuevos poetas; sin embargo, pronto me di cuenta de que no tenía dotación para la poesía, porque me gustaba contar lo que veía, sin que eso quiera decir que haya dejado de ser un poeta, pues puedo escribir lo que tengo de poeta en la prosa, porque son dos maneras de ver la poesía, apuntó Ramírez.

Una llamada telefónica interrumpió la conversación y me dio tiempo para tratar de recuperar un poco de voz, que estaba apagada por la amigdalitis que me aquejaba. Cuando regresó, se sentó nuevamente en el sillón ubicado de espaldas a la puerta del estudio y hablamos sobre lo lúdico en su obra.

“Mis primeros cuentos son una especie de retratos de la realidad. Después, efectivamente, paso a lo lúdico, pues en mi primer libro de cuentos que se publicó en 1963, hay otro tipo de relatos, como Félis Concoloris, que es la historia de un gramático que iba a inventar la palabra más bella del mundo, está Los graneros del rey, donde hay un retrato más político y es una cosa más de juego, hasta que llego a mi siguiente etapa donde quiero jugar con las pretensiones de los ricos en Nicaragua, porque estaba de moda la enajenación a la cultura norteamericana.

Detrás de esto estaba para mí la preocupación por la identidad nacional y lo de querer ser lo que no somos”, dijo al respecto.

Lo político no podía estar ajeno a su obra, máxime cuando fue un agitador revolucionario y un antisomocista comprometido, así que en cuanto a la literatura de denuncia manifestó que en su primer libro de cuentos hay un relato producto de cómo le había impresionado ver el comportamiento de los poderosos, además, dijo que después pasó a la sátira política, “como en De Tropeles y Tropelías, donde hago la burla del dictador a través de fábulas”.

Y a propósito del dictador, me interesó conocer la relación entre el protagonista machista de Tiempos de Fulgor y el dictador Somoza, y el también Caballero de las artes y de las letras. Dijo que sin propósito de denuncia, un retrato te va dando cómo es una sociedad: “Ahí está el caudillo, el dueño de la hacienda que tiene hijos con todas las mujeres que llegan a cortar café, que se siente el dueño del derecho de pernada y que se traslada después al molde del Estado. Y esto no ha cambiado en Nicaragua, hace poco leía que un hombre le quemó la vagina a la mujer, lo que te indica que se quiere tener derecho de propiedad hasta en las partes íntimas. Desgraciadamente, la revolución no se preocupó por cambiar ese esquema que señalás que pongo en Tiempos de Fulgor”.

Al seguir su obra, además de lo variopinto de su temática, es fácil advertir una frontera y a la vez un punto de partida al llegar a la obra Castigo Divino, lo que él atribuye a que fue un experimento complejo, que a pesar de haberlo hecho en las peores circunstancias --en medio de la guerra y escribiendo en la madrugada--, logra conjugar planos del lenguaje y voces muy diferentes según cada personaje.

Luego está Margarita está linda la mar, que es otro gran experimento, que, “como en Castigo Divino, desborda el concepto tradicional de la novela, y entro en el mundo cervantino, donde la novela lo es todo”.

¿Desmitifica a Darío?

Erick Aguirre en su nueva obra, “Ejercicios de estilo. La narrativa de Sergio Ramírez”, establece una comparación entre la desmitificación de Simón Bolívar hecha por García Márquez en El general en su laberinto, y la que según él logra Sergio Ramírez de Rubén Darío, en Margarita está linda la mar.

Al respecto, el masatepino afirma que es acertado hablar de una desmitificación de Rubén Darío, un mito que se encontró desde niño, cuando su imagen estaba en la tapa de los cuadernos escolares y en los billetes de 500 córdobas.

“Darío era parte de mi vida de niño, hasta concursé declamando sus poemas y quedé en segundo lugar a nivel nacional, pero cuando leí la obra de Edelberto Torres me exacerbé y empecé a investigar por mi cuenta a Rubén Darío”, remarcó.

Producto de esas indagaciones, Ramírez posee más de 3,000 fichas de Darío, en las que anotó el número del sombrero que usaba, qué comía, direcciones de dónde había vivido en París, y un sinnúmero de detalles que según él le sirvieron para construir este personaje, bajarlo del pedestal y mostrarlo como era.

