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Para ser un héroe no es necesario terminar muerto o herido. Lo importante es enfrentar sin reparos y en pro de su pueblo lo considerado irrealizable, y en 1856 muchos consideraban imposible llegar a vencer a los filibusteros bajo el mando de William Walker, contra quien se debió conformar un ejército centroamericano, para acabar con el proyecto de convertir el istmo en un nuevo Estado esclavista de la Unión Americana.

Sin embargo, un puñado de patriotas nicaragüenses, mal comidos, mal apertrechados, con claras desventajas en armamento, y enfrentados contra tropas enemigas que les doblaban en número, logró propinar una importante derrota al invasor el 14 de septiembre de ese año. Pero, ¿por qué recordar una batalla y no el triunfo de una guerra?

El doctor Carlos Tünnermann nos dice que si bien la Batalla de Rivas, encabezada por tropas costarricenses, fue la decisiva para expulsar a Walker y sus mercenarios el 1 de mayo de 1857, en realidad un año antes, el desigual choque de fuerzas y el triunfo de los patriotas mal preparados, fue lo que marcó la pauta para ello, dando aliento no solo a los nicaragüenses sino a todo el ejército centroamericano, remarcando que los invasores no eran invencibles.

Miguel Ayerdis, investigador del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, y docente de la Universidad Centroamericana, UCA, señaló que las efemérides fueron creadas para despertar el patriotismo en la población y sobreviven gracias a la voluntad oficial de los diferentes gobiernos para salvaguardar la identidad nacional.

“Sin embargo, esta identidad nacional está siendo cuestionada, pues ya no se habla de una identidad, sino de identidades”, expresó Ayerdis, agregando que ahora lo que antes era incuestionable a la luz de los apasionamientos patrióticos, ahora es cuestionado a la luz de los hechos.

Destacó que el 14 de septiembre es clave en las celebraciones patrias. Así nadie puede dudar que la derrota de los filibusteros fuera un buen golpe publicitario en la época, que alentó a los grupos que lucharon contra las huestes invasoras y desanimó a los grupos nacionales que apoyaban a los yanquis.

Al rescate de Andrés Castro

Cien años después, la acción se eternizó en el cuadro del chileno Luis Alejandro Vergara, titulado “La pedrada de Andrés Castro”, 1963, que muestra al sargento primero Andrés Castro, en medio de la batalla, derribando de una certera pedrada a un soldado yanqui, mientras difícilmente en el fondo se puede observar a José Dolores Estrada dirigiendo la batalla desde el pasillo de la casa-hacienda, construida en agosto de 1841, propiedad de Miguel Bolaños, tatarabuelo del expresidente Enrique Bolaños Geyer.

Hay que destacar que muchos de los patriotas que ahí se enfrentaron contra los invasores fueron héroes nacionales, sin embargo, originalmente por antonomasia, los créditos de la batalla descansaban en el coronel José Dolores Estrada, como comandante del grupo de la Hacienda San Jacinto. Hasta hace muy poco es que se destacan algunas figuras, entre ellos Andrés Castro.

De él se sabía muy poco a mitad del siglo pasado. Para las nuevas generaciones podría ser una sorpresa saber que antes de 1955, Andrés Castro era uno de los tantos héroes olvidados. Esto era así hasta que el intelectual chontaleño Guillermo Rothschuh Tablada, dirigiendo a un grupo de estudiantes del Instituto Nacional “Miguel Ramírez Goyena”, de Managua, rescataron la figura y acción de Castro, insistiendo en ello hasta ser incluido en la celebración de las fiestas patrias nicaragüenses.

Tiempo después se erigió una estatua en su honor, esculpida por la escultora nicaragüense y danesa de nacimiento, Edith Gron. La estatua, maltratada por el tiempo y semidestruida por vándalos que rompieron la nariz de la efigie del héroe, está a la entrada del Museo “Casa-Hacienda San Jacinto” en el kilómetro 40 de la Carretera Panamericana Norte.

El heroísmo de los indígenas flecheros

El historiador Rafael Casanova destaca que en estas páginas de la historia, otros que habían quedado relegados eran los indígenas flecheros, quienes eran parte del llamado Ejército del Septentrión, enviados a reforzar al coronel Estrada.

