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Platican en las afueras del Hospital “Bertha Calderón”, comen de la misma bolsa unas tajadas con queso; ella tiene 38 años y su hija 16, pero pronto ambas serán madres al mismo tiempo: tienen seis meses de embarazo.

Rosa Morales y su hija Inés (nombres ficticios) acaban de salir de la cita con el médico, quien les dijo que todo marcha bien con sus bebés. Alegría es la palabra que escogen para definir sus sentimientos. “Un hijo siempre es una bendición”, reconoce Rosa, ama de casa a tiempo completo y originaria de San Rafael del Sur.

Inés por su parte duda en contar su historia. “Es que lo que le pasó a ella es muy triste, justifica la madre. La adolescente es tímida. Viste una blusa rosada con motivos blancos. Las uñas de sus pies están pintadas en el mismo color. Posa sus manos sobre su redonda barriga y cabizbaja apretuja la bolsa de tajadas, mientras Rosa habla orgullosamente del pronto nacimiento de su hijo número seis.

Sorpresivamente Inés voltea a ver a su madre. Sus ojos negros se posan a la espera de aprobación para hablar. Rosa se encoge de hombros… Inés entonces decide contar por ella misma lo que le pasó, una historia más de una epidemia que asola a Nicaragua: el embarazo adolescente.

Más de 34 mil madres adolescentes en 2011

Al término de 2011 el Ministerio de Salud, Minsa, registró que 34,501 madres menores de 20 años dieron a luz. Nicaragua tiene uno de los más altos índices de embarazo en adolescentes entre los 12 y 19 años de edad. De cada 100 embarazos, 25 son en adolescentes, revelan los resultados obtenidos por la Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud, Endesa 1998-2006.

Inés forma parte de esas estadísticas. “Yo me junté con mi pareja cuando tenía 15 años, pero me separé de él porque ‘me las pegaba’ (le era infiel). En abril pasado regresamos y quedé embarazada. Hace un mes me volvió a dejar”, cuenta tímidamente la muchacha.

Rosa irrumpe de inmediato en el relato: “Nosotros no le vamos a dar la espalda. Como le dije, un hijo es una bendición y una mujer debe hacerse cargo de su chavalo. Mire, yo jovencita salí panzona de mi hijo mayor y ella (Inés), y despuesito mi primer marido me abandonó. Le hice frente a la situación viniéndome a Managua a trabajar donde unos primos y al final el Señor me bendijo. Mi marido actual trabaja en un molino de piedras y yo crío a los cinco chigüines que tengo. Ahora serán siete, pero no importa. Jamás nos han hecho falta el arrocito y los frijolitos”.

¿Un trabajo?, empleada doméstica

“¿Y ahora qué voy a hacer?, pues tenerlo. El niño no tiene culpa de lo que uno hace. Después voy a buscar trabajo como doméstica. ¿Qué me queda?”, interroga Inés que por primera vez alza la voz en la plática.

Para los expertos consultados, los embarazos en adolescentes afectan directamente la economía del país. “Las oportunidades se están escapando con el tema del embarazo adolescente. Una muchacha que no se preparó lo suficiente no va a poder entrar al mercado de trabajo ni va a tener mejores posibilidades y oportunidades para su desarrollo y el de su comunidad”, sostiene Silvio Gutiérrez, subdirector de Fe y Alegría Nicaragua, organización pionera en trabajar el tema.

Para Gutiérrez el problema es “serio y terrible”. Endesa 2006-2007 agrega que de cada 100 personas, 67 son menores de 30 años, lo que debería de permitirle al país más progreso y desarrollo, si se aprovechara la oportunidad que representa el Bono Demográfico.

La resignación de Inés de buscar trabajo como empleada doméstica, según la experiencia de Fe y Alegría solo contribuiría en alimentar el ciclo repetitivo de pobreza que golpea al país.

“Con el dinero que pueda recibir como empleada doméstica o dependiente de una tienda no le ajusta para los gastos. Entonces no estudia ni trabaja y termina siendo lo que se conoce como Ni-Ni. Esa muchacha al final termina en manos de una sociedad que no está suficientemente desarrollada para darle la solidaridad que necesita. Y sin apoyo comienza una vida poca digna, bastante tortuosa, incluso, puede caer en situaciones de riesgo o en situaciones ilícitas”, grafica Gutiérrez.

Educación, la clave

Inés no terminó su educación primaria, llegó hasta 5to. grado. “Me salí porque me aburrí”, afirma. La falta de educación formal es el común denominador que comparten las madres adolescentes en Nicaragua. Los datos de Endesa 2006-2007 establecen que de cada 100 de ellas, 65 no tienen educación formal.

Esto constituye la intranquilidad de organismos que velan por el tema, como Profamilia y la Coalición Mesoamericana para la Educación Integral en la Sexualidad, quienes consideran que la única manera de frenar la alta tasa de embarazos adolescentes es por medio de la educación integral en las aulas.

“Es clave que los jóvenes tengan un proyecto de vida y que luchen por ello. Que se formen y esperen el momento oportuno para iniciar las relaciones sexuales, o que si lo van a hacer, que tengan información científica a su disposición”, propone Profamilia.

Respondiendo a esos planteamientos, en 2008 los ministros de Educación y Salud de Latinoamérica y el Caribe suscribieron la Declaración Ministerial “Prevenir con Educación”, comprometiéndose a implementar la Educación Integral en Sexualidad en los currículums educativos, y mejorar el acceso a información y servicios de salud sexual para los jóvenes, para prevenir la otra pandemia que aqueja a los jóvenes: el VIH sida.

