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Octavo día. La Caravana de Madres con Familiares Desaparecidos se trasladó hasta la localidad de Córdoba, para visitar a Las Patronas, un grupo de mujeres comprometidas con el apoyo a los viajeros indocumentados que van sobre el lomo de La Bestia --el tren que los acercará a la frontera con Estados Unidos--, a quienes lanzan agua y comida.

Llamadas así por el nombre de la localidad en que viven, el centro de Las Patronas está a cuadra y media de las vías del tren, el monstruo metálico que todos llaman “La Bestia”.

Uno de los que intentará subirse al tren es Jonathan Joel Paz Ramírez. “Acabo de cumplir los 18 años. Me vine por los problemas económicos, soy originario de Honduras y la vida está difícil, todo está muy caro. Antes vivía en el departamento de Copán, en la aldea San José”, cuenta.

De oficio albañil, esta es la cuarta vez que Jonathan intentará cruzar la frontera de Estados Unidos. “Mi familia me dijo que me cuidara, que me portara bien. Le dije a mi mamá que este era un camino de vida y muerte. Por cualquier cosa que pasara, si no me volvía a ver, que recordara que yo la llevaba en la sangre, igual que ella a mí”.

Narra que solo ha estado cerca de la frontera con Estados Unidos, pero por falta de fondos se regresó a Salamanca, en Guanajuato, donde trabajó en una construcción, pero la Policía Municipal lo detuvo. Ese fue su segundo intento. El primer intento fue en julio de 2010, a los 16 años, cuando tuvo un accidente. El tren se descarriló y fallecieron seis migrantes.

Él sobrevivió al descarrilamiento de una locomotora que impactó contra los escombros de un deslave provocado por las lluvias. Jonathan fue uno de los 13 lesionados, tuvo una fractura en el cráneo. Por su estado de gravedad fue trasladado al Hospital San Felipe, de Guanajuato, donde fue internado y al sanar fue puesto en manos de Migración, para ser deportado.

En su tercer intento la Policía lo agarró cruzando la frontera de El Ceibo, frontera Guatemala-México. “Esta es la cuarta vez que trataré. ¿Por qué mi insistencia habiendo tanto peligro? A veces uno tiene que tomar una decisión, arriesgarse y luchar por lo que uno se propone. Ahora ya tengo experiencia y conozco dónde es más riesgoso”, afirma Jonathan.

No todos sueñan con Estados Unidos

Naom Alberto Guzmán es otro que persigue el sueño de hacer vida en otro país. Por segunda vez está en México, antes fue detenido en la estación del tren.

Lo acompaña su hermano Ángel Guzmán, ambos del departamento hondureño de Morazán. A diferencia de la mayoría de migrantes, ellos quieren quedarse a trabajar en México, y su objetivo es llegar al Distrito Federal, DF, la capital azteca.

El salvadoreño Nelson Mauricio López, originario del departamento La Libertad, tiene mes y medio de deambular por México. Antes trabajaba en restaurantes. Luego de hacer tres intentos de cruzar a Estados Unidos decidió desistir por lo difícil del trayecto y el sufrimiento, por eso piensa hacer vida en la capital mexicana.

“Quiero legalizarme. Ya no quiero volver a subirme al tren”, comenta López, de 32 años.

Los migrantes señalan que en determinado tramo, el tren reduce su marcha y es cuando aprovechan para montarse y viajan en el techo casi por tres semanas hasta llegar a la frontera con Estados Unidos.

Testimonios que afligen a madres

En los techos de los vagones de La Bestia se calcula que pueden viajar hasta 1,500 personas. Muchos han sido víctimas de accidentes y caen entre las ruedas del ferrocarril, otros son víctimas de la delincuencia y son bajados para extorsionar a sus familias. Si es una mujer simpática, puede ser violada por varios durante el trayecto, afirman.

Las historias afligen a las madres de la Caravana de Madres con Familiares Desaparecidos, que ahora se dirigen Tampico, Tamaulipas, donde tras ocho horas y media de viaje serán recibidas por un grupo de actores locales que les harán una presentación como distracción momentánea de su arduo viaje.

Pero no todas las historias son tan negativas. Ahora las madres saben que sus hijos –si lograron abordar el tren– encontraron en el camino a ese grupo de almas solidarias llamadas Las Patronas.

En un punto de la vía, el bullicio del tren que se aproxima pone en alerta al grupo de mujeres tan sencillas como caritativas, que ya tienen empacadas en bolsas plásticas el agua y la comida que alivian un poco el tortuoso viaje de los migrantes.