Según el análisis táctico de Francisco Barbosa, teniente coronel del Ejército de Nicaragua, a Estrada le habían encomendado una columna de cien hombres con la misión de impedir el robo de ganado y el abastecimiento de alimentos de las tropas filibusteras de Managua, Tipitapa y Granada.

Se le había enfatizado que evitara los enfrentamientos con los invasores a no ser por medida extrema. Fue el 9 de agosto que llegaron a la Hacienda San Jacinto y el 1 de septiembre, tras capturar a un estadounidense, conocieron que tropas filibusteras se preparaban para atacar a las nacionales en esos llanos. Entonces, Estrada decidió enfrentarlos y solicitó refuerzos.

Eddy Kühl, en su libro “Indios Matagalpa, lenguas, cuentos y leyendas”, señala que los indios salieron a pie de Matagalpa el nueve de septiembre y llegaron a San Jacinto el 11. Bajo el mando del capitán granadino Francisco Sacasa, eran 60 flecheros indígenas de Yucul, Matagalpa --otros dirán que eran 66-- y formaron parte del grupo de 160 efectivos de las fuerzas patriotas que se enfrentaron a las tropas de Walker.

El informe del teniente Alejandro Eva, escrito en Rivas el 21 de agosto de 1889, sobre las tropas en la Hacienda San Jacinto, señala: “Esta pequeña fuerza estaba dividida en tres compañías ligeras comandadas por los capitanes --Liberato Cisne, Francisco Sacasa y Francisco de Dios Avilés”.

El corral de madera (esquina opuesta a la esquina sureste de la casa), la primera línea de batalla, era defendido por el capitán Sacasa. Según el teniente Eva, el comandante de los indígenas fue parte de las bajas que cayeron defendiendo la hacienda. En igual posición lo ubica el mayor general Carlos Alegría, en su relato y parte de guerra.

Sin embargo, en el parte oficial elaborado por José Dolores Estrada no se menciona ni a su capitán Francisco Sacasa y menos que sus subordinados eran flecheros indígenas, invisibilizándolos de un tajo.

A pesar de que ahora se conoce que estos lucharon bravamente con simples arcos y flejas, una teoría de la falta de mención es que el coronel Estrada no estaba de acuerdo con su participación, pero debió aceptarlos por la desventaja de sus fuerzas frente a los numerosos y bien apertrechados filibusteros.

El papel indígena en la Guerra Nacional

En la Guerra Nacional la contribución indígena fue igual de importante en diversos ámbitos y bien se les utilizó más de una vez. Los historiadores los ubican no solo combatiendo en la Hacienda San Jacinto sino también en Masaya, Granada y Rivas. Incluso, un mes antes de la Batalla de San Jacinto, se conoce que al menos 300 indígenas participaron, junto al general Cross, en un traslado de armas desde El Sauce y Somotillo hasta Matagalpa, pasando por los Esteros, Matagalpa.

En el parte de la Batalla de San Jacinto no se distingue quiénes eran flecheros y quiénes no, sin embargo, la evidencia tangente de su presencia en la hacienda fue la identificación arqueológica de tres osamentas cuyas facciones concuerdan con las de los indígenas matagalpinos, al igual que la antigüedad de estos esqueletos los ubica en el año de la famosa batalla.

Los restos actualmente están en urnas, dentro de un monumento muy sobrio, en la propia entrada de la Casa-Hacienda San Jacinto. Aunque es prácticamente imposible no ver el monumento, durante las visitas de los colegios se puede observar que muy pocos estudiantes se detienen a leer de qué se trata.

Con el reciente descubrimiento de las osamentas, en 2010 y a 154 años de su muerte, fue que se les rindió homenaje a los flecheros, declarándolos héroes, por su arrojo y valentía.

Una lástima que después de esto, libros de historia de primaria, entre estos Estudios Sociales de quinto grado, que muchos colegios utilizan bajo autorización del Ministerio de Educación, sigan sin actualizarse.

Igual ocurre con libros de Historia de Nicaragua y enciclopedias, que aún se abstienen de mencionar la importante participación de los indígenas de Matagalpa en su relato de la Batalla de San Jacinto.