Cuatro años después del convenio, Urania Ruiz, responsable del programa Advocacy de Profamilia que persigue el mismo fin de la Declaración Ministerial, sostiene que el impacto de la implementación de la Educación Integral en la Sexualidad ha sido provechoso.

“En 2010 realizamos un estudio cualitativo del impacto de la educación sexual, y a pesar de que era muy prematuro hacerlo, los resultados fueron muy positivos. Los alumnos expresaron que cuando les hablan del tema no les da vergüenza acudir a una unidad de salud, hablar sobre el tema con sus padres, pueden dar una orientación más acertada a sus amigas, vecinos etc. Incluso ganan más confianza para explorar su propio cuerpo, pues lo miran como normal, cosa que no hacían antes. O sea, que ellos son más conscientes de vivir su sexualidad con responsabilidad”, dijo Ruiz.

Aunque los resultados son positivos, aún falta mucho camino por delante, en especial para los Ministerios de Educación, según la Coalición Mesoamericana, que hace una semana presentó en un hotel de Managua la evaluación de la implementación de la Declaración Ministerial hasta 2011.

Ministerios de educación con malas notas

Los resultados exponen que los Ministerios de Educación están rezagados en su misión, logrando un avance del 38%, contrario al 67% de avance de los Ministerios de Salud. En el caso específico de Nicaragua, el Ministerio de Educación, Mined, marca un avance del 38%, contrario al 61% que marca el Minsa.

El ejemplo vivo de esas cifras es Inés. Cuando ella estuvo en la relación de hecho con su compañero, dice que “evitaba” salir embarazada con la inyección que le ponían en el centro de salud de su localidad. Y ella se dio cuenta de que existían los anticonceptivos gracias al Sistema de Salud, y no por los años que estuvo en el colegio, y mucho menos de parte de su familia.

Maestros no dominan el tema

El atraso del Mined en su labor se debe a que no hay una voluntad política decidida para ejecutar lo acordado, aunque en 2009 incluyeron en su currículum educativo la asignatura de Educación Integral en la Sexualidad, apostilla Donaldo Muñoz, responsable de Mercadeo de Profamilia.

Uno de los pegones que enfrenta el Mined son los maestros. Urania Ruiz relata que su institución ha podido constatar que los profesores no están impartiendo la clase como se debería, o no lo hacen del todo.

“Los docentes tienen los lineamientos por parte del Mined, de brindar, de abordar la temática con sus alumnos, pero se están enfrentando a la barrera de que no tienen dominio de los temas para abordarlos. Esto es una limitante que los profesores han expresado. Incluso los mismos alumnos presionan a los profesores para que les hablen de estos temas. A veces los docentes se han aliado con los actores del Ministerio de Salud para que sean ellos quienes vayan a exponer los temas”, dijo Ruiz.

También el Mined enfrenta problemas de recursos. Según Ruiz son más de 50 mil docentes quienes conforman el sistema educativo, y el Mined apenas logró publicar 30 mil ejemplares de la Guía Básica para el Docente en Salud y Sexualidad. “Hay un déficit de guías impresas y en la capacitación de los docentes. Hace falta un poco de voluntad política”, remarca.

Confidencial solicitó una entrevista con la responsable del Mined en el tema de educación sexual, pero no recibimos ninguna respuesta.

Otra razón por la cual los maestros se muestran reacios a hablar sobre el tema es porque anteponen sus valores, argumenta Ruiz: “Prefieren doblar la página porque no tienen el valor para hablar del tema, les da vergüenza, o anteponen sus valores religiosos ante un tema científico que como ciudadanos los jóvenes tienen derecho a recibir”.

Las religiones, en especial la católica, tienen mucha influencia en Nicaragua. Muestra fehaciente de la influencia de la iglesia en el país fue la postura que adoptó el Obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, al prohibir en las farmacias del casco urbano la venta de anticonceptivos, especialmente la pastilla conocida popularmente como “la del día después”.

“Para acordarlo nos reunimos 11 de las 42 farmacias que hay en el centro de la ciudad. Yo confío que lo van a cumplir porque es gente católica. Mi ilusión sería que pudiéramos hacer un acto de testimonio público, donde estos dueños de farmacias pudieran hacer una firmita por un beneficio moral a la sociedad, no es que a nadie se le vaya a obligar”, declaró el obispo a periodistas del programa radial Onda Local.

Abuso sexual: embarazos en niñas

Las cifras oficiales del Ministerio de Salud, Minsa, siguen siendo alarmantes. Al finalizar 2011, se reportaron 1,453 nacimientos producto de abusos sexuales a niñas de entre 10 y 14 años, cifra que se suma a los 34,501 embarazos en menores de 20 años.

Tanto Profamilia como Fe y Alegría concuerdan en que embarazos a esa edad no pueden ser producto más que de otra cosa llamada abuso sexual. “Sabemos que embarazos de 10 a 14 años ocurren por abuso sexual. Una niña a esa edad no puede decidir si quiere salir embarazada”, expone Urania Ruiz, de Profamilia.

Fe y Alegría segura que a un embarazo producto de un abuso ni siquiera se le puede llamar embarazo: “Con una niña que salió embarazada desde los nueve años no podemos hablar de que no fue abusada. Y que producto de ese abuso y esa violación resultó el embarazo. ¡Pero es que ni siquiera se puede hablar de embarazo!, este tiene que resultar de una relación natural, no de un abuso”.

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