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Ana Margarita Ortiz Gurdián de Horvilleur está al frente del programa para mujeres con cáncer de mama de la Fundación Ortiz-Gurdián, FOG, un proyecto que nació entre lágrimas, cuando su madre fue diagnosticada con esa enfermedad, y que hoy provee no solo de un tratamiento integral a pacientes de escasos recursos económicos, sino también les brinda apoyo psicológico y emocional.

En esta entrevista, en su calidad de Directora Ejecutiva de la FOG, recuerda los inicios del programa, cómo funciona y, sobre todo, las aspiraciones que tienen como organización sin ánimo de lucro.

 

¿Por qué la Fundación Ortiz-Gurdián entra en el campo de la salud y específicamente para ofrecer tratamientos a pacientes con cáncer de mama?

Mi mamá tuvo cáncer de mama dos veces. La primera vez solo se hizo una lipectomía y seis sesiones de quimioterapia y radiaciones. Al inicio la impactó muchísimo y estuvo pensando cómo hace la gente de escasos recursos en Nicaragua. Estuvimos investigando en septiembre de 1999, pero no llegamos a desarrollar un programa de cáncer en ese momento.

Ya existía la FOG, pero con programas de cultura. Yo tenía apenas 19 años cuando ella padeció de cáncer la primera vez, pero no vivía en Nicaragua. Gracias a Dios salió bien, tomó su hormonoterapia, pero lastimosamente a los dos años padeció nuevamente de cáncer de mama, y se hizo su mastectomía bilateral. Ya estaba viviendo aquí, y fue el momento oportuno para desarrollar un programa de cáncer de mama.

El programa es una manera de usar sus experiencias y voltearlas en algo positivo. Cuando uno está en la espera del resultado de los exámenes, de un ciclo de quimioterapia a otro ciclo, la cirugía, etc., hay mucho tiempo de espera, y la mente es bien poderosa para bien o para mal. Pensar en alguien más, le ayudó a ser más fuerte. Aunque tenía a su familia, sus cinco hijos, nietos, y esposo. Ella siempre dice que después de esta experiencia le gustaron más las navidades, los momentos de celebración, como que agradeció mucho más lo que tenía.

Personalmente, a mí me mantuvo los pies sobre la tierra. Cuando somos más jóvenes nos preocupamos por tonterías, y cuando estamos más maduros analizamos que esos problemas no son importantes y que hay dificultades mayores.

¿Fue el primer caso de cáncer en la familia?

Mi abuelita materna tuvo cáncer de mama a los 60 años, y mi mamá a los 49, hace 13 años. Mi abuelita vive, también es una mujer con mucha fe, esperanza y luz. Creo que mi hermana Carla y yo siempre tenemos un poco de miedo de que nos toque el cáncer, sin embargo, trabajando en este programa, siempre estamos al tanto y nos cuidamos más, porque sabemos que posiblemente tenemos el riesgo de padecerlo.

Al inicio fue algo muy pequeño, queríamos hacer una campaña educativa sobre qué es el cáncer de mama, los diagnósticos, pero no queríamos asustar a la población y luego no tener recursos para auxiliarla.

En ese momento no teníamos un centro de atención médica, entonces estuvimos trabajando con el Hospital “Bertha Calderón”, pero no tenían los suficientes recursos, como personal médico y equipos. Tuvimos que poner cosas nosotros, y encontramos donaciones, pero aunque regalábamos o donábamos, el lugar no era suficiente y estábamos causándole un problema al hospital.

Con el tiempo y con el apoyo de Banpro, Aceitera El Real, Comasa, Matadero San Martin, El Gallo más Gallo y otras empresas, además de organismos internacionales, logramos obtener más donaciones. Trabajamos con el MD Anderson y Austin Samaritans, logrando conseguir, tanto el terreno en la zona de Montoya, que donó Banpro, donde está construida actualmente la moderna y funcional Clínica, completamente equipada. Todo, gracias a Dios... fue donado, porque es muy costoso.

 

¿Tienen una cuota anual de atención a los pacientes?

Sí, en quimioterapia el tratamiento es para 100 mujeres nuevas, y en hormonoterapia es según la necesidad. Desde el día que las diagnostican hasta que le dicen que ya está en remisión son aproximadamente cinco años.

Después de la cirugía, la quimioterapia, viene la hormonoterapia, que es una pastilla que se toma de dos a cinco años para que reduzca el porcentaje de recaer. Son 100 mujeres nuevas cada año, más las de los años anteriores, por eso no acepto más de 100, sería una irresponsabilidad mía y como Fundación abandonar a una mujer durante el tratamiento.

 

¿Cómo hacen cuando acuden a la clínica más de 100 pacientes, todas con la misma situación económica?

