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Un grupo de madres de migrantes nicaragüenses y de otros países centroamericanos desaparecidos en la ruta hacia Estados Unidos, partieron hoy en la llamada Caravana de Familiares con Migrantes Desaparecidos, para recorrer la peligrosa travesía por el istmo y México, con la esperanza de encontrar alguna pista de sus vástagos.
El Nuevo Diario acompaña a estas madres en su viaje por 23 localidades de 14 estados de la república mexicana, con el propósito de recoger los pormenores de esta odisea humanitaria, que anhela encontrar a personas desaparecidas en busca del “sueño americano”.

Ver infografía: Madres en busca de sus hijos desaparecidos en México

Hoy es el día uno. Inició el viaje desde las cinco de la mañana y partimos de Chinandega con rumbo a la frontera norte, donde transbordaremos a un bus de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y la ambiciosa meta es llegar a Ciudad Guatemala este mismo día.

Se espera que ahí se comiencen a reunir las 57 madres centroamericanas que por años han estado en espera de saber qué pasó con sus familiares cuando llegaron a México sin documentación, con la esperanza de cruzar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades de vida.

Las historias son muchas sobre los migrantes indocumentados y los peligros que corren, principalmente, por la incursión de las bandas del crimen organizado, entre las que sobresalen “Los Zetas”.

Una travesía peligrosa

Según los especialistas en el tema, una de las grandes preocupaciones para las familias de los migrantes es que mientras más al norte vayan sus familiares o más cerca de la frontera con Estados Unidos estén, principalmente si viajan sin documentos, la situación se vuelve más peligrosa.

Los migrantes fácilmente pueden ser víctimas de los grupos del crimen organizado que se lucran de los secuestros, de la extorsión y de la explotación laboral y sexual de los viajeros centroamericanos.

En el mejor de los casos, los migrantes son detenidos y encarcelados por las autoridades fronterizas, aunque incluso en el informe de Amnistía Internacional 2010, “Víctimas invisibles: migrantes en movimiento en México”, se registraron denuncias de que había autoridades coludidas con los grupos extorsionistas.

Según datos del Movimiento Migrante Centroamericano, representantes de este organismo han logrado reunir los nombres de unos 800 centroamericanos cuya desaparición en México ha sido denunciada en los últimos años.

Apenas una tercera parte de esas denuncias han sido formalmente aceptadas por las autoridades mexicanas.

De acuerdo con el estimado de la estatal Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, unos 400,000 migrantes centroamericanos ingresan cada año ese país, en su mayoría en tránsito, intentando llegar a Estados Unidos; cerca de 20,000 son secuestrados anualmente, y se destaca que 70,000 migrantes han desaparecido desde 2006.

En México, a nivel federal, está la línea especializada en atención a delitos de extorsión telefónica, y según un diario mexicano, solo en la localidad mexicana de Choluteca, al día 12 familias de migrantes reciben llamadas de extorsión. En esas llamadas detallan que sus familiares fueron tomados de camino a la frontera y está en manos de las bandas delincuenciales, por lo que deben pagar para volver a verlos vivos. Choluteca es conocida por la gran cantidad de migrantes en ruta a Estados Unidos.

Bendecidos para la jornada

La jornada fue bendecida ayer en la iglesia de Guadalupe, en Chinandega. Son 15 madres y cuatro participantes más de la Caravana de Migrantes Desaparecidos, que se hace realidad gracias a la iniciativa del Movimiento Migrante Mesoamericano, apoyados por el Servicio Jesuita para Migrantes, SJM, y la Cooperación Danesa para el Desarrollo. El Nuevo Diario los está acompañando para reportar a los nicaragüenses los pormenores del viaje.

En Chinandega, anualmente, una veintena de personas se suma a los que desean saber qué ocurrió con sus hijos, parejas, padres o madres, recurriendo al Servicio Jesuita para Migrantes, SJM, la organización sin fines de lucro que, además de ayudar a los nicas en el exterior, también facilita a familiares ser parte de la Caravana de Migrantes no localizados o considerados “desaparecidos”.

