•   Tipitapa, Managua, Nicaragua  |
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Eran las tres de la tarde del 26 de agosto del presente año, en el barrio “Orontes Centeno”, en el municipio de Tipitapa. Todo transcurría tranquilo, hasta que las detonaciones de armas de fuego rompieron la paz, y le recordaron al vecindario que tienen la desdicha de vivir en el barrio catalogado como una de las zonas más peligrosas de la localidad.

Si bien el enfrentamiento entre pandillas callejeras es común en ese barrio, la peligrosidad es alta, y todos prefieren correr a sus casas, meter a sus hijos y encerrarse.

Ese día la trifulca fue entre las pandillas autollamadas “Los Malditos” y “Los Chollines”, ese enfrentamiento cobró la vida de Carlos Salazar Torres, de 16 años, cuyo cuerpo recibió varios impactos de escopeta.

Hay quienes dicen que era integrante de una de las pandillas, y hasta este momento ese adolescente es la última víctima mortal registrada en el “Orontes Centeno”.

La madre del fallecido, quien prefirió no ser identificada por miedo a represalias, dijo que ya hay varios detenidos como presuntos coautores de la muerte de su hijo, pero ahora teme por su propia vida. En los juzgados, la mujer a quien únicamente conocen como Judith, alias la “Cabra Loca”, familiar de uno de los acusados, la amenazó con machetearla por haber denunciado a su pariente, a quien procesan por estar supuestamente implicado en el homicidio.

“Algunos medios que cubrieron la noticia de la muerte de mi hijo, dijeron que era miembro de las pandillas, pero eso es falso, lo que pasa es que a él le gustaba tomar, y cuando bebía se juntaba con todos los pandilleros. A la hora del pleito entre los revoltosos él salió perjudicado, él era un buen hijo y estudiaba el segundo año en el Colegio “Orontes Centeno”…, solo eso quería aclarar”, dijo con profunda tristeza la madre de Salazar.

Entre los más conflictivos del municipio

La inspectora y jefa de la Secretaría de la Policía Nacional del municipio de Tipitapa, Johana Jiménez López, dijo que el barrio “Orontes Centeno” es uno de los más conflictivos, y en él son frecuentes los delitos de robo con intimidación, robo con fuerza, posesión ilegal de estupefacientes, amenazas y chantajes, entre otros actos delictivos.

Jiménez manifestó que solo en el primer semestre de 2012, ahí se registró un total de 146 delitos en todas sus modalidades, lo que representa un promedio de 1.2 delitos diarios en los primeros seis meses del año. Considera que la alta tasa de criminalidad se debe a que en el barrio existen dos pandillas contrarias: “Los Malditos” y “Los Chollines”, que protagonizan la mayoría de los conflictos y generan los actos delictivos en la zona.

“Estas agrupaciones delictivas están integradas por 15 a 20 jóvenes en cada bando. Sus edades regularmente oscilan entre los 18 y los 20 años, y a menudo se enfrentan a balazos en los andenes del barrio, sin importarles quién esté a su alrededor o a quién pueden afectar”, señala la inspectora, quien agrega que, además, buscan atemorizar a la población para imponerse.

Según Jiménez, estas agrupaciones juveniles operan con armas hechizas, y también tienen en su poder armas de fuego como revólveres y escopetas, estas últimas adquiridas en ataques a guardas de seguridad a quienes han despojado de sus armas de reglamento.

Víctimas inocentes de la delincuencia armada

Para ser víctima de estos antisociales no hay límites. Así llegó la tragedia a la puerta de Juan Martínez y de Araceli Ortiz, padres del niño de 10 años Jeremy José Martínez Ortiz, quien murió como consecuencia de un balazo en la cabeza, dentro de su casa, cuando en uno de los cobardes pleitos sin sentido entre los pandilleros, entraron hasta el patio de su vivienda.