Tenemos políticas claras, nuestras pacientes tienen que ser: mujer nicaragüense, no asegurada, y con ingresos menores de C$3,500.00 mensuales. Nosotros no tenemos recursos atenuantes, por lo que cuando una señora tiene cáncer de mama avanzado, y requiere, por ejemplo, morfina, tenemos que referirla al hospital público. Igualmente, cuando nuestro censo sobrepasa nuestro límite, si no encontramos a alguien que la pueda amadrinar, también la referimos.

 

¿Cómo funciona el sistema de amadrinamiento?

Conseguimos amadrinamiento tanto aquí en Nicaragua como en el exterior. Tenemos una fundación hermana en Estados Unidos, y algunas madrinas allí, que cada año nos donan recursos económicos para esa ahijada en particular, y nos va bien, pero siempre necesitamos más.

Cuando sale un anuncio en la radio, en la TV, o un artículo de prensa, llega más gente a la clínica y se desborda. Esto es bueno y malo, porque está llegando el mensaje, pero a veces tengo que decir “no te puedo atender”.

Además de las 100 mujeres, hacemos diagnósticos. Son 6,000 al año los que podemos hacer, son mamografías y ultrasonidos, y, a la par, se les enseña a hacerse el autoexamen, que es fácil de aprender. Tenemos donantes muy especiales, que ni siquiera desean que sus nombres sean públicos. Lo hacen de corazón. Ahorita tenemos como 15 madrinas y padrinos del exterior, y en Nicaragua tenemos cinco o seis.

 

¿Cuál es su sueño, la meta de la Fundación?

Mi sueño máximo, como la lista al Niño Dios, es que cada mujer que entre en la clínica se pueda atender para no tenerlas que referir al hospital público; que baje el nivel de incidencia del cáncer de mama; que las señoras que se atienden no sean por tratamiento, sino para enseñarles a hacer el autoexamen; y que a las que atendemos se les encuentre el cáncer de mama tempranamente; que uno de mis hijos descubra la cura el cáncer de mama.

Esos son mis sueños, por eso tenemos diferentes eventos. Este 27 de octubre tenemos la carrera/caminata 5 K, que sirve para dos cosas: recaudar fondos y sensibilizar a la gente sobre el cáncer de mama.

Es bien importante, porque a veces uno se siente inmune. Yo porque estoy muy empapada y porque mi mamá desde hace 15 años me enseñó a hacerme el autoexamen; y además es un tema muy familiar.

Hay muchas amistades que no lo hacen por temor y porque piensan que no les va a pasar. Cuando están de cumpleaños las llamo y les pregunto: ¿ya te hiciste tu mamografía, tu Papanicolaou? Creo que vuelvo loca a la gente, pero en una de esas ¡puedo salvarles la vida! En nuestro país falta la costumbre de hacerse estos significativos exámenes por prevención. Queremos inculcar este hábito. En la FOG lo estamos haciendo según nuestros recursos. Confiamos en Dios, que impere el sentido común.

 

¿Cómo se puede donar recursos a la FOG?

Hay diferentes formas y maneras. En octubre, la empresa Payless nos apoya con la compra de pulseras, nos donan US$1. La carrera/caminata que cuesta C$200, va para la FOG, que será el 27 de octubre, saliendo de Galerías Santo Domingo. Es un evento familiar, porque el cáncer de mama afecta a toda la familia.

Aquí pueden apoyar a los que lo enfrentaron y a los que aún lo están combatiendo. Nestlé está donando con la compra de una caja de cereal Fitness en los mercados; Unión, Palí y Maxipalí, C$4.50. También se puede redondear la compra con tarjetas Banpro o hacer donaciones directas en nuestras cuentas de FOG en cualquier sucursal de Banpro a nivel nacional. Estamos abiertos a que nos donen cualquier cantidad. Nada es muy poquito.

 

¿Qué otro tipo de ayuda les dan a las pacientes?

Apoyo emocional, que es el 50% del tratamiento, y tenemos el voluntariado, donde participan la mayoría de las sobrevivientes. Ellas van a sus comunidades, están capacitadas para conversar con las mujeres sobre el cáncer de mama, les cuentan que sobrevivieron y las traen a la clínica. Sienten que su vida tiene otra misión. Son impresionantes, hacen manualidades, ventas, y recaudan fondos para ayudar a las que no tienen para el pasaje. Si una señora vino de muy lejos, le buscan comida. Lo más lindo de este grupo es que se sienten respaldadas. Hay muchas pacientes que están abandonadas por sus familiares, apenas el marido escucha que tiene cáncer de mama las deja, y en la clínica encuentran su segundo hogar y se sienten como en familia.