“Muchos no quieren reconocer que era un alcohólico desde adolescente y que vivió envuelto en el drama, porque creció llamando tío a su padre, con una madre que se fue con un amante a Honduras, criado por una tía abuela a la que ponen como un ángel, pero era una señora muy difícil de carácter, que lo manejaba con autoritarismo”, señaló.

Y cómo olvidar el episodio de su novela en el que recrea la disección del cráneo de Rubén con el propósito de saciar la curiosidad de pesar su cerebro para compararlo con las dimensiones del de Víctor Hugo, demostrando que ni muerto lo dejaron en paz, “eso parece inventado por mí, pero es verídico que se lo pelearon en media calle y que hasta se les cayó”.

¡Aficionado al beisbol!

Cuando abordé la temática de los deportes, el doctor Ramírez retrocedió 63 años para revivir aquella noche en la que se enamoró del beisbol.

“Cuando tenía siete años había un gran bullicio en la casa del vecino, porque estaban transmitiendo desde Venezuela un juego de serie mundial. Estaba llena la casa y la gente gritaba y yo también, pero no entendía nada, solo estaba contagiado por la fiebre deportiva apoyando a la selección de Nicaragua. Recuerdo que para la inauguración del estadio de Managua, a las tres de la mañana nos levantamos para agarrar un bus y venir desde Masatepe. Hicimos grandes colas para entrar al estadio. Definitivamente, eso me marcó y me hice aficionado”, afirma.

No obstante, me dejó claro que no gusta del futbol, a pesar de que nos encontramos con historias como la del pibe Cabriola o la del alemán que fue asesinado por fugarse de su selección: “Con el futbol es otra cosa. Los cuentos están basados en hechos documentados, cosas que me impresionaron mucho, como el del jugador de futbol colombiano que por una pifia lo mataron en un bar, eso pasó también con el jugador alemán que lo mató el jefe de seguridad de la Alemania democrática porque huyó de la selección. Lo mismo me pasó con el cuento de boxeo”.

Un lector de sucesos y la explosión del carnaval

“Los leo religiosamente todos los días, porque ahí encuentro muchas historias. Tengo ahí una historia larga sobre un juez de Nagarote, un machista que vigilaba constantemente a una mujer.

En esa línea está el cuento de la gigantona, que no es más que una foto de una pequeña nota que apareció en El Nuevo Diario. Cuando veo algo que me interesa recorto el periódico o lo bajo de internet”, dijo sobre su gusto por la nota roja.

Y cuando me disponía a hacerle otra pregunta, un agudo sonido indicando que la batería de la grabadora se había agotado puso stop a la conversación. Cinco minutos después el problema estaba resuelto, y dimos pase a Un baile de máscaras.

De esta novela con alta carga autobiográfica en la que pone de manifiesto la historia de su tía embarazada y burlada por su novio, alrededor de la que tejió historias adyacentes de sus familiares, y que destaca por recurrir al recurso del carnaval, dijo que usó una estrategia narrativa que consistió en poner todas las historias el mismo día para darle dinamicidad.

Asimismo, reconoce que la emoción del carnaval lo marcó por la curiosidad de saber qué hay detrás de la máscara, gracias a que a su le padre gustaban las fiestas de disfraces.

“El carnaval para mí es una herramienta atractiva en la literatura, también en Margarita hay mucho de carnaval dramático, por ejemplo, en la entrada de Somoza a León, luego en el entierro de Rubén Darío y también en su recepción triunfal.

La novela policiaca

El cielo llora por mí es producto de que él quería contar una historia en términos de las reglas de la novela policiaca.

“La fabriqué en el ambiente de Managua, quizá la ciudad más inapropiada para contar una historia de este corte porque son urbanas, de ciudades que parten de la regla de que el detective busca llevar al criminal ante la justicia para que le dé su merecido, porque la justicia es incólume, pero aquí es al revés, la justicia es corrupta y el que no es corrupto es el policía”, aclaró.

No obstante, este escritor con más de diez premios y varias distinciones, aseguró que contrario a lo que mucha gente piensa, no seguirá escribiendo las secuelas de esta novela, porque él no es escritor de novelas policiacas, sino que su carrera es diversa.

Y con esta aclaración oportuna para los que gustan de estos argumentos, terminamos la conversación previa a la presentación del libro de cuentos La viuda Carlota, el próximo martes 7 de agosto a las 6:30 de la tarde en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.