“Mi hijo estaba viendo televisión en la sala de la casa, cuando uno de los miembros de la pandilla ‘Los Malditos’ se metió al patiecito de enfrente. ‘Los Gárgolas’ dispararon contra la vivienda, y uno de los impactos entró por la sien izquierda y salió en la parte de atrás de la cabeza de mi pequeño”, dijo el padre del niño fallecido.

Según Martínez, a pesar de que la tragedia que enlutó a su familia ocurrió el 21 de julio del corriente año, la Policía aún no tiene detenidos. Incluso asegura que ha visto a los hechores llegar a dormir a sus casas, y luego irse por la mañana huyendo a cualquier otro lugar para no pagar por su delito.

“A la Policía le avisamos cuando sabemos que los asesinos están en su casa por la noche, pero solo saben decir que no quieren alertarlos y que los quieren agarrar a todos en punto específico, pero eso no es así. Nosotros queremos justicia y demandamos que se haga pronto”, dijo Ortiz.

Acciones de prevención

Por su parte, la inspectora Jiménez aseguró que “la Policía del municipio está haciendo todo lo posible para bajar el accionar delictivo que se produce en el barrio, por eso se patrulla día y noche el sector, además, los agentes policiales se han reunido con la comunidad, para que sean los mismos pobladores quienes mantengan informados a los oficiales. De igual forma, se está trabajando de la mano con los Gabinetes del Poder Ciudadano y con el Comité de Prevención Social del Delito, para garantizar una mayor y eficaz seguridad a la ciudadanía”.

Otra de las acciones consideradas es instalar una jefatura preventiva en el barrio, pero su instalación representa un alto costo, y por el momento no hay nadie que aporte los recursos. A pesar de ello, la idea aún no está descartada, pues el “Orontes Centeno” es uno de los barrios más grandes del municipio, por lo cual se necesita asistencia en el lugar.

Pobladores desprotegidos

Según María Gutiérrez, los pobladores del barrio se sienten desprotegidos, destacando que si existiera tal vigilancia no habría tantos muertos en lo que va del año.

“En el barrio, los pobladores a las 7 de la noche ya no pueden salir a la calle, porque llegada esa hora las pandillas se alborotan y comienzan a robar, a matar, a disparar a las casas y a hacer lo que se les antoja. Ya no se aguantan, y si se les dice algo luego toman represalias”, dijo Gutiérrez.

Brenda Cano, también pobladora de dicho barrio, comentó que está muy peligroso, y la Policía no está tomando medidas efectivas. Además, casi nunca patrullan, y cuando lo hacen, solo dan una ronda y se van. Cano también se quejó de que si logran aprehender a los delincuentes es por corto tiempo, pues luego los liberan.

Gloria Escobar, que también habita el barrio, manifestó que la gente del lugar o la que transita por ahí camina con el corazón en la mano, pues casi diario hay peleas, y no se sabe cuándo las pandillas cobrarán otra víctima inocente.

El pastor Danilo Madrigal López, guía espiritual de la iglesia Cristo Fuente de Vida, dijo que para bajar el índice criminal se hacen proyectos de trabajo autosostenible, por ejemplo, talleres de panadería y de ebanistería, entre otros. El propósito es dar a estos jóvenes inmersos en el mundo delictivo, una forma de ganar dinero honrado, y evitar que sigan cometiendo ilícitos. Por otra parte, se está buscado contacto con organismos nacionales e internacionales que puedan apoyar en su rehabilitación.

Para Madrigal, la Policía ha perdido un poco el control de la situación, pues han decaído las actividades juveniles, e igual los proyectos y seminarios que se realizaban en el templo. Los oficiales eran los que impartían las charlas, gracias a esto muchos enderezaron sus caminos y ahora son parte de distintas iglesias evangélicas del municipio”, dijo Madrigal, quien incluso alega que los feligreses ya ni quieren llegar al culto por temor a ser asaltados en el camino.