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En dos ocasiones se ha comprobado que Managua es una ciudad de cuidado y no apta para vivir. Los terremotos de 1931 y 1972 destruyeron por completo la ciudad, y lejos de ordenarse, creció desordenadamente, y según geólogos del Instituto de Geología y Geofísica, IGG-Cigeo, de la UNAN Managua, la mayoría de la población capitalina está asentada encima o cerca del sistema de fallas locales.

Suyén López, geóloga de dicho instituto, explicó que Managua geológicamente está divida en bloques tectónicos reconocidos por los perfiles de elevación que generan, y la ciudad está en medio de dos fallas extensas: la de Cofradía y la de Mateare.

“Es por eso que se dice que Managua está en un graven (bloque de tierra parcialmente hundido), y la parte central está sometida a grandes esfuerzos tectónicos por fallamiento”, resaltó.

El graven de Managua es una fosa tectónica de 15 kilómetros de ancho y 36 de longitud. El terreno donde está asentada la ciudad es el resultado de una separación de la cadena volcánica nicaragüense que se produjo por una potente subducción (deslizamiento del borde de una placa de la corteza terrestre por debajo del borde de otra) de la placa Coco debajo de la Caribe.

Managua en medio de dos segmentos, volcánicos

Managua se formó en medio de esos dos grandes segmentos volcánicos; uno que se extiende desde el volcán Mombacho al Cosigüina y que genera un movimiento hacia el norte, y el otro lineamiento, que se extiende del volcán Masaya al Madera, cuyo desplazamiento es al sur.

“A ese fenómeno se le conoce como ‘pull-apart’ (empuje y aparte), ambos lineamientos se extienden producto del choque de las placas tectónicas, y la parte central se rompe y provoca un movimiento lateral, ahí es donde se generan las zonas de fallas. Managua es una cuenca, una zona de hundimiento, producto de ese fenómeno”, agregó la geóloga.

La ciudad se vuelve aún más vulnerable a los movimientos telúricos, debido a que el tipo de suelos, según la geóloga, es frágil, y esto ayuda a que se expandan con facilidad las ondas sísmicas.

“En los suelos de Managua hay pomes (características de explosiones violentas), cenizas, arena, coladas de lava, suelo vegetal, que surgen de períodos de calma, toba y materiales de relleno que el hombre ha echado. Si el material está más suelto, entonces la construcción es más débil, si es más compacto, muy difícilmente se va a mover, pero la mayor parte de los terrenos en Managua son materiales sueltos”, indicó López.

Una capital con 28 fallas

Xochilt Zambrana, quien también es geóloga del mismo instituto, recordó que los sismos son originados por tres causas fundamentales: procesos tectónicos, convergencia de las placas Coco y Caribe, la actividad volcánica y el fallamiento local.

En el caso de Managua, hay 28 fallas plenamente identificadas. De ellas, según Zambrana, 18 son sumamente activas, es decir, que han presentado actividad sísmica en los últimos 10 mil años.

“En el terreno se puede ver si esa falla es activa o no por el material que va cortando. Si es de una edad mayor y no corta encima de este, entonces no ha representado un movimiento actual, pero si corta sedimentos, podemos decir que es activa”, resaltó la geóloga.

Una de las fallas de cuidado en la capital es Nejapa, ya que de acuerdo con las especialistas, en la parte central de la misma se ubica la mayor parte de la población capitalina, y, además, está segmentada por un lineamiento volcánico, entre ellos Apoyeque (donde se ha reportado el enjambre sísmico) y Xiloá.

Sin embargo, en la historia del país, las fallas Estadio y Tiscapa han sido las causantes de los desastres en la capital. La primera ocasionó el terremoto de marzo de 1931 de 5.6 grados en la escala abierta de Richter, y la segunda originó la destrucción de la ciudad en 1972, y fue de 6.2 grados. Fue hasta después de este movimiento que se instaló la red sísmica en la capital.

Además de estos dos eventos, se tiene reporte del terremoto de enero de 1968 en la Colonia Centroamérica, donde se activó la falla del mismo nombre.

Otras dos fallas que se tienen que monitorear con sumo detalle son: Aeropuerto y Cofradía, una se extiende por 15 kilómetros, y la otra unos 40 kilómetros; ambas llegan hasta el volcán Masaya.

“En Managua el peligro está latente por las fallas; es una zona de debilidad estructural de la corteza, y el fenómeno tectónico es el que ha realizado el empuje de la liberación de energía en las fallas locales o regionales”, explicó Zambrana.

 

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