Hasta el primer semestre de este año se contabilizaban 80 casos de nicaragüenses que buscan a sus familiares luego de haberse ido del país.

No pierden las esperanzas

María Eugenia Rocha Barrera vio por última vez a su hija Clementina Lagos Barrera, entrando a su cuarto, después que le demandó no salir, tras escucharla que recibió una llamada y oír una conversación extraña. Asume que su hija salió a escondidas y fue engañada por tratantes de personas.

“Eso fue hace nueve años. Me dijeron que estaba en El Salvador, después que la llevaron a Guatemala, donde me dicen que la vendieron, y lo último que supe fue que la trasladaron a México. Estuve ahí, en la dirección que me dieron. Pregunté al tipo de la casa, pero este se puso agresivo y debimos irnos sin saber si en realidad estaba mi hija ahí”, expresa la madre, quien cree que su hija aún es víctima de la trata de personas.

Rocha no pierde las esperanzas, y este año por segunda ocasión espera formar parte de la Caravana, al igual que doña Petrona del Socorro García, quien busca a su hijo, Jesús de la Concepción García, quien por última vez estuvo en Nicaragua en 1993, cuando se despidió de su progenitora antes de partir a Estados Unidos, en busca del llamado “sueño americano”.

“Llegó a despedirse de mí. Me dijo que quería buscar trabajo para mejorar las cosas, pues en este país no miraba oportunidades para salir adelante”, expresó doña Petrona, señalando que cuando se fue él dejó a dos hijos, entonces la más chiquita tenía cuatro años; ahora tiene 22.

Lo último que doña Petrona supo hace varios años es que su hijo quería hacer vida aparte, incluso se cambió el nombre y conoció que vivía en Chiapas. Después perdió toda comunicación. A ciencia cierta, desconoce lo que sucedió y si su retoño estará todavía vivo.

Doña Guadalupe Rivas también tiene la intriga de conocer qué pasó con su hijo, Blas Álvaro Rivas, a quien tiene 10 años de no ver.

Relató que su muchacho vivió en El Salvador por un tiempo, ahí formó pareja, pero cuando se separó, buscó ir rumbo al norte. La última información que obtuvo fue que había llegado a México.

Paola Bolognesi, de origen italiano y coordinadora del SJM, en Chinandega, comentó que en el tema de los migrantes hay muchas cosas por hacer, y la búsqueda de viajeros desaparecidos o no localizados es una de ellas.

Desatacó que la situación de desaparición puede deberse a varios factores: ya sea que le ocurrió algo a esa persona y no puede comunicarse, puede ser un accidente, que esté preso, que fue víctima de secuestradores, o, simplemente, que la persona no quiere ser encontrada porque hizo nueva vida en otro país. “Este año irán 15 madres que buscan a sus hijos. Nos dirigimos a Guatemala y luego a México”, expresó Bolognesi, y recordó que esta es la segunda vez que en Nicaragua se organiza la participación de nacionales en la Caravana.

La Caravana de Madres tiene varios años de implementarse en Centroamérica, y la idea nació con el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos, Cofamide, de El Salvador, y la iniciativa de varias organizaciones no gubernamentales, como el Movimiento de Migrantes Mesoamericanos, que buscan ayudar a las personas a localizar a sus familiares en el exterior.

Petrona, María Eugenia y Guadalupe, al igual que sus hijos e hijas que partieron de Nicaragua en pos de un sueño, viajarán al extranjero siguiendo la misma ruta, con la esperanza de encontrar a sus vástagos y poder abrazarlos una vez más, o al menos saber dónde depositar un ramo de flores para decirles que nunca se olvidaron de ellos.

Una luz al final del túnel se enciende cada año para las madres de migrantes desaparecidos, pero solo algunas logran acceder a ella con la Caravana de búsqueda, y aunque la jornada no signifique obtener una respuesta que apague la angustia de saber qué ocurrió con sus hijos en el extranjero, al menos sienten estar un paso